Archive for the ‘Independiente’ category

Nueva portada para “El Guerrero a la Sombra del Cerezo”

4 agosto, 2014

El Guerrero a la Sombra del Cerezo (portada Carolina Bensler)

¡Estamos de estreno! Cuando llegamos al ecuador del concurso para autores indies de Amazon-El Mundo (recordad que tenéis hasta el 31 de agosto para comprar y valorar la novela por el irrisorio precio de 0,9€), recibo uno de los mejores regalos que me podían hacer: una portada profesional para El Guerrero a la Sombra del Cerezo. Y es que la ilustradora y colorista Carolina Bensler se ha marcado esta magnífica cubierta para la obra, ¡y lo ha hecho por amor al arte! A través de las redes sociales puso en marcha una iniciativa para colaborar gratuitamente con cinco autores independientes; parece que mi propuesta le moló y he sido uno de los afortunados. Aquí tenéis el resultado de su trabajo.

La portada estará disponible para aquellos que compren el libro a partir de ahora. Y aquellos que ya lo habéis comprado, podéis actualizar vuestra anterior versión a través de la página “Gestionar mi Kindle” en http://www.amazon.com De propina os llevaréis un glosario actualizado y un nuevo Índice de Contenidos accesible desde cualquier página del ebook a través del botón “Ir a”.

Y para los que queráis conocer mejor el trabajo de Miss Bensler y sus magníficas portadas, aquí tenéis su web. No tiene desperdicio.

Para comprar El Guerrero a la Sombra del Cerezo (¿¡aún no lo habéis hecho!?) sólo tenéis que clicar aquí. Y si antes queréis catar un bocado, aquí tenéis la web alasombradelcerezo.com y un enlace para descargar los dos primeros capítulos en PDF.

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El Guerrero a la Sombra del Cerezo

27 junio, 2014

El Guerrero a la Sombra del Cerezo

El Guerrero a la Sombra del Cerezo es, probablemente, el proyecto más difícil al que me he enfrentado en mi vida. He escrito otras dos novelas después: una corta, de género infantil/juvenil, y un thriller de ciencia ficción del que ya os hablaré. Pero El Guerrero fue la primera vez que me propuse escribir seriamente (devaneos juveniles aparte).

No fue de la noche a la mañana. La historia estuvo rondando mi cabeza durante años. Iba y venía: quizás un día, mientras hacía la compra, me descubría pensando cómo serían los personajes; una semana después, mientras me duchaba, imaginaba tramas y diálogos. Pero me negaba a escribirla porque era muy consciente del enorme trabajo que requeriría. Así que la empujaba hacia el fondo, muy abajo, pero al cabo del tiempo volvía a salir a flote, como un corcho obstinado.

Será porque, como decía Maya Angelou, no hay mayor agonía que arrastrar una historia sin contar en tu interior, o porque de repente me vi con demasiado tiempo libre entre las manos. El caso es que una mañana de 2009 me senté en mi escritorio y empecé a trabajar. Reuní documentación, y luego más documentación, y cuando comprendí que con la información en español no tendría suficiente, busqué por la web libros en inglés, y más tarde tuve que pedir a algunos amigos que me buscaran información en japonés. Y sólo cuando me sentí preparado comencé a escribir.

Fue un doble reto: por una parte, lidiar con la historia que salía a borbotones de mi mente, domarla, darle forma hasta construir las tramas y aprender a dotarlas de ritmo e interés. Por otra, seguir documentándome, porque quien haya escrito algo de ficción histórica (o lo haya intentado) sabrá que una cosa es conocer el contexto geopolítico y otra saber cómo se planchaba en el Japón del siglo XVII, o cuál era el menú que se servía en las posadas. Cada escena me obligaba a parar para buscar nueva información.

Pero la cosa avanzó y avanzó, hasta que llegó el punto y final. Que no fue tal, porque me propuse publicar, así que la envié a editoriales y concursos y, de algún modo, mi historia fue finalista de un premio cuyo elenco de ganadores aún me da vértigo. Y siguió avanzando cuando una agencia decidió representarla, y dio otro pasito más cuando varias editoriales nos confirmaron su lectura… Pero ahí es donde se ha estancado todo. Será la crisis, será que la temática es extraña para el mercado español, pero dos años de silencio editorial son bastante duros. Uno podía intentar prepararse para los famosos rechazos, pero no para que pasaran los meses sin saber si aún quedaba alguien que se acordara de tu libro. Cómo será la cosa que, cuando mi agente me notificó el único rechazo que hemos recibido hasta la fecha, incluso llegó a hacerme ilusión, porque significaba que la criatura aún estaba viva. La editorial (no diré el nombre) la desestimó porque había “pocas escenas románticas y de sexo”, alegando que en estos momentos están buscando “novelas más comerciales”. Y yo no puedo sino aplaudir. Que cada uno publique aquello con lo que cree que va a hacer negocio, faltaría más, pero si confirmas la lectura de un manuscrito, por lo menos ten la decencia de dar una respuesta en dos años, porque estás dejando en vilo a alguien que acumula un buen puñado de ilusiones en el bolsillo.

Así que, visto lo visto, y dado que mi única satisfacción  hasta la fecha en esto de escribir me la ha dado un concurso literario, he decidido volver a presentar El Guerrero a la Sombra del Cerezo a un certamen: al I Concurso de Autores Independientes de Amazon-El Mundo. Con la diferencia de que esta vez mi historia no se defiende sola, también depende de vosotros, porque las cinco finalistas saldrán de entre aquellas que consigan más ventas y mejores valoraciones de los lectores.

Eso significa que mi primera novela está ya a la venta. Una historia que, durante cuatro años, fue el último pensamiento de cada noche y el primero de cada mañana. Una historia de la que me siento orgulloso y cuyos personajes se quedarán conmigo para siempre. Una historia que, al fin y al cabo, no tendrá sentido si vosotros no la leéis.

 

El Guerrero a la Sombra del Cerezo
http://www.alasombradelcerezo.com
Autopublicado. A la venta en Kindle Amazon por 0,9€

Battling Boy, semidiós en camiseta

18 febrero, 2014

BattlingBoy-cover

¿Qué nos sale si metemos en una batidora un panteón de dioses de reminiscencias nórdicas/metaleras, una nación azotada por oleadas de monstruos salidos de la nada cuales kaijus, un héroe pulp a medio camino entre Rocketeer y Batman, y al hijo de un dios enviado a otro mundo para combatir el mal, todo ello sazonado con un ritmo narrativo más propio del manga que del cómic USA? Pues nos sale Battling Boy, la nueva y muy personal obra del polifacético Paul Pope, que lo mismo te escribe 100% que te diseña una línea de ropa.

Por si aún no os imagináis de qué va Battling Boy, os diré que se desarrolla en una ciudad-nación llamada Arcópolis, asediada por sucesivas oleadas de monstruos que obligan a vivir a su población en un estado de terror y casi permanente toque de queda. La única arma eficaz para combatir este ejército carente de objetivo o cabeza visible es el guerrero local Haggard West, una suerte de trasunto de varios héroes de la literatura pulp que ha conseguido, merced a sus habilidades y peculiar arsenal, establecer una línea de defensa para la ciudad. Lamentablemente, West cae fulminado en la primera escena de esta historia, con lo que los habitantes de Arcópolis parecen abocados a su extinción. Hasta que hace acto de presencia un nuevo tipo de héroe, uno muy distinto al que hasta ahora dirigían sus plegarias: un muchacho de 13 años de aire desenvuelto y look muy a lo factoría Disney.

Lo cierto es que ya habíamos saboreado los distintos ingredientes de Battling Boy, pero nunca los habíamos probado todos juntos. El héroe local caído y su joven sidekick que intenta tomar su lugar, el país bajo asedio, un superhéroe descendido de los cielos, unos malvados que ocultan intenciones más complejas que el simple caos aparente… Parecen retazos de distintas historias, pero están remendados con un hilo que habitualmente hace que todo case: el humor, el no tomarse nada en serio. Y es que Battling Boy también tiene algo de serie de Cartoon Network.

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Hacía tiempo que no leía un cómic que apostara tan a fondo por el factor lúdico. No hay dobles ni triples intenciones, ni más capas de lecturas que las evidentes (y el que las encuentre que lo deje ya, porque está sobreinterpretando). A grandes rasgos, Battling Boy es un helado al que su autor le ha echado todo lo que le gusta: chocolate, sirope de fresa, especias y virutas de colores. Quizás la mezcla no sea de tu gusto, quizás no sea el alimento más equilibrado, pero vive Dios que tiene personalidad y pega duro. Y al mismo tiempo, si eres capaz de paladear todo lo que hay bajo la costra de caramelo, encuentras una fórmula depurada y de textura agradable, como la de un buen artesano italiano.

Todo ello convierte a Battling Boy en un rara avis dentro del mercado del cómic norteamericano. Incluso cuando las editoriales dejan a sus autores libertad creativa, estos tienden a ceñirse a una serie de patrones habituales en la industria, bien sea porque la supuesta libertad no es tanta, bien porque hay que ofrecerle al público algo similar a lo que está acostumbrado. Es fácil, hojeando un cómic, ver a qué tipo de lector está orientado. No pasa eso con esta obra; tras leer este primer volumen que abarca la mitad del primer arco argumental, aún no sé si está dirigido a treintañeros que crecieron con los cómics de superhéroes, a chavales que quieren la acción directa y colorida de Hora de Aventuras, al indie que disfruta de la fórmula Scott Pilgrim o al cincuentón que aún recuerda con nostalgia el cómic pulp de Doc Savage… Bueno, quizás a éste no, pero os aseguro que Battling Boy es disfrutable por lectores que pueden ir desde los 15 a los 30 y pico años, y lo mejor es que resulta así por su propia idiosincrasia, no por un cálculo de mercadotecnia. Incluso si sois de los que no os conformáis con el mero entretenimiento y buscáis trasfondos sólidos y personajes complejos, puede que el trabajo de Pope os sorprenda, porque nada resulta tan evidente ni tan cliché como pudiera parecer en un principio.

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Respecto al estilo visual de la obra, reconozco que el trazo deshilachado de Pope, que tanto recarga algunas viñetas, no fue lo que más me sedujo cuando hojeé el volumen en la librería. Pero poco a poco, según pasaba las páginas, me iba encontrando más cómodo en ese mundo de colores planos y diseños de personajes que oscilan entre lo paródico, lo pop y lo épico. Y más allá de tus preferencias personales en cuanto a ilustradores, hay que reconocer que Paul Pope tiene un don para componer páginas y dotarlas de un ritmo endiablado, tanto que la narración secuencial te absorbe pese al pequeño formato del volumen publicado por DeBolsillo. A este respecto sólo criticaré la labor de rotulación: por algún ignoto motivo, la editorial española ha decidido emplear una fuente diferente a la original, no sólo más fea, sino también más difícil de leer. Y si exigimos fidelidad en los formatos y las traducciones, no sé por qué no debería exigirse también en la rotulación. Sobre todo cuando se cambia para peor.

Y ojo, aunque no lo ponga por ninguna parte, el volumen que nos ocupa no es una novela gráfica, sino la mitad del primer arco argumental. Tirón de orejas a los editores que siguen sin dar toda la información al lector, no vaya a ser que se retracte de la compra al descubrir que no tendrá la historia completa. Pero más allá de maniobras editoriales censurables, bien por DeBolsillo y su apuesta por ir trayendo cómics independientes que, de otro modo, puede que no encajaran en el catálogo de las editoras especializadas. 7

Battling Boy (1 de 2)
Paul Pope
First Second Books. Publicado en España por Debolsillo. Rústica, 202 páginas, color, 14,95 €

The Private Eye: doble vistazo al futuro

31 marzo, 2013

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No suelo reseñar cómics que hayan publicado una sola entrega, por la sencilla razón de que 32 páginas apenas dan para exponer el contexto narrativo, presentar algunos personajes y, si el autor es hábil, plantear una buena premisa que nos deje con ganas de más. Hago una excepción, sin embargo, con The Private Eye, ante el riesgo de que esta colección que tan buenas maneras apunta en su primer número se le pase por alto a muchos lectores. Así que quiero poner mi granito de arena para difundir la iniciativa y que los autores obtengan las ventas suficientes para completar los 10 números planificados. No (sólo) por amor a los cómics bien hechos, ¡sino porque quiero averiguar adónde va a parar esta historia!

Vayamos por orden: The Private Eye es un proyecto personal del guionista Brian K. Vaughan (Y: El último hombre) y el ilustrador español Marcos Martín (Amazing Spiderman, Dare Devil), publicado directamente por sus creadores en formato online, sin mediación de editorial alguna, y pudiéndose pagar por su descarga el precio que uno considere oportuno. Simplemente tenéis que ir a la web de panelsyndicate.com, elegir el idioma de descarga (entre español, inglés o catalán), seleccionar vuestro formato de archivo preferido (PDF, CBR o CBZ) y pagar lo que queráis/podáis (0,01$ mínimo). El archivo que descargaréis no tiene DRM, es decir, podréis copiarlo o pasárselo sin problemas a cualquiera, pero me parecería un poco rastrero piratear a unos autores que te están pidiendo que pagues lo que consideres justo, aunque sólo sea 1 céntimo de dólar. En mi caso pagué 1,5$ (llamadme espléndido), pero por alguna parte he leído que Vaughan y Martín se darían más que satisfechos si la mayoría de los lectores pagaran 99 céntimos por ejemplar.

Teniendo en cuenta que las editoriales están pidiendo 2,69€ (3,45$) por sus novedades mensuales de 23 páginas, me parece que un dólar es un precio más que razonable dada la calidad del producto. Además, este modelo de negocio, si funciona, supone múltiples ventajas para las partes implicadas. Para el lector, que es lo que nos preocupa, supone una ventaja evidente (la económica) y otra menos obvia: la de poder leer un cómic libre de las cortapisas que impone la industria. Tenemos la creatividad sin trabas que se obtiene comprando obras autopublicadas, pero con la garantía de estar realizada por autores de prestigio.

Si esto es (o no) el futuro de la industria es un debate más complicado de lo que pudiera parecer: para empezar, ni B.K. Vaughan ni Marcos Martín serían autores reconocidos si no hubieran publicado previamente en Marvel o DC, así que no nos apresuremos a sacar a las grandes editoriales de la ecuación. Es evidente que ambos pueden permitirse esta aventura por el prestigio y popularidad que han obtenido trabajando para los “publishers” clásicos, pero es posible que empecemos a vislumbrar un nuevo modelo de industria, uno en el que conviven dos tipos de publicación: los trabajos que los autores hagan para las grandes editoriales (más caros y con mucho márketing detrás) y los proyectos personales que publiquen por su cuenta, destinados a un público más maduro y minoritario. La tecnología de distribución digital lo hace posible, y Martín y Vaughan no son los primeros en explorar esta vía: ahí tenemos por ejemplo a David Lloyd con su revista digital Aces Weekly, que según dijo hace algunas semanas, pretende lanzar también en español próximamente.

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Pero dejando al margen su más o menos innovador modelo de negocio, ¿qué podemos decir de The Private Eye como cómic? Muchas cosas buenas. Nos encontramos ante un escenario de ciencia ficción mejor concebido y desarrollado que el de otras incursiones en el género que hemos podido leer últimamente, ofreciéndonos una visión improbable de lo que está por venir, pero cargada de lucidez e interesantes reflexiones que conectan con obras recientes como la televisiva Black Mirror o la literaria Ready Player One.

El guión de Brian K. Vaughan nos traslada a un futuro completamente analógico donde la tecnología digital e Internet han sido erradicados. Pero no imaginéis un paisaje involutivo. Seguimos estando ante una sociedad futurista, con los habituales avances en ingeniería, mecánica, arquitectura… pero en la que se ha dado por completo de lado a la tecnología de la información, puntal de nuestra revolución tecnológica durante las últimas dos décadas. ¿Los motivos? Los tendréis que descubrir por vosotros mismos en este primer número, pero digamos que nunca llueve a gusto de todos.

En este escenario las personas han desarrollado una obsesión por mantener su privacidad a toda costa, lo que les ha llevado a utilizar todo tipo de disfraces y máscaras (llamados “ónimos”) en la vida cotidiana, en un intento de preservar su verdadera identidad por más inocente que sean sus acciones. Así mismo, los periodistas (el Cuarto Poder) se han convertido en una especie de policía de la intimidad que vela porque el tráfico de información sea controlado y ortodoxo, siendo los medios de comunicación los únicos que pueden ejercer la difusión de noticias.

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Para dar forma a este mundo, Vaughan se apoya en los lápices de Marcos Martín, que diseña un futuro de líneas limpias y elegantes en lo arquitectónico, contrastando con interiores de aspecto más cotidiano y orgánico (libros de papel, teléfonos con cable, discos de vinilo…) y un diseño de personajes denso, con gran variedad de apariencias merced a los extravagantes disfraces que dan forma a las multitudes. La mezcla de suaves líneas en los escenarios con las eclécticas multitudes dejan un retrogusto al estilo de Humanoïdes Associés, el consorcio de artistas franceses amantes de la sci-fi que fue artífice de la creadora de tendencias Metal Hurlant, revista en la que destacó la visión de Jean Giraud “Moebius”. En el aspecto visual, The Private Eye es un cómic sofisticado y elegante, redondeado con el acierto de mantener un formato apaisajado, más idóneo para su lectura en pantallas, puesto que su distribución es exclusivamente digital.

Vemos, por tanto, como el relato nos traslada a una sociedad en la que se ha sobrecorregido los vicios de la actual era de la información, como la difusión de noticias (y bulos) a través de Internet antes de contrastarse, la creencia de que cada ciudadano con un móvil es un reportero, que la opinión mayoritaria es superior a la opinión formada, o en la que la frontera entre lo íntimo y lo privado se ha desdibujado a través de las redes sociales.

Lo paradójico de este mundo es que, sin embargo, incurre en muchos de los vicios de nuestra sociedad contemporánea: las máscaras utilizadas para preservar la intimidad también permiten conformar personalidades que no son ciertas (como un avatar de Internet), y la gente paga a detectives (paparazzi) para saber qué fue de personas de su pasado, como esa chica del instituto que fue nuestro primer amor y de la que nunca más volvimos a saber. Vemos cómo se repiten muchos de los comportamientos disfuncionales de Internet pero en la vida real, bajo lo que parece subyacer la reflexión de que el problema no es de la herramienta, sino del que la utiliza.

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Aunque quizás sea pronto para sacar conclusiones sobre el currículum oculto de la historia. Por ahora, en el primer número, además de mostrarnos el peculiar escenario donde se desarrolla el relato, los autores nos presentan a un protagonista enfrentado al sistema (como debe ser en este tipo de historias) que se gana la vida como paparazzi que comercia con la intimidad ajena, y que vive con un abuelo senil criado en la actual era digital, adicto aún a las redes sociales y a la desaparecida Internet (en lo que es uno de los momentos más cínicos y brillantes de este episodio inicial). El detonante de la trama quizás sea lo más convencional de estas 32 primeras páginas, pero ejerce su papel de empujarnos a seguir adelante y nos deja con ganas de saber más sobre este extraño mundo.

El conjunto, en definitiva, es una gran overtura que, además de plantear una buena historia con un buen personaje protagonista en un escenario sumamente original, se permite hacernos reflexionar sobre a dónde nos lleva esta era de la información y la interconexión desaforada que no parece tener fin. Lo que riza el rizo, sin duda, es el hecho de que la obra sólo se distribuya en formato digital. ¿No os parece una deliciosa ironía?

The Private Eye
Brian K. Vaughan y Marcos Martín
Autopublicado en formato digital (idiomas español, inglés y catalán). 32 páginas, color, precio a determinar por el lector (desde 0,01$)

The Boys 10: Carnicero

10 febrero, 2013

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Este volumen 10 de The Boys, titulado con el descriptivo nombre de Carnicero, tiene la cualidad de sintetizar a la perfección las características autorales de Garth Ennis: un escritor capaz de construir personajes complejos, contundentes, verosímiles… para enfrentarlos a circunstancias demenciales y pasadas de roscas, tanto, que  muchos lectores acaban volviendo el rostro con expresión incrédula. Pero pese a su facilidad para enervar a lectores y editores, hay que decir que el norirlandés sigue siendo uno de los autores con más talento trabajando actualmente en el cómic USA. Es cierto que tiene debilidad por la provocación gamberra y, en ocasiones, gratuita, pero también hay que reconocerle un estilo innegociable, una facilidad pasmosa para construir historias memorables y el hecho de que, a diferencia de otros enfants terribles de la industria (Mark ejem Millar ejem ejem), no ha caído en el error de pensar que cualquier idea que se le pase por la cabeza es super cool. Un cómic de Ennis sigue siendo garantía de un mínimo de calidad, de un guión trabajado y de unos personajes bien ensamblados; y cuando leo uno, sólo puedo sentirme un poco decepcionado por el hecho de que la vena irreverente del autor deba salir a relucir a toda costa, lo que termina por deslucir algunas obras que, de ser más comedidas, jugarían en la división de las muy grandes (ahí tenéis Predicador si no me creéis).

Pero como iba diciendo, este The Boys #10 resulta ser un buen compendio de lo que se puede esperar cuando se abre un cómic de Ennis. En sus páginas se desvela (por fin) la historia del inmisericorde Carnicero, líder de The Boys, la unidad ultrasecreta de la CIA que le da nombre a la colección y que fue creada décadas atrás para controlar los desmanes de la comunidad superheroica, una panda de payasos adorados por el gran público como celebrities de Hollywood pero que, en el mejor de los casos, son unos completos descerebrados. Y en el peor, unos auténticos sádicos.

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Sin entrar en detalles para no estropearos la lectura, diré que el relato se articula alrededor de las confesiones que Carnicero (“Butcher” en el original, no sé por qué no lo habrán dejado así) realiza frente al féretro de su difunto padre: un auténtico hijo de puta que amargó su infancia y la de su hermano, además de la vida de su madre. Nos encontramos, por tanto, ante una autobiografía monologada, como si de una adaptación libre de Cinco horas con Mario se tratara, que recorre momentos trascendentes de la vida del personaje, desde su mala juventud hasta su huida ante el temor de convertirse en un miserable como su padre, pasando por su ingreso en el ejército,  su participación en la Guerra de las Malvinas o la relación con su joven esposa… una concatenación de flashbacks que muestra algunas de las mejores virtudes de este guionista, como su gran pulso para las historias bélicas, su facilidad para implicar al lector con sus personajes o su (insospechada) habilidad para construir historias de gran calado emotivo en contextos cotidianos. Sin embargo, muchos pensarán ante el final de este cómic (tranquilos, esta reseña es spoiler free) que a Garth Ennis “se le ha vuelto a ir la cabeza con sus habituales burradas”… mientras que otros sabrán paladear el perverso placer de construir una historia mesurada, incluso íntima, para finalmente resquebrajarla con un ejercicio de sadismo.

Pero el grotesco giro de los acontecimientos no resulta gratuito en este caso, pues a través de él se redime en cierto modo al personaje de Carnicero y el lector pasa a comprender, quizás incluso compartir, sus motivaciones. De repente, muchas de las crueles decisiones tomadas por el misterioso líder de The Boys resultan menos incomprensibles, al tiempo que se evidencia el carácter manipulador del no menos misterioso agente Mallory, fundador de The Boys, que no dudó en utilizar los sentimientos personales de Carnicero para convertirlo en el perro de presa que necesitaba.

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Me atrevería a decir que The Boys #10: Carnicero es uno de los mejores cómics de superhéroes publicado en los últimos meses, resultando especialmente interesante para los lectores habituales por su carácter esclarecedor, pero disfrutable también por aquellos que no han seguido la trama central de la colección al ser un arco argumental cerrado y bastante bien resuelto. Y es que, guste más o menos su rollo, hay que reconocerle a Garth Ennis su capacidad de contar historias que funcionan, que entretienen, que te implican e, incluso, te emocionan. Y eso es algo que muy pocos logran a día de hoy con una historia de súpers (si es que The Boys se puede considerar así). 8

 

 

The Boys 10: Carnicero
Garth Ennis y Darick Robertson
Dynamite Entertainment. Publicado en España por Norma. Rústica, 144 páginas, color, 15 €

Extrañas criaturas atrapadas en un cuento

25 enero, 2013

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¿No os ha pasado alguna vez que, al cerrar los ojos en vuestra cama, tenéis la sensación de que alguien os observa? ¿No habéis tenido miedo de bajar a un sótano porque escuchabais una voz que parecía llamaros por vuestro nombre? ¿Nunca han tocado a vuestra ventana durante una noche lluviosa y no os habéis atrevido a descorrer las cortinas? Son las extrañas criaturas que pueblan nuestros miedos y hasta ahora nadie podía ayudaros a hacerles frente. Hasta ahora, porque Sira, esa niña rara que lee a solas en el recreo, podría echaros una mano. Siempre que sepáis pedírselo con educación, claro.

Manual para deshacerse de extrañas criaturas” es un cuento juvenil publicado bajo seudónimo en Amazon; si no tenéis e-reader, recordad que existen aplicaciones de Kindle para iOs, Android,  Windows y Mac. Echadle un vistazo.

Cómics para antes de Navidad

13 diciembre, 2012

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Se acerca la Navidad, una época propicia para leer cómics junto a la chimenea o a la luz del árbol, con una taza de chocolate calentándonos las manos y una buena historia calentándonos el alma. También es época de demostrar nuestro amor a aquellos que queremos regalándoles un tebeo encantador, de esos que nos arrancan una sonrisa con sólo recordarlos. ¿Os habéis puesto ya en situación? Bien, pues tomad lápiz y papel, ya que éste es el surtido navideño que os propone ‘¿No eres mayor para leer cómics?’: historias entrañables y bien contadas, propias para estos días en los que tenemos el buen rollo a flor de piel. Sí, sí, esta es la selección buena y no la de la FNAC, y los que no tengáis suficiente, recordad que en la lista navideña anterior tenéis recomendaciones igualmente vigentes. Vamos a ello:

Fábulas (Edición de Lujo): La multipremiada obra de Bill Willingham vuelve a las librerías en una edición en cartoné que entra por los ojos y que queda genial envuelta en papel de regalo. Los que no pudierais leerla en su momento, sabed que los protagonistas de Fábulas son aquellos personajes que todos conocemos de nuestros cuentos infantiles, exiliados en nuestro gris mundo de realidad a causa de un mal que se extiende por su reino de ensueño. Ojo, no es un cómic infantil, y si a algunos el argumento os suena a Érase una vez, es porque la serie de ABC es una copia de la premisa de este cómic magistral.

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Jesús y Buda

Las Vacaciones de Jesús y Buda: Aunque a veces se nos olvida, la Navidad es una fiesta religiosa, así que no estaría de más ponernos un poco místicos… si no fuera porque este manga es uno de los tebeos más irreverentes del año. Las Vacaciones de Jesús y Buda es una historia que sólo tiene sentido en la mente de un autor japonés como Hikaru Nakamura: los dos protagonistas (sí, los del título) abandonan sus tronos celestiales para tomarse un respiro. Para ello deciden compartir piso en el centro de Tokio y vivir como dos jóvenes mortales. Una historia tan surrealista como divertida, con un sentido del humor bastante peculiar. ¿El problema? Que Norma abusa un poco del precio.

Persépolis: El cómic autobiográfico de Marjane Satrapi por fin tiene edición de bolsillo, así que ha llegado el momento de rescatar esta pequeña maravilla costumbrista que nos narra la vida de una mujer iraní educada según los valores occidentales, lo que la lleva a mantener una relación de amor-odio con su país. Novela gráfica multipremiada en Europa y ganadora al Harvey al mejor cómic no norteamericano en 2004, Persépolis es uno de esos must have que muchos descubrieron a raíz de su adaptación cinematográfica, y que sigue siendo una obra de fondo en cualquier biblioteca.

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Superman: El Hombre de Acero: Si ya habéis visto el trailer de la nueva peli de Superman, dirigida por Zack Snyder y producida por Chris Nolan, a nadie le puede caber duda de que 2013 será el año del kriptoniano. ¿Y que mejor manera de empezarlo que leyendo el que, para muchos (entre los que me incluyo) es el mejor cómic de Superman que se ha escrito? Publicado originalmente en 1986 y convenientemente reeditado por ECC en edición de lujo, este Superman: El Hombre de Acero reúne toda la etapa de John Byrne al frente del personaje. Al autor canadiense se le encomendó la labor de reescribir el origen y renovar al superhéroe más icónico, adaptándolo al nuevo universo DC emergido de Crisis en Tierras Infinitas. Ni corto ni perezoso, Byrne firmó el que probablemente sea el mejor trabajo de su carrera, legando a la posteridad un cómic que se ha convertido en el canon según el cual escribir a Clark Kent desde entonces.

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Mouse Guard: Escrita y dibujada por David Petersen, Mouse Guard es una de esas pequeñas maravillas que juegan en la misma división que Bones o Usagi Yojimbo: cómics de autor, relativamente minoritarios pese a los premios obtenidos, que nos hacen mantener la fe en el medio como algo más que vehículo de aventuras protagonizadas por enmascarados hipertrofiados. Con un ritmo de publicación bastante lento, debido al detallismo gráfico de su autor, esta serie nos traslada a un mundo fantástico medieval habitado por ratones que deben enfrentarse a una insólita amenaza. Norma ha publicado los dos primeros arcos argumentales en sendos volúmenes (Mouse Guard: Otoño 1152 y Mouse Guard: Invierno 1152), más una historia paralela ilustrada por Ted Naifeh.

Watchmen: El clásico de Alan Moore y Dave Gibbons vuelve a estar de moda gracias a la publicación de su precuela, Antes de Watchmen, desde este mes de diciembre; así que ya tenemos excusa para recuperar una de las mejores obras de la literatura moderna. Tampoco es un cómic muy navideño, cierto, pero a aquellos que no lo han leído debe haberles picado la curiosidad al ver el revuelo que ha armado su segunda parte. Y los que ya lo conocéis, ya sabéis que cualquier excusa es buena para releer esta obra maestra atemporal.

Los muertos vivientes: En estos días de consumismo desaforado, la obra que ha traído de vuelta la moda zombi resulta ideal para poner las cosas en perspectiva y recordarnos que lo importante es estar en buena compañía. La edición integral que se ha cascado Planeta puede resultarnos un poco cara (40 euros el tomo, en el margen de precios habituales del formato) pero es una magnífica manera de hacerse con uno de los cómics más relevantes (y adictivos) de los últimos años. Un regalazo con el que acertáis seguro.

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Usagi Yojimbo: Los que sigan habitualmente este blog ya saben que Usagi es una de mis debilidades, y mi excusa para recomendarlo este año es que Planeta por fin ha cambiado su política de publicación: en lugar de un tomo al año, lo que venía siendo un castigo para los seguidores del conejo samurái, a lo largo de 2012 se han publicado ¡cuatro volúmenes! El último de ello, La caza del zorro, resulta ideal para adentrarse en las aventuras de este ronin orejudo que recorre el Japón del Período Edo. Y es que una de las peculiaridades de la colección escrita y dibujada desde hace dos décadas por Stan Sakai es que sus recopilatorios se pueden leer de forma independiente, por lo que cualquiera es bueno para descubrir al personaje y su mundo. La caza del zorro recupera al mejor Sakai, trayendo de nuevo esa mezcla perfecta entre sentido del humor y el dramatismo de un Japón feudal fielmente representado. Esa es la receta única de este cómic y lo que lo convierte en una auténtica delicia.

Y con eso terminamos por hoy. Espero que estas recomendaciones os hayan resultado de utilidad; por supuesto, serán bienvenidos los comentarios con vuestras propuestas y preguntas. Mientras tanto, ¡felices fiestas!