El tráiler de Guardianes de la Galaxia arrasa en YouTube

Publicado 25 febrero, 2014 por David B. Gil
Categorías: Cine y series, Marvel

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El tráiler oficial de Guardianes de la Galaxia, la superproducción de Marvel para el próximo verano, ha superado los ¡12,5 millones de visitas en menos de una semana! Parece que la fórmula de no tomarse demasiado en serio y mezclar superhéroes con humor sigue dando resultado. Y eso que estamos hablando de uno de los grupos menos conocidos de la editorial neoyorquina.

Battling Boy, semidiós en camiseta

Publicado 18 febrero, 2014 por David B. Gil
Categorías: Cómic USA, Independiente, Reseñas

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¿Qué nos sale si metemos en una batidora un panteón de dioses de reminiscencias nórdicas/metaleras, una nación azotada por oleadas de monstruos salidos de la nada cuales kaijus, un héroe pulp a medio camino entre Rocketeer y Batman, y al hijo de un dios enviado a otro mundo para combatir el mal, todo ello sazonado con un ritmo narrativo más propio del manga que del cómic USA? Pues nos sale Battling Boy, la nueva y muy personal obra del polifacético Paul Pope, que lo mismo te escribe 100% que te diseña una línea de ropa.

Por si aún no os imagináis de qué va Battling Boy, os diré que se desarrolla en una ciudad-nación llamada Arcópolis, asediada por sucesivas oleadas de monstruos que obligan a vivir a su población en un estado de terror y casi permanente toque de queda. La única arma eficaz para combatir este ejército carente de objetivo o cabeza visible es el guerrero local Haggard West, una suerte de trasunto de varios héroes de la literatura pulp que ha conseguido, merced a sus habilidades y peculiar arsenal, establecer una línea de defensa para la ciudad. Lamentablemente, West cae fulminado en la primera escena de esta historia, con lo que los habitantes de Arcópolis parecen abocados a su extinción. Hasta que hace acto de presencia un nuevo tipo de héroe, uno muy distinto al que hasta ahora dirigían sus plegarias: un muchacho de 13 años de aire desenvuelto y look muy a lo factoría Disney.

Lo cierto es que ya habíamos saboreado los distintos ingredientes de Battling Boy, pero nunca los habíamos probado todos juntos. El héroe local caído y su joven sidekick que intenta tomar su lugar, el país bajo asedio, un superhéroe descendido de los cielos, unos malvados que ocultan intenciones más complejas que el simple caos aparente… Parecen retazos de distintas historias, pero están remendados con un hilo que habitualmente hace que todo case: el humor, el no tomarse nada en serio. Y es que Battling Boy también tiene algo de serie de Cartoon Network.

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Hacía tiempo que no leía un cómic que apostara tan a fondo por el factor lúdico. No hay dobles ni triples intenciones, ni más capas de lecturas que las evidentes (y el que las encuentre que lo deje ya, porque está sobreinterpretando). A grandes rasgos, Battling Boy es un helado al que su autor le ha echado todo lo que le gusta: chocolate, sirope de fresa, especias y virutas de colores. Quizás la mezcla no sea de tu gusto, quizás no sea el alimento más equilibrado, pero vive Dios que tiene personalidad y pega duro. Y al mismo tiempo, si eres capaz de paladear todo lo que hay bajo la costra de caramelo, encuentras una fórmula depurada y de textura agradable, como la de un buen artesano italiano.

Todo ello convierte a Battling Boy en un rara avis dentro del mercado del cómic norteamericano. Incluso cuando las editoriales dejan a sus autores libertad creativa, estos tienden a ceñirse a una serie de patrones habituales en la industria, bien sea porque la supuesta libertad no es tanta, bien porque hay que ofrecerle al público algo similar a lo que está acostumbrado. Es fácil, hojeando un cómic, ver a qué tipo de lector está orientado. No pasa eso con esta obra; tras leer este primer volumen que abarca la mitad del primer arco argumental, aún no sé si está dirigido a treintañeros que crecieron con los cómics de superhéroes, a chavales que quieren la acción directa y colorida de Hora de Aventuras, al indie que disfruta de la fórmula Scott Pilgrim o al cincuentón que aún recuerda con nostalgia el cómic pulp de Doc Savage… Bueno, quizás a éste no, pero os aseguro que Battling Boy es disfrutable por lectores que pueden ir desde los 15 a los 30 y pico años, y lo mejor es que resulta así por su propia idiosincrasia, no por un cálculo de mercadotecnia. Incluso si sois de los que no os conformáis con el mero entretenimiento y buscáis trasfondos sólidos y personajes complejos, puede que el trabajo de Pope os sorprenda, porque nada resulta tan evidente ni tan cliché como pudiera parecer en un principio.

bboy paper

Respecto al estilo visual de la obra, reconozco que el trazo deshilachado de Pope, que tanto recarga algunas viñetas, no fue lo que más me sedujo cuando hojeé el volumen en la librería. Pero poco a poco, según pasaba las páginas, me iba encontrando más cómodo en ese mundo de colores planos y diseños de personajes que oscilan entre lo paródico, lo pop y lo épico. Y más allá de tus preferencias personales en cuanto a ilustradores, hay que reconocer que Paul Pope tiene un don para componer páginas y dotarlas de un ritmo endiablado, tanto que la narración secuencial te absorbe pese al pequeño formato del volumen publicado por DeBolsillo. A este respecto sólo criticaré la labor de rotulación: por algún ignoto motivo, la editorial española ha decidido emplear una fuente diferente a la original, no sólo más fea, sino también más difícil de leer. Y si exigimos fidelidad en los formatos y las traducciones, no sé por qué no debería exigirse también en la rotulación. Sobre todo cuando se cambia para peor.

Y ojo, aunque no lo ponga por ninguna parte, el volumen que nos ocupa no es una novela gráfica, sino la mitad del primer arco argumental. Tirón de orejas a los editores que siguen sin dar toda la información al lector, no vaya a ser que se retracte de la compra al descubrir que no tendrá la historia completa. Pero más allá de maniobras editoriales censurables, bien por DeBolsillo y su apuesta por ir trayendo cómics independientes que, de otro modo, puede que no encajaran en el catálogo de las editoras especializadas. 7

Battling Boy (1 de 2)
Paul Pope
First Second Books. Publicado en España por Debolsillo. Rústica, 202 páginas, color, 14,95 €

Primer vistazo a ‘The Sandman: Overture’

Publicado 27 diciembre, 2013 por David B. Gil
Categorías: Cómic USA, DC Comics

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Texto sólo apto para impacientes, pues hasta ahora Vertigo tan sólo ha publicado el primer número de esta precuela de The Sandman que, tal como se esperaba, tendrá una periodicidad bimestral, con lo que el próximo aparecerá en USA durante el mes de enero. Se trata de una miniserie (o “serie limitada”, como se decía en los tiempos de Forum) de seis números que narrará los acontecimientos previos a la primera saga protagonizada por Morfeo, publicada allá por octubre de 1988.

¿Impresiones? Antes de comprar el primer número en ComiXology tenía claro que me encontraba ante otro producto diseñado por DC para explotar el prestigio de sus viejas glorias (remember, remember Before Watchmen), pero indistintamente de que este tipo de maniobras comerciales me parezcan más o menos respetables, tenía la esperanza/confianza de que el hecho de que Neil Gaiman, autor de la obra original, estuviera a cargo del proyecto elevara la colección por encima de la mediocridad. Y tras leer este Overture el retrogusto que queda en el paladar es que el Señor del Sueño ha vuelto. El genuino, el de verdad.

Vaya por delante que sólo hablo de apreciaciones, me parece un poco ridículo escribir una reseña de estas 27 páginas que apenas esbozan un prólogo (pero vaya prólogo). Esta claro que a Mr. Gaiman no le pesa volver al medio y al personaje que le lanzaron a la fama. A pesar de su bien merecido éxito como novelistas, se emplea a fondo en este (nuevo) retorno a los cómics y pone en pie un guion que, si se me permite, parece incluso más rico que los de la obra original, pues se apoya en recursos narrativos más complejos que los que manejaba hace 25 años. Otra cosa es si será capaz de desarrollar una trama de calidad, si realmente le quedan más historias que contar sobre el personaje (reconozco que el recurso de la precuela me disgustaba por manido), pero en cuanto a prosa y profundidad narrativa, creo que nos encontramos ante un The Sandman mejor. Gaiman se permite incluso jugar un poco con los lectores que aún recuerdan la vieja saga inaugural –Preludios y Nocturnos–, haciéndonos creer que la irresistible llamada  a la que debe acudir Morfeo es de muy distinta naturaleza a la que resulta ser. Y hasta aquí puedo leer, ya sabéis, “spoiler danger”. Pero esta travesura me parece un guiño del autor, un “no he venido aquí a parasitar viejas ideas”.

sandmanoverture_2

Esta segunda aproximación al personaje no sólo me parece más estilizada a nivel literario, también a nivel visual, y es que si el aspecto gráfico del Sandman original era su punto más flojo (al menos para mí), el trabajo de James H. Williams III en este capítulo inicial me parece sencillamente excepcional. Para muestra la portada que se marca el exilustrador de Catwoman, que me parece una de las más bonitas de este año que concluye. Williams da rienda suelta a un desfile de splash-pages dobles que envuelven y subrayan los textos de Gaiman, sus ilustraciones desbordan las viñetas y se confunden como los recuerdos de un sueño. Y pese a todo, la lectura resulta sencilla y ordenada. Me parece un trabajo tan bueno como el del guionista, y la impresión final tras leer el cómic es que ambos sentían que tenían algo que demostrar, cada uno por distintos motivos.

Veremos qué nos depara este retorno al reino de Morfeo. Personalmente, espero no despertar de un mal sueño.

Marvel/Disney y DC/Warner: dos maneras de entender el cine de superhéroes

Publicado 12 mayo, 2013 por David B. Gil
Categorías: Cómic USA, Cine y series, DC Comics, Marvel

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El Mandarín esconde un secreto que no ha gustado a todo el mundo.

La tercera entrega cinematográfica de Iron Man, pese a la disparidad de opiniones que ha suscitado entre el fandom (no así entre la crítica, a la que parece haberle caído en gracia),  se ha convertido en un magnífico ejemplo de lo que podemos empezar a considerar el estilo Marvel de hacer cine.Y es que la veterana editorial neoyorquina, reconvertida en exitosa productora que sigue publicando cómics por mera tradición, parece haber decidido que sus últimas adaptaciones tengan un tono común basado en la desdramatización, el espectáculo díscolo y el sentido del humor. Bajo esta propuesta, que dio comienzo con la primera Iron Man y parece haber alcanzado su cénit (al menos por ahora) con la estupenda The Avengers, subyace una visión bastante inteligente de cómo hacer cine de superhéroes, consistente básicamente en no tomárselo demasiado en serio. Al fin y al cabo, estamos hablando de gente en mallas, ¿no?

Esta visión honesta del material original ha permitido a Marvel mantener una apuesta principalmente lúdica que, en varios casos, está dando estupendos e inesperados resultados. Para empezar, porque no le han perdido el respeto al espectador y no han caído en el error, tan extendido hoy día en Hollywood, de confundir el cine palomitero con cine barato (y no me refiero al presupuesto). Parece que Marvel aprendió bien la lección en los 90 (cuando la fuga de talentos de las grandes editoriales de cómics supuso una debacle en ventas), y a sabiendas de que no basta un personaje popular  para vender el producto, ha puesto sus mayores producciones en manos de gente de la industria que conoce (y respeta) el material original, y que han sabido desbrozarlo de lo que no funcionaría en las salas potenciando aquello que sí encaja en el medio cinematográfico. Y entre los  artífices de esta adaptación de la viñeta al celuloide digital, nadie duda de que el nombre a destacar es el de Joss Wheddon, director de Los Vengadores y, a la sazón, consultor de cualquier película Marvel que se haga a partir de ahora.

Pocas veces un actor se ha hecho tanto (y tan bien) con su personaje como Robert Downey Jr. con Tony Stark...

Pocas veces un actor se ha mimetizado tanto con su personaje como Robert Downey Jr. con Tony Stark…

Los Vengadores debía ser el buque insignia de esta traslación a la gran pantalla del Universo Marvel, y alguien en Disney tuvo la sabiduría (o la suerte) de poner el proyecto en manos de un director con un impresionante sentido lúdico y una elegancia narrativa bastante infrecuente en el actual cine de aventuras. Así, Wheddon supo aprovechar lo que heredaba de sus predecesores, principalmente un buen elenco en el que destaca un arrebatador Robert Downey Jr., y aportar su propio sello de director/productor/guionista con pulso quirúrgico para diseñar gags y fastuosas escenas de acción. El resultado fue una de las mejores cintas palomiteras que se recuerda en años, con la rara virtud de gustar por igual al fan, a la crítica y al público medio. No es de extrañar que Marvel haya decidido que, a partir de ahora, ésta sea su Biblia y Joss Wheddon su profeta.

Y en el otro extremo del espectro tenemos a DC Comics/Warner y su pequeño milagro, que no es otro que lograr que volvamos a tomarnos en serio la figura del superhéroe atormentado. Para ser honestos, el logro es más bien de Chris Nolan y quizás (un poquito) de Zack Snyder, cuya adaptación de Watchmen es bastante mejor de lo que a todos nos pareció la primera vez que la vimos. ‘La Distinguida Competencia’ ha decidido humanizar a sus héroes, subrayar la solemnidad de su sacrificio y el sentido dramático de sus motivaciones, y lo ha logrado principalmente a través del oscurantismo épico de su trilogía Dark Knight, que ha devuelto el prestigio cinematográfico a un personaje defenestrado tras las aberraciones filmadas por Joel “el Enemigo Definitivo de Batman” Schumacher. Tan buenos resultados ha dado la fórmula, que la re-revisión de Superman que se estrenará el próximo mes de julio, The man of steel, mantendrá ese enfoque ‘shakespeariano’ de la figura del superhéroe, ofreciéndonos una visión más íntima y humana del kriptoniano. Y para mantener la coherencia con el tono que DC quiere dar a su nuevo universo cinematográfico, la producción ha corrido a cargo del ya mentado Chris Nolan (director de Dark Knight) con dirección del también mencionado Zack Snyder.

...o Heath Ledger con el Joker, que se apropió del personaje hasta el punto de hipotecarlo para futuras películas.

…o Heath Ledger con el Joker, personaje del que se apropió hasta el punto de hipotecarlo para futuras películas.

DC no está inventando nada nuevo con este enfoque, simplemente está aplicando un patrón que ya dio excelentes resultados en los cómics de los 80, consistente en ‘oscurecer’ a sus personajes y bajarlos al terreno de lo prosaico, siguiendo la línea de clásicos como Watchmen, Superman El Hombre de Acero, Born Again, o Batman: Año Uno.

¿Responden estas dos maneras opuestas de abordar la figura del superhéroe a la ruta trazada para sus personajes desde cada editorial, o son la consecuencia de los nombres elegidos para liderar cada proyecto? ¿Se contrató a Nolan porque DC quería dotar a sus películas de un tono más sombrío y melancólica, o el hecho de que se eligiera a Nolan es lo que, a la postre, ha conferido este discurso a las nuevas adaptaciones del Universo DC? En el caso de Marvel, parece más claro que fue antes el huevo que la gallina, pues en Iron Man y en otras producciones posteriores, como Capitán América: El Primer Vengador, ya se apreciaba esta tendencia más aventurera y desenfadada (incluso con toques de comedia), directamente heredada de la versión Ultimate del Universo Marvel, que es la que realmente se está adaptando al cine. Dejo fuera de la ecuación las pelis de X Men y Spiderman por pertenecer las primeras a Fox y las segundas a Sony-Columbia, por lo que Marvel no tiene más implicación en ellas que la cesión de los derechos. Algo de lo que ahora se deben estar lamentando muy mucho, por cierto.

En cualquier caso, debemos felicitarnos de que ambas propuestas estén dando buenos resultados, pues aunque algún que otro chasco nos hemos llevado por el camino, el balance general está siendo muy superior a lo que muchos nos hubiéramos atrevido a soñar hace unos años. Sin embargo, hay algo en lo que los productores de ambas casas deberían empezar a pensar: ¿cuánto tiempo se puede explotar el filón superheroico? ¿No es previsible que el espectador, a medio o largo plazo, se canse de la misma temática y personajes? Quizás va siendo hora de que Marvel y DC, como productoras, consoliden este sello ‘autoral’ que comienzan a mostrar y lo apliquen a otro tipo de historias, unas que no tengan que salir necesariamente de las páginas de sus cómics, dando lugar a nuevas propiedad intelectuales (IPs que las llaman ahora) desarrolladas específicamente para el cine, sin que tengan que ceñirse a la temática superheroica. Desde luego, poseen la capacidad de reinvención y el flujo creativo para hacerlo.

After Watchmen

Publicado 15 abril, 2013 por David B. Gil
Categorías: Cómic USA, DC Comics

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watchmenBreve entrada para comentar que en los cómics Antes de Watchmen del presente mes de abril encontraréis mi último artículo para estas colecciones, titulado Generación Watchmen. En él analizo la influencia que la obra maestra de Alan Moore y David Lloyd ha tenido en diversos autores de la nueva ola, siendo el cierre a una trilogía de artículos destinada a evaluar el impacto del clásico de 1986 en la industria del cómic.

Estos tres artículos colectivos han acompañado a los textos específicos de cada colección que he venido escribiendo hasta ahora, labor en la que parece haberme tomado el relevo Felip Tobar, gran traductor y colaborador habitual de la casa. Sólo puedo decir que los 31 artículos que he escrito para Antes de Watchmen han sido una oportunidad de tratar a fondo la obra culmen del género, y espero que aquellos  que hayáis podido/querido leerlos hayáis disfrutado de ellos, al menos, la mitad de lo que yo querría, “y lo que yo querría es menos de la mitad de lo que la mitad de ustedes merece”.

Os dejo con el enlace al segundo artículo dedicado al “efecto watchmen” en el cómic norteamericano: El cómic después de Watchmen, continuación de El cómic antes de Watchmen, que ya enlacé aquí en su momento. En el caso de que ECC publique en su web el tercero, actualizaré la entrada para incluirlo.

The Private Eye: doble vistazo al futuro

Publicado 31 marzo, 2013 por David B. Gil
Categorías: Independiente, Reseñas

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No suelo reseñar cómics que hayan publicado una sola entrega, por la sencilla razón de que 32 páginas apenas dan para exponer el contexto narrativo, presentar algunos personajes y, si el autor es hábil, plantear una buena premisa que nos deje con ganas de más. Hago una excepción, sin embargo, con The Private Eye, ante el riesgo de que esta colección que tan buenas maneras apunta en su primer número se le pase por alto a muchos lectores. Así que quiero poner mi granito de arena para difundir la iniciativa y que los autores obtengan las ventas suficientes para completar los 10 números planificados. No (sólo) por amor a los cómics bien hechos, ¡sino porque quiero averiguar adónde va a parar esta historia!

Vayamos por orden: The Private Eye es un proyecto personal del guionista Brian K. Vaughan (Y: El último hombre) y el ilustrador español Marcos Martín (Amazing Spiderman, Dare Devil), publicado directamente por sus creadores en formato online, sin mediación de editorial alguna, y pudiéndose pagar por su descarga el precio que uno considere oportuno. Simplemente tenéis que ir a la web de panelsyndicate.com, elegir el idioma de descarga (entre español, inglés o catalán), seleccionar vuestro formato de archivo preferido (PDF, CBR o CBZ) y pagar lo que queráis/podáis (0,01$ mínimo). El archivo que descargaréis no tiene DRM, es decir, podréis copiarlo o pasárselo sin problemas a cualquiera, pero me parecería un poco rastrero piratear a unos autores que te están pidiendo que pagues lo que consideres justo, aunque sólo sea 1 céntimo de dólar. En mi caso pagué 1,5$ (llamadme espléndido), pero por alguna parte he leído que Vaughan y Martín se darían más que satisfechos si la mayoría de los lectores pagaran 99 céntimos por ejemplar.

Teniendo en cuenta que las editoriales están pidiendo 2,69€ (3,45$) por sus novedades mensuales de 23 páginas, me parece que un dólar es un precio más que razonable dada la calidad del producto. Además, este modelo de negocio, si funciona, supone múltiples ventajas para las partes implicadas. Para el lector, que es lo que nos preocupa, supone una ventaja evidente (la económica) y otra menos obvia: la de poder leer un cómic libre de las cortapisas que impone la industria. Tenemos la creatividad sin trabas que se obtiene comprando obras autopublicadas, pero con la garantía de estar realizada por autores de prestigio.

Si esto es (o no) el futuro de la industria es un debate más complicado de lo que pudiera parecer: para empezar, ni B.K. Vaughan ni Marcos Martín serían autores reconocidos si no hubieran publicado previamente en Marvel o DC, así que no nos apresuremos a sacar a las grandes editoriales de la ecuación. Es evidente que ambos pueden permitirse esta aventura por el prestigio y popularidad que han obtenido trabajando para los “publishers” clásicos, pero es posible que empecemos a vislumbrar un nuevo modelo de industria, uno en el que conviven dos tipos de publicación: los trabajos que los autores hagan para las grandes editoriales (más caros y con mucho márketing detrás) y los proyectos personales que publiquen por su cuenta, destinados a un público más maduro y minoritario. La tecnología de distribución digital lo hace posible, y Martín y Vaughan no son los primeros en explorar esta vía: ahí tenemos por ejemplo a David Lloyd con su revista digital Aces Weekly, que según dijo hace algunas semanas, pretende lanzar también en español próximamente.

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Pero dejando al margen su más o menos innovador modelo de negocio, ¿qué podemos decir de The Private Eye como cómic? Muchas cosas buenas. Nos encontramos ante un escenario de ciencia ficción mejor concebido y desarrollado que el de otras incursiones en el género que hemos podido leer últimamente, ofreciéndonos una visión improbable de lo que está por venir, pero cargada de lucidez e interesantes reflexiones que conectan con obras recientes como la televisiva Black Mirror o la literaria Ready Player One.

El guión de Brian K. Vaughan nos traslada a un futuro completamente analógico donde la tecnología digital e Internet han sido erradicados. Pero no imaginéis un paisaje involutivo. Seguimos estando ante una sociedad futurista, con los habituales avances en ingeniería, mecánica, arquitectura… pero en la que se ha dado por completo de lado a la tecnología de la información, puntal de nuestra revolución tecnológica durante las últimas dos décadas. ¿Los motivos? Los tendréis que descubrir por vosotros mismos en este primer número, pero digamos que nunca llueve a gusto de todos.

En este escenario las personas han desarrollado una obsesión por mantener su privacidad a toda costa, lo que les ha llevado a utilizar todo tipo de disfraces y máscaras (llamados “ónimos”) en la vida cotidiana, en un intento de preservar su verdadera identidad por más inocente que sean sus acciones. Así mismo, los periodistas (el Cuarto Poder) se han convertido en una especie de policía de la intimidad que vela porque el tráfico de información sea controlado y ortodoxo, siendo los medios de comunicación los únicos que pueden ejercer la difusión de noticias.

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Para dar forma a este mundo, Vaughan se apoya en los lápices de Marcos Martín, que diseña un futuro de líneas limpias y elegantes en lo arquitectónico, contrastando con interiores de aspecto más cotidiano y orgánico (libros de papel, teléfonos con cable, discos de vinilo…) y un diseño de personajes denso, con gran variedad de apariencias merced a los extravagantes disfraces que dan forma a las multitudes. La mezcla de suaves líneas en los escenarios con las eclécticas multitudes dejan un retrogusto al estilo de Humanoïdes Associés, el consorcio de artistas franceses amantes de la sci-fi que fue artífice de la creadora de tendencias Metal Hurlant, revista en la que destacó la visión de Jean Giraud “Moebius”. En el aspecto visual, The Private Eye es un cómic sofisticado y elegante, redondeado con el acierto de mantener un formato apaisajado, más idóneo para su lectura en pantallas, puesto que su distribución es exclusivamente digital.

Vemos, por tanto, como el relato nos traslada a una sociedad en la que se ha sobrecorregido los vicios de la actual era de la información, como la difusión de noticias (y bulos) a través de Internet antes de contrastarse, la creencia de que cada ciudadano con un móvil es un reportero, que la opinión mayoritaria es superior a la opinión formada, o en la que la frontera entre lo íntimo y lo privado se ha desdibujado a través de las redes sociales.

Lo paradójico de este mundo es que, sin embargo, incurre en muchos de los vicios de nuestra sociedad contemporánea: las máscaras utilizadas para preservar la intimidad también permiten conformar personalidades que no son ciertas (como un avatar de Internet), y la gente paga a detectives (paparazzi) para saber qué fue de personas de su pasado, como esa chica del instituto que fue nuestro primer amor y de la que nunca más volvimos a saber. Vemos cómo se repiten muchos de los comportamientos disfuncionales de Internet pero en la vida real, bajo lo que parece subyacer la reflexión de que el problema no es de la herramienta, sino del que la utiliza.

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Aunque quizás sea pronto para sacar conclusiones sobre el currículum oculto de la historia. Por ahora, en el primer número, además de mostrarnos el peculiar escenario donde se desarrolla el relato, los autores nos presentan a un protagonista enfrentado al sistema (como debe ser en este tipo de historias) que se gana la vida como paparazzi que comercia con la intimidad ajena, y que vive con un abuelo senil criado en la actual era digital, adicto aún a las redes sociales y a la desaparecida Internet (en lo que es uno de los momentos más cínicos y brillantes de este episodio inicial). El detonante de la trama quizás sea lo más convencional de estas 32 primeras páginas, pero ejerce su papel de empujarnos a seguir adelante y nos deja con ganas de saber más sobre este extraño mundo.

El conjunto, en definitiva, es una gran overtura que, además de plantear una buena historia con un buen personaje protagonista en un escenario sumamente original, se permite hacernos reflexionar sobre a dónde nos lleva esta era de la información y la interconexión desaforada que no parece tener fin. Lo que riza el rizo, sin duda, es el hecho de que la obra sólo se distribuya en formato digital. ¿No os parece una deliciosa ironía?

The Private Eye
Brian K. Vaughan y Marcos Martín
Autopublicado en formato digital (idiomas español, inglés y catalán). 32 páginas, color, precio a determinar por el lector (desde 0,01$)

Batman: La Noche de los Búhos

Publicado 9 marzo, 2013 por David B. Gil
Categorías: Cómic USA, DC Comics, Reseñas

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night owls cover

Este mes concluye la publicación en España de La Noche de los Búhos, primer arco argumental protagonizado por Batman en el ‘nuevo Universo DC’, así que va siendo hora de hacer balance y valorar detenidamente el trabajo realizado por Scott Snyder al frente de uno de los dos personajes más icónicos de la editorial. Vaya por delante que la historia que tenemos entre manos ha sido ensalzada tanto por el público como por la crítica, hasta el punto de que no pocos la han señalado como el mejor cómic publicado durante 2012. Por mi parte, y reconociendo muchas de sus virtudes, no me parece ni siquiera el mejor cómic publicado por DC durante el pasado año, dejándome la sensación de que este entusiasmo generalizado hacia el trabajo de Snyder y Greg Capullo responde más bien a su contraste con el bajo tono medio que sufre el cómic de superhéroes en general, y no tanto al hecho de que este primer arco argumental se pueda elevar a la categoría de un nuevo hito en la trayectoria del Hombre Murciélago, como algunos insisten en señalar.

La Noche de los Búhos es, desde luego, un buen comienzo; un cómic que recupera al Batman astuto y detectivesco de la mejor etapa de Alan Grant (si nos quedamos con el Batman de los 80 y 90), 0 al de los mejores guiones de Paul Dini y Greg Rucka (si nos fijamos en décadas más inmediatas), pero está muy muy lejos de las obras firmadas por gente como Alan Moore, Frank Miller o Grant Morrison… incluso de otras que, sin apuntar tan alto, sí han supuesto un referente reconocible en la historia reciente del personaje, recuperando valores como un sofisticado gusto por el surrealismo estético. Sí, me refiero a El Largo Halloween, del muy desconcertante (por irregular) Jeph Loeb. Estas comparaciones, de hecho, me parecerían por completo innecesarias si no fuera porque muchos entusiastas han insistido en colocar el trabajo de Snyder a ese nivel.

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Pero lo que nadie podrá achacarle a este equipo creativo es el haber pecado de falta de ambición. Snyder y Capullo inauguran la nueva continuidad del personaje con una historia que aspira a crear un elenco de enemigos digno de esta nueva etapa, además de buscar un golpe de efecto final de esos que dejan al lector sin aliento. Y en pos de esa empresa hacen muchas cosas bien, como la creación de un adversario abstracto, inaprensible, de esos que no puedes derrotar sólo con los puños, en la mejor tradición del personaje. Pero en su virtud radica también su defecto, y es que resulta difícil de creer que la existencia del Tribunal de los Búhos pudiera pasársele por alto a alguien tan metido en las tripas de Gotham como Batman. Supongo que es el problema de trabajar con un personaje cuyo pasado ha sido explotado hasta el más mínimo detalle; por más que intentes engrasarlos, cuando introduces nuevos elementos en su trasfondo algo chirría inevitablemente.

Aun así, aunque apliquemos la recurrida suspensión de la incredulidad, nos encontramos con otro problema que, muy probablemente, viene dado por imperativo editorial. Esta vez no es un chirrido de planteamiento, sino de desarrollo: la necesidad de implicar a toda la familia batmaniana (robins, nightwings, capuchas rojas, batgirls…) en el desarrollo de la trama. Aquí nos topamos con la decisión de ECC (juzgad vosotros si acertada o no, yo no tengo ganas) de incluir en las grapas españolas todos los crossovers de la saga, aunque pertenezcan a cabeceras que aquí no se publican. El resultado es que La Noche de los Búhos adolece de numerosos capítulos de vulgar relleno, con largas escenas de combate que no aportan nada al desarrollo y que provocan un inevitable bajón de calidad en el conjunto global. Durante la lectura uno no puede sustraerse a la idea de que, sin estos condicionantes editoriales, Scott Snyder podría haber abordado una trama más redonda, incluso más ambiciosa en su conclusión, pues al final parece desdecirse de algunos de sus principales golpes de efecto (tranquilidad, esta es una reseña spoiler free).

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De cualquier modo, y para no parecer incongruente con la valoración final, he de decir que a grandes rasgos este primer arco argumental posee una trama bien planteada, sin fisuras argumentales y con un desarrollo narrativo realmente entretenido (como es habitual en el autor). Además, cumple con la aspiración de aportar nuevos elementos a la mitología gothamita, algo que no muchos pueden decir, y tiene la incontestable virtud de contar con Greg Capullo a los lápices, probablemente el tipo que mejor ha dibujado a Batman en mucho tiempo. Tras concluir su lectura, lo peor es el regusto de que la historia ha sido penalizada por los constantes cruces con otras series, que se han traducido en un exceso de insulsas escenas de acción que han impedido dar más pábulo a la batalla psicológica del protagonista, con diferencia lo mejor del cómic (la escena del Caballero Oscuro perdido en el laberinto de los búhos es de antología). Sin esos lastres, quizás estaríamos hablando de un cómic bastante mejor. 7