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El Lobo Solitario y su Cachorro

8 enero, 2010

Reseñar un clásico entraña no pocas dificultades, pues a menudo el mito trasciende a la obra y resulta complicado poner en perspectiva el trabajo de unos autores que legaron al manga uno de sus máximos referentes. Me refiero a El Lobo Solitario y su Cachorro (Kozure Ôkami en el original japonés), el manga creado por Kazuo Koike e  ilustrado por  Goseki Kojima, publicado originalmente entre 1970 y 1976.

Pocas veces una obra consigue un impacto tan profundo en la cultura de un país, convirtiéndose en un referente cuya popularidad no ha decaído en generaciones posteriores. Pero más allá de su calado social, debemos comprender que Kozure Ôkami representó un  hito en la historia del manga, no sólo por su impacto en obras posteriores, sino porque, por primera vez, un cómic japonés traspasaba las fronteras de su mercado natural y extendía su influencia hasta Occidente. Inexistentes los canales de distribución de que gozamos hoy día (con una Internet que permite que cualquier fenómeno local  se convierta en global en pocos días), el trabajo de Koike y Kojima trascendió lentamente y años después de su publicación, con la peculiaridad de que fueron autores occidentales los que, en primer lugar, quedaron fascinados por el talento que encerraba este relato costumbrista. En este sentido, hay que destacar el compromiso de Frank Miller con la obra, que durante años intentó sin éxito su publicación en USA, hasta que logró convencer a la pequeña editorial First Comics para que apostara por su publicación en 1987, con portadas del propio Miller, Bill Sienkiewics o Matt Wagner. Lone Wolf and Cub, como se la tituló en el mercado norteamericano, se convirtió en uno de los principales éxitos de First Comics, pero no evitó que la editorial quebrara, siendo Dark Horse la que posteriormente completara su publicación. No obstante, la semilla ya estaba plantada y Kozure Ôkami germinó en la mente de varios autores norteamericanos inspirando novelas gráficas como Camino a la Perdición, de Max Allan Collins, Usagi Yojimbo, de Stan Sakai, o Ronin, del propio Frank Miller, además de dar lugar a varios proyectos de Hollywood que no llegaron a fructificar (actualmente hay un adaptación en preparación, que contaría con el director Justin Lin y cuyo estreno se prevé para 2014). Todo ello venía a sumarse, por supuesto, a la ingente producción de películas, series, videojuegos y homenajes que el mercado japonés hizo de la historia, siendo lo último una continuación del manga firmada por el propio Kazuo Koike con ilustraciones de Hideki Mori, que actualmente se publica en formato digital y que aún no ha visto la luz en Occidente.

Una de las portadas de Frank Miller para la edición USA

¿Pero qué nos cuenta El Lobo Solitario y su Cachorro? ¿Qué encierra este manga convertido en fenómeno social en Japón y en obra de culto en Occidente? En esencia Kozure Ôkami es un “chambara“, un género literario y cinematográfico muy popular en Japón, similar al western en sus códigos, que aborda la figura del samurái de una manera épica e idealizada. No obstante, la obra de Koike y Kojima ofrecía una visión mucho más oscura y brutal del período histórico en el que se desarrollan este tipo de relatos (generalmente, durante el shogunato Tokugawa en el siglo XVII), mezclando una narración áspera de la violencia que embargaba la vida de la casta samurái con un excelente retrato costumbrista del Japón feudal. Los guiones de Koike y las majestuosas ilustraciones de Kojima (cuyo trabajo para esta colección ha llegado a compararse con las láminas de los grandes maestros del ukiyo-e por su evocador retrato de la época) lograban armonizar los aspectos más decadentes de dicha sociedad con otros de gran lirismo, ofreciendo al lector una imagen compleja, exagerada pero fidedigna, de lo que era el Japón del periodo Edo.

Y es en este contexto en el que se nos narra la historia de Ittô Ogami, albacea oficial del shogún encargado de asistir en el seppuku a la alta nobleza del bakufu. El seppuku, más conocido por estos lares como hara-kiri, es un suicidio ritual ejecutado por los samuráis y señores de la nobleza para restituir a su clan el honor perdido por su actos. Así, no era inusual que el shogún ordenara el suicidio mediante seppuku de aquellos señores feudales que cometían una afrenta contra él, teniendo derecho a ser asistidos durante el ritual por el kogi kaishakunin o albacea oficial que, en la práctica, se encargaba de cercenar la cabeza al suicida una vez éste se había apuñalado el estómago, ahorrándole así el tremendo sufrimiento y el lamentable espectáculo de una lenta agonía.

El kaishakunin al servicio del shogún, lejos de ser considerado un mero verdugo, era un título de gran prestigio y poder en Japón, pues los nobles sólo podían ser asistidos en el suicidio por personas de su mismo rango social. A tal objeto, este hombre ostentaba en su kimono el propio emblema del clan Tokugawa, convirtiéndose así en la persona que encarnaba la hegemonía del shogún sobre los grandes señores feudales del país. Un recuerdo permanente de que los Tokugawa podían dictaminar muerte sobre la vida de cualquiera, y debían ser obedecidos.

El drama de Ittô Ogami comienza cuando el poderoso clan Yagyu, que durante años ha ambicionado para sí el título de kogi kaishakunin, masacra a la familia de Ogami y hace ver que Ittô conspiraba contra el líder de la nación. Despojado de su rango y perseguido como traidor, el protagonista se ve condenado a convertirse  en ronin (samurái sin señor) y, junto con el único superviviente de su familia, su hijo menor Daigoro, se consagra al meifumado: el “camino al infierno” que conduce a la venganza o a la muerte.

En esencia, El lobo solitario y su cachorro es una larga historia de venganza, brutal y despiadada, que se extiende a lo largo 8.700 páginas en las que guionista y dibujante nos desgranan los entresijos del Japón feudal, las peculiaridades de la compleja casta samurái y el código según el cual vivían y morían: el Bushido.  La relación entre padre e hijo, la descripción de un momento histórico único, la ascética concepción de la vida que poseían los samuráis… Todo ello se entrelaza para dotar al relato de un enorme poder de fascinación, haciéndonos asistir a su desarrollo conmovidos y horrorizados a partes iguales.

Es cierto que la obra no está libre de la afectación y la tendencia al melodrama que acusan la mayoría de los mangas; que Ogami se nos muestra como un guerrero perfecto e imbatible; que se reiteran ciertos tópicos del chambara, como que el samurái recto y apegado al Bushido es siempre superior con la espada a los que se separan del camino recto. Todos ellos son “defectos” que sólo se entienden como tales si olvidamos que son rasgos definitorios del género al que pertenece. Por lo demás, El lobo solitario y su cachorro nos narra una historia de una fuerza arrolladora que reescribió las bases de un género y trascendió más allá de sus fronteras en una época en la que, no lo olvidemos, el manga era un absoluto desconocido en Occidente. 10

 

 

‘El Lobo solitario y su Cachorro’
Kazuo Koike y Goseki Kojima
Planeta de Agostini Cómics. Colección Pachinco.

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