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El origen de una saga

13 octubre, 2014

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El cómic es un medio relativamente nuevo, aún en evolución, lo que hace que las grandes obras del medio lo sean, entre otras cosas, por traer una serie de innovaciones (a nivel narrativo o argumental) que otros se apresuran a imitar hasta convertirlas en tendencia. En lo que llevamos de siglo, sin embargo, comienzan a aparecer una serie de autores que no buscan romper con lo precedente (más bien al contrario, tienen una serie de referencias claras sobre las que les gusta trabajar, e incluso homenajear), pero cuya falta de transgresión no impide que sus obras rayen a un nivel verdaderamente elevado. Y si Sostiene Pereira, la novela que Antonio Tabucchi publicara en 1994, se considera uno de los máximos exponentes de la novela moderna europea precisamente por condensar con maestría las técnicas narrativas precedentes, este Saga, de Brian K. Vaughan y Fiona Staples, puede ser uno de los mejores ejemplos de lo que es el gran cómic moderno estadounidense.

Saga nos cuenta la historia de Alana y Marko, dos soldados de sendos ejércitos planetarios en guerra eterna, que se conocen como enemigos, pero entre los que acaba surgiendo un amor impío condenado por ambas razas. Los jóvenes prefieren convertirse en desertores a renunciar a sus sentimientos, y es durante su huida cuando engendran a Hazel, la hija de ambos al tiempo que narradora no-nata del relato. De este modo, Vaughan articula su historia como una road story que tiene un poco de comedia romántica, otro poco de drama bélico, y un mucho de space opera.

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Y es que resulta imposible que la sinopsis de Saga no nos suene a un refrito de referencias dispares que van desde Star Wars a Firefly, pasando por clásicos literarios como Romeo y Julieta o videojuegos como Mass Effect. Intertextualidad transgénero a mansalva que puede hacer sospechar al lector desconfiado de la calidad del producto. Pero entonces miras los galardones cosechados (nada menos que tres Eisner a “mejor serie continuada”, “mejor serie nueva” y “mejor escritor” en 2013, y un premio Hugo a la mejor historia gráfica ese mismo año) y te dices que algo debe tener. Y vaya si lo tiene. Desde luego, Saga no inventa nada nuevo, pero todo lo que hace lo hace endiabladamente bien.

Vaughan no se ve forzado por la exigencia de ser original y rompedor que algunos escritores se autoimponen; ni tampoco por la necesidad de encuadrarse en una moda (condición diametralmente opuesta que, habitualmente, viene de los editores). Se nota desde la primera página que Image Comics ha dado vía libre al autor para hacer lo que le dé la real gana, y Vaughan lo hace de manera gloriosa. No se limita a géneros, no se limita a convencionalismos, hay humor, hay gore, hay niñeras fantasmas grotescamente amputadas, hay sexo interracial (pero sexo de verdad, e interracial de verdad), hay una protagonista femenina que no para de decir tacos y a la que le encanta follar con su marido, y un protagonista masculino mucho más sensible, recatado y sensato que su esposa, hay relaciones familiares complicadas, villanos con el corazón roto a los que quieres que las cosas les salgan bien (pero no del todo, claro). Hay muchos elementos en Saga que no solemos ver juntos en una misma historia, pero que de algún modo encajan a la perfección en el universo que han creado los autores. Lo cierto es que la lectura de los tres primeros volúmenes publicados por Planeta resulta tan placentera que sólo lamento que no se trate de una novela gráfica autoconclusiva, porque sabes que nadie es capaz de mantener tal torrente creativo, tal estado de iluminación, en una serie regular.

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Abro el pertinente párrafo para hablar de la dibujante, Fiona Staples, a la que he tenido el placer de descubrir en este tebeo. He de decir que mi relación con su trabajo ha tenido sus altibajos a lo largo de los tres tomos: empecé embelesado por el mundo colorido desplegado por la artista canadiense, que crea un fascinante contraste con la explícita brutalidad y sexualidad de algunos pasajes de la historia. Luego comenzó a molestarme esa tendencia por no entintar los fondos que algunos autores norteamericanos han decidido adoptar (sospecho que más por su conveniencia a la hora de cumplir los plazos que por un resultado estético), y es que, como algunos han criticado, provoca una extraña disociación entre las figuras y el fondo. Pero a medida que van pasando los capítulos todo empieza a encajar, como una película rodada al transfoque, pues ciertamente no se puede decir que el mundo de Saga carezca de detalles o personalidad, mientras que sus personajes poseen una potencia expresiva fascinante. A lo que hay que sumar la excelente labor de la ilustradora a la hora de crear un imaginario interplanetario de lo más variopinto, tanto en lo referente a escenarios como a las razas y personajes que lo pueblan. El balance final es que Saga me resulta, junto con Sandman: Overture y Ojo de Halcón, uno de los cómic mejor dibujados de cuantos se están publicando actualmente.

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En definitiva, y por si no había quedado claro, con todo esto intento deciros que Saga es probablemente el mejor cómic que he leído este año, y sin duda alguna, una de las colecciones de referencia del mercado norteamericano (algo a lo que Image nos está acostumbrando últimamente). Saga es una obra adulta, divertida, compleja pero, sobre todo, es honesta. Está claro que es un producto de entretenimiento (pocos cómics, novelas o películas no lo son), pero es uno que no está creado al servicio de la industria, sino al servicio de la satisfacción personal de su creador, que ha permitido volar su imaginación sin ninguna cortapisa. Se percibe a cada página que los autores están disfrutando con lo que hacen, y no existe mayor garantía de calidad que ésa. 9

Cómics para antes de Navidad

13 diciembre, 2012

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Se acerca la Navidad, una época propicia para leer cómics junto a la chimenea o a la luz del árbol, con una taza de chocolate calentándonos las manos y una buena historia calentándonos el alma. También es época de demostrar nuestro amor a aquellos que queremos regalándoles un tebeo encantador, de esos que nos arrancan una sonrisa con sólo recordarlos. ¿Os habéis puesto ya en situación? Bien, pues tomad lápiz y papel, ya que éste es el surtido navideño que os propone ‘¿No eres mayor para leer cómics?’: historias entrañables y bien contadas, propias para estos días en los que tenemos el buen rollo a flor de piel. Sí, sí, esta es la selección buena y no la de la FNAC, y los que no tengáis suficiente, recordad que en la lista navideña anterior tenéis recomendaciones igualmente vigentes. Vamos a ello:

Fábulas (Edición de Lujo): La multipremiada obra de Bill Willingham vuelve a las librerías en una edición en cartoné que entra por los ojos y que queda genial envuelta en papel de regalo. Los que no pudierais leerla en su momento, sabed que los protagonistas de Fábulas son aquellos personajes que todos conocemos de nuestros cuentos infantiles, exiliados en nuestro gris mundo de realidad a causa de un mal que se extiende por su reino de ensueño. Ojo, no es un cómic infantil, y si a algunos el argumento os suena a Érase una vez, es porque la serie de ABC es una copia de la premisa de este cómic magistral.

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Jesús y Buda

Las Vacaciones de Jesús y Buda: Aunque a veces se nos olvida, la Navidad es una fiesta religiosa, así que no estaría de más ponernos un poco místicos… si no fuera porque este manga es uno de los tebeos más irreverentes del año. Las Vacaciones de Jesús y Buda es una historia que sólo tiene sentido en la mente de un autor japonés como Hikaru Nakamura: los dos protagonistas (sí, los del título) abandonan sus tronos celestiales para tomarse un respiro. Para ello deciden compartir piso en el centro de Tokio y vivir como dos jóvenes mortales. Una historia tan surrealista como divertida, con un sentido del humor bastante peculiar. ¿El problema? Que Norma abusa un poco del precio.

Persépolis: El cómic autobiográfico de Marjane Satrapi por fin tiene edición de bolsillo, así que ha llegado el momento de rescatar esta pequeña maravilla costumbrista que nos narra la vida de una mujer iraní educada según los valores occidentales, lo que la lleva a mantener una relación de amor-odio con su país. Novela gráfica multipremiada en Europa y ganadora al Harvey al mejor cómic no norteamericano en 2004, Persépolis es uno de esos must have que muchos descubrieron a raíz de su adaptación cinematográfica, y que sigue siendo una obra de fondo en cualquier biblioteca.

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Superman: El Hombre de Acero: Si ya habéis visto el trailer de la nueva peli de Superman, dirigida por Zack Snyder y producida por Chris Nolan, a nadie le puede caber duda de que 2013 será el año del kriptoniano. ¿Y que mejor manera de empezarlo que leyendo el que, para muchos (entre los que me incluyo) es el mejor cómic de Superman que se ha escrito? Publicado originalmente en 1986 y convenientemente reeditado por ECC en edición de lujo, este Superman: El Hombre de Acero reúne toda la etapa de John Byrne al frente del personaje. Al autor canadiense se le encomendó la labor de reescribir el origen y renovar al superhéroe más icónico, adaptándolo al nuevo universo DC emergido de Crisis en Tierras Infinitas. Ni corto ni perezoso, Byrne firmó el que probablemente sea el mejor trabajo de su carrera, legando a la posteridad un cómic que se ha convertido en el canon según el cual escribir a Clark Kent desde entonces.

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Mouse Guard: Escrita y dibujada por David Petersen, Mouse Guard es una de esas pequeñas maravillas que juegan en la misma división que Bones o Usagi Yojimbo: cómics de autor, relativamente minoritarios pese a los premios obtenidos, que nos hacen mantener la fe en el medio como algo más que vehículo de aventuras protagonizadas por enmascarados hipertrofiados. Con un ritmo de publicación bastante lento, debido al detallismo gráfico de su autor, esta serie nos traslada a un mundo fantástico medieval habitado por ratones que deben enfrentarse a una insólita amenaza. Norma ha publicado los dos primeros arcos argumentales en sendos volúmenes (Mouse Guard: Otoño 1152 y Mouse Guard: Invierno 1152), más una historia paralela ilustrada por Ted Naifeh.

Watchmen: El clásico de Alan Moore y Dave Gibbons vuelve a estar de moda gracias a la publicación de su precuela, Antes de Watchmen, desde este mes de diciembre; así que ya tenemos excusa para recuperar una de las mejores obras de la literatura moderna. Tampoco es un cómic muy navideño, cierto, pero a aquellos que no lo han leído debe haberles picado la curiosidad al ver el revuelo que ha armado su segunda parte. Y los que ya lo conocéis, ya sabéis que cualquier excusa es buena para releer esta obra maestra atemporal.

Los muertos vivientes: En estos días de consumismo desaforado, la obra que ha traído de vuelta la moda zombi resulta ideal para poner las cosas en perspectiva y recordarnos que lo importante es estar en buena compañía. La edición integral que se ha cascado Planeta puede resultarnos un poco cara (40 euros el tomo, en el margen de precios habituales del formato) pero es una magnífica manera de hacerse con uno de los cómics más relevantes (y adictivos) de los últimos años. Un regalazo con el que acertáis seguro.

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Usagi Yojimbo: Los que sigan habitualmente este blog ya saben que Usagi es una de mis debilidades, y mi excusa para recomendarlo este año es que Planeta por fin ha cambiado su política de publicación: en lugar de un tomo al año, lo que venía siendo un castigo para los seguidores del conejo samurái, a lo largo de 2012 se han publicado ¡cuatro volúmenes! El último de ello, La caza del zorro, resulta ideal para adentrarse en las aventuras de este ronin orejudo que recorre el Japón del Período Edo. Y es que una de las peculiaridades de la colección escrita y dibujada desde hace dos décadas por Stan Sakai es que sus recopilatorios se pueden leer de forma independiente, por lo que cualquiera es bueno para descubrir al personaje y su mundo. La caza del zorro recupera al mejor Sakai, trayendo de nuevo esa mezcla perfecta entre sentido del humor y el dramatismo de un Japón feudal fielmente representado. Esa es la receta única de este cómic y lo que lo convierte en una auténtica delicia.

Y con eso terminamos por hoy. Espero que estas recomendaciones os hayan resultado de utilidad; por supuesto, serán bienvenidos los comentarios con vuestras propuestas y preguntas. Mientras tanto, ¡felices fiestas!

Soy una Matagigantes (I Kill Giants)

23 enero, 2011

Soy una matagigantes es una novela gráfica sensible, sutil e inteligente, que pone de manifiesto, una vez más, que casi siempre lo mejor de este mundillo se publica lejos del contexto superheroico. La libertad creativa que ofrecen a los autores las pequeñas editoras o los sellos indies de las grandes casas (como en este caso) permite el desarrollo de obras personales y complejas, alejadas del enfoque juvenil que el sector suele tener de su público. Pero, al mismo tiempo, el que estas obras sean lanzadas al amparo de estos sellos “menores” las condenan al desconocimiento por parte del público masivo, pues la maquinaria de marketing queda reservada para los lanzamientos estrella de cada editorial. En este caso hay que reconocer a Image, que comenzó allá por los 90 como fotocopista del universo Marvel, la excelente labor que está realizando al apostar por obras más o menos arriesgadas que se salen de la oferta habitual del cómic USA.

Este es el caso de la obra de Joe Kelly, un autor al que conocíamos de algunos arcos argumentales más o menos subversivos en colecciones tan tradicionales como la Liga de la Justicia, pero que en Soy una matagigantes hace un auténtico ejercicio de sinceridad y busca sorprender al lector no (solo) con su carácter contestatario, sino con una historia honesta, sensible pero no sensiblona, en la que el escritor pone mucho de sí.

Barbara es la menor de tres hermanos y tiene un carácter raro e introvertido, en gran medida porque se enfrenta a un problema difícil de asumir para cualquier chica de 5º grado. Su particular manera de sobrellevar su complicada situación familiar es prepararse concienzudamente para su misión sagrada: defender al mundo de los gigantes que algún día volverán a caminar sobre la tierra (aunque nadie más lo crea). Su entrenamiento como matagigantes le ayuda a evadirse de su triste realidad, pero todos a su alrededor se preguntan si es sana tanta obsesión, si los gigantes alegóricos de los que habla Barbara no pueden convertirse en un problema real. ¿O puede que los gigantes no sean una simple metáfora?

Es difícil explicar la historia de esta novela gráfica sin desvelar aspectos claves de la trama que debería descubrir cada lector, o más bien debería “interpretar”, ya que algunos puntos de la historia están sujetos a múltiples lecturas que quedan a expensas del que se encuentra pasando las hojas. Pero no por ello Soy una mata gigantes es una obra ambigua o abierta; Joe Kelly nos cuenta una historia con piel y corazón que tiene un mensaje claro, una enseñanza difícil de aprender pero necesaria para la vida, al tiempo que reflexiona sobre la imaginación, su capacidad para entrelazarse con la realidad, y su peligroso potencial como droga para el escapismo.

La relación entre este constante juego imaginación-realidad conforma la médula espinal de la historia, comenzando por el título que nos refiere a otro personaje perdido en su propia imaginación (Don Quijote y sus batallas con otros gigantes), y continuando por diversos pasajes del relato, como las partidas de Dungeons & Dragons que dirige la protagonista (“la mejor master que hemos tenido”) o su difícil relación con la psicóloga del instituto.

En cuanto al aspecto visual del cómic, hay que reconocer la gran labor del autor hispano-japonés JM Ken Niimura, un neófito (si no me equivoco) en esto de la novela gráfica, pero que lo hace mejor que muchos veteranos. Nada más hojear el volumen llama la atención su poderoso estilo manga, la espectacular composición de páginas y la personalidad que tiene su lápiz, sobre todo a la hora de imprimir expresividad a sus personajes. Un lujo de ilustrador, sobre todo si tenemos en cuenta su potencial. Sólo le pondría un par de peros: el abuso de las líneas cinéticas para expresar dinamismo y el exceso de mancha en algunas viñetas, que dan un resultado un tanto emborronado para mi gusto. En su debe también se encuentra una mejora de la composición narrativa de las páginas, ya que en algunos momentos no queda claro cómo se está desarrollando la acción o qué personaje está haciendo o diciendo qué. Aunque supongo que, para un dibujante, lo más difícil a la hora de ilustrar un cómic no es dibujar las viñetas, sino realizar la composición y desarrollar la narración visual; así que hemos de suponer que Niimura mejorará sustancialmente en estos aspectos.

En definitiva, Soy una matagigantes es un cómic sobresaliente en casi todos los aspectos, con una propuesta muy inusual en el cómic norteamericano. En una industria tan testosterónica como ésta, es de agradecer semejante ejercicio de sinceridad, sensibilidad e inteligencia. Lo recomiendo a todos. 9

Soy una matagigantes
Joe Kelly & JM Ken Niimura
Image Comics. Publicado en España por Norma Editorial, 224 páginas, b/n, 12€

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Los Muertos Vivientes nº 9: “Aquí permanecemos” (9/10)

26 marzo, 2010

Tras una larguíiiiisima espera (nada menos que 12 meses), nos llega a España el nº 9 de Los Muertos Vivientes, esa maravilla en forma de cómic que nos está regalando el señor Robert Kirkman. Después de la tremenda conclusión del anterior arco argumental (“Creados para sufrir”), que nos dejó a todos sobrecogidos, era realmente difícil continuar el relato sin que se produjera un bache de ritmo e intensidad. No hay problema, el señor Kirkman reinventa su serie y la convierte en una road movie en b/n, con unos compases iniciales absolutamente deudores de The Road, la novela de Cormac McCarthy (que aún podemos ver en cines protagonizada por Viggo Mortensen). Efectivamente, es en estos primeros compases de “Aquí permanecemos” donde Robert Kirkman ha hecho más evidente su continua intertextualidad con la obra de McCarthy, aunque este vínculo ha sido una constante a lo largo de toda la obra. Como ejemplo, señalar ese fragmento de The Road donde “el Chico” le dice a su madre: “-¿Somos supervivientes, mamá?- ¿Supervivientes? ¿De qué demonios hablas? Somos muertos andantes” (“We’re the walking deads”), una frase que sintetiza perfectamente el espíritu de la obra de Kirkman.

Sin embargo, este arco argumental  pronto se aleja del solitario esquema de The Road para reunirnos con unos viejos conocidos, a la vez que hacen acto de presencia nuevos personajes que darán por fin un sentido a la vida de los supervivientes del holocausto zombi, que hasta ahora se habían limitado a luchar por permanecer vivos hasta el día siguiente.

Sin ahondar más en la historia de este noveno volumen para evitar spoilers indeseables, no puedo dejar de destacar la impresionante evolución del personaje protagonista, un Rick Grimes que ahora debe enfrentarse al fantasma de sus decisiones. Kirkman está construyendo en esta serie a un personaje de antología, para los anales de la historia del cómic. Un protagonista complejo y polifacético, que debe afrontar con las armas de una persona común una situación absolutamente excepcional. A cada capítulo, el autor añade una nueva cicatriz en el alma de este hombre honesto, que ve su buena voluntad y su conciencia quebradas una y otra vez por la crueldad de un mundo donde la supervivencia es la única verdad, donde no hay espacio para pensar en ambigüedades morales.

Por tanto, en este volumen nos encontraremos a un Rick Grimes profundamente marcado por los últimos acontecimientos, que comienza a mostrar signos de desequilibrio emocional, que rechaza el papel de líder por miedo a afrontar las consecuencias de sus decisiones, y que redefine la relación con su hijo Carl, debiendo asumir que ya no es el niño que debería ser por su edad. Es precisamente la relación padre-hijo la que nos ofrece los mejores momentos de este número, logrando el autor escribir algunas escenas absolutamente contundentes protagonizadas por Carl, un niño de once años obligado a hacerse adulto de una manera terrible.

Por su parte, Charlie Adlard sigue haciendo un buen trabajo a los lápices, dotando de una expresividad verosímil a cada personaje, algo absolutamente necesario para hacer creíbles los diálogos concebidos por Robert Kirkman. Mención especial merece, como ya se ha dicho en otras ocasiones, su habilidad para no dibujar a dos “caminantes” iguales, algo realmente complicado dado que aparecen por cientos en los últimos capítulos.

En definitiva, Los Muertos Vivientes 9 está a la altura de los números anteriores. Y cuando hablamos de uno de los mejores cómics que se están publicando a día de hoy, eso es mucho decir. Veremos qué nos depara el próximo volumen que, afortunadamente, está previsto para mayo. 9

Los Muertos Vivientes nº 9: “Aquí permanecemos” (Walking Dead #49-54)
Robert Kirkman y Charlie Adlard. Planeta de Agostini Cómics.

Los Muertos Vivientes de Kirkman, proyecto para la TV

25 agosto, 2009

Sé que la noticia no es precisamente nueva, pero hasta ahora no había tenido oportunidad de comentarla por aquí. Y es que está en proyecto una adaptción a la TV de esa obra magistral del cómic moderno que es Los Muertos Vivientes de Robert Kirkman, también conocido por algunos lares como Los Vivos Murientes (los que lo hayáis leído ya sabéis de lo que hablamos).

Muertos Vivientes

El director implicado en el proyecto es, nada más y nada menos, que Frank Daranbont, realizador de absoluta solvencia para el que suscribe, experto, además, en firmar magistrales adaptaciones literarias. Para los que no caigáis, Darabont es el director de peliculones como Cadena Perpetua, y buenas producciones como La Milla Verde o La Niebla. Efectivamente, todas adaptaciones de novelas de Stephen King, y es que Darabont llegó al cine de mano del best-seller por excelencia, después de que éste viera un cortometraje del director en el que adaptaba libremente (y sin autorización) Dollar Baby. Parece que a King le gustó cómo el joven realizador (de 20 años en aquel momento) había plasmado su estilo literario y, desde entonces, es el versionador oficial de todas sus novelas llevadas al cine.

Y es que, mientras leía Los Muertos Vivientes, pensaba “qué pedazo serie podría salir de aquí”. Se ve que alguien más lo pensó. Si tenemos en cuenta la creciente calidad de las series de TV USA, le sumamos que Darabont es el director involucrado, que Robert Kirkman va a supervisar todos los guiones y que el realizador ya ha asegurado que, como en el cómic, se va a centrar en la supervivencia y en cómo se interrelaciona las personas en situaciones críticas, pues tenemos entre manos algo que pinta muy bien. Pues sí, soy un hombre feliz.

Los muertos vivientes (9/10)

10 agosto, 2009

“¿Cuándo fue la última vez que cualquiera de nosotros DE VERDAD hizo algo para conseguir lo que quería? ¿Cuánto tiempo ha pasado desde que cualquiera de nosotros NECESITÓ algo de lo que QUERÍA? El mundo que conocíamos ya no existe. En cuestión de meses la sociedad se ha desmoronado, sin gobierno, sin supermercados, sin correo, sin televisión por cable. En un mundo gobernado por los muertos, por fin nos vemos obligados a empezar a vivir”.

Este es el texto que figura en la contraportada de cada uno de los volúmenes de Los Muertos Vivientes, un cómic de Robert Kirkman que me está dejando tan alucinado que he roto mi voto vacacional de no escribir para comentar algo en el blog (prometí no escribir ni un SMS, pero ya véis). ¡Vaya pedazo de cómic! Expresión que, cuando hablamos de zombis, viene como anillo al dedo. Mi colega Jesús me dejó los ocho volúmenes publicados hasta ahora por Planeta (ya era hora de que, para variar, fueras tú el que me dejara un cómic, pichita) y, tras leerme el quinto, me ha quedado claro que lo que Kirkman se trae entre manos es verdaderamente magistral.

Portada del nº 13 USA

Portada del nº 13 USA

En Internet llevan meses hablando de este cómic en plan “engancha, la trama es adictiva, diversión asegurada, bla, bla, bla…”, pero creo que no se está valorando la verdadera dimensión de este trabajo. Ciertamente es de lectura compulsiva, pero El Código da Vinci también lo era y su calidad literaria era más bien pobre. Los Muertos Vivientes (‘The Walking Dead’ en el inglés original) va más allá del mero entretenimiento; Kirkman utiliza el lugar común de una epidemia zombi como trasfondo para crear un escenario de hostilidad extrema, y en este escenario desarrolla lo que realmente le interesa: el comportamiento de los seres humanos en una situación de supervivencia, en la que a menudo la subsistencia de unos depende de la muerte de otros.

El recurso de enfrentar a personas normales a situaciones excepcionales, en las que lo fantástico e inconcebible se convierten en lo cotidiano, es habitual de la ciencia ficción. Y esa es la buena ciencia ficción: la que funciona como alegoría de nuestra sociedad; la que teoriza sobre futuribles y crea debate sobre problemas que no existen, pero que pueden llegar a existir; la que habla de política y sociología sin parecerlo; o la que estudia y analiza lo que verdaderamente nos motiva como individuos y como colectivo. Quizás os suene el caso del vuelo 815 de Oceanic, cuyos pasajeros acabaron perdidos en una peculiar isla en medio del pacífico. En Lost el argumento de la serie, que parte de la misma premisa que los zombis de Kirkman, se centra en los misterios que encierra la isla, en ir desentrañando poco a poco lo que allí sucede. En Los Muertos Vivientes lo fantástico no es el eje principal de la historia, lo importante no son los zombis, sino las personas normales y lo que hacen cuando se les expone a una situación donde no saben si mañana estarán vivos.

Las dinámicas de grupo que se crean entre los supervivientes; la desconfianza; el despertar del brutal instinto de superviviencia adormecido en nuestra vida cotidinana; cómo en una situación así la verdadera amenza son las personas con las que convives; la manera en que se magnifican emociones que, en un entorno estable, sí podríamos controlar; la necesidad de improvisar una nueva escala de valores y nuevas normas (pues la ética y las reglas de la civilización pasan rápidamente a carecer de sentido), y la paulatina transformación del personaje protagonista, el policía Rick Grime, es lo que hacen a este cómic tan bueno. Esa manera de bucear en la psique de un colectivo, y de hacerlo de una manera tan realista y creíble, es lo que marca una enorme distancia entre la obra de Robert Kirkman y el resto de historias de terror con zombies que podáis haber visto.

Una lectura imprescindible si os gustan las historias que te hacen removerte en el asiento, pero no de miedo, sino de inquietud. De inquietud al plantearte cómo serían las cosas, cómo serían los que te rodean, más allá de nuestro cómodo día a día. 9