Archive for the ‘DC Comics’ category

Primer vistazo a ‘The Sandman: Overture’

27 diciembre, 2013

Sandman Overture 1 Portada

Texto sólo apto para impacientes, pues hasta ahora Vertigo tan sólo ha publicado el primer número de esta precuela de The Sandman que, tal como se esperaba, tendrá una periodicidad bimestral, con lo que el próximo aparecerá en USA durante el mes de enero. Se trata de una miniserie (o “serie limitada”, como se decía en los tiempos de Forum) de seis números que narrará los acontecimientos previos a la primera saga protagonizada por Morfeo, publicada allá por octubre de 1988.

¿Impresiones? Antes de comprar el primer número en ComiXology tenía claro que me encontraba ante otro producto diseñado por DC para explotar el prestigio de sus viejas glorias (remember, remember Before Watchmen), pero indistintamente de que este tipo de maniobras comerciales me parezcan más o menos respetables, tenía la esperanza/confianza de que el hecho de que Neil Gaiman, autor de la obra original, estuviera a cargo del proyecto elevara la colección por encima de la mediocridad. Y tras leer este Overture el retrogusto que queda en el paladar es que el Señor del Sueño ha vuelto. El genuino, el de verdad.

Vaya por delante que sólo hablo de apreciaciones, me parece un poco ridículo escribir una reseña de estas 27 páginas que apenas esbozan un prólogo (pero vaya prólogo). Esta claro que a Mr. Gaiman no le pesa volver al medio y al personaje que le lanzaron a la fama. A pesar de su bien merecido éxito como novelistas, se emplea a fondo en este (nuevo) retorno a los cómics y pone en pie un guion que, si se me permite, parece incluso más rico que los de la obra original, pues se apoya en recursos narrativos más complejos que los que manejaba hace 25 años. Otra cosa es si será capaz de desarrollar una trama de calidad, si realmente le quedan más historias que contar sobre el personaje (reconozco que el recurso de la precuela me disgustaba por manido), pero en cuanto a prosa y profundidad narrativa, creo que nos encontramos ante un The Sandman mejor. Gaiman se permite incluso jugar un poco con los lectores que aún recuerdan la vieja saga inaugural –Preludios y Nocturnos–, haciéndonos creer que la irresistible llamada  a la que debe acudir Morfeo es de muy distinta naturaleza a la que resulta ser. Y hasta aquí puedo leer, ya sabéis, “spoiler danger”. Pero esta travesura me parece un guiño del autor, un “no he venido aquí a parasitar viejas ideas”.

sandmanoverture_2

Esta segunda aproximación al personaje no sólo me parece más estilizada a nivel literario, también a nivel visual, y es que si el aspecto gráfico del Sandman original era su punto más flojo (al menos para mí), el trabajo de James H. Williams III en este capítulo inicial me parece sencillamente excepcional. Para muestra la portada que se marca el exilustrador de Catwoman, que me parece una de las más bonitas de este año que concluye. Williams da rienda suelta a un desfile de splash-pages dobles que envuelven y subrayan los textos de Gaiman, sus ilustraciones desbordan las viñetas y se confunden como los recuerdos de un sueño. Y pese a todo, la lectura resulta sencilla y ordenada. Me parece un trabajo tan bueno como el del guionista, y la impresión final tras leer el cómic es que ambos sentían que tenían algo que demostrar, cada uno por distintos motivos.

Veremos qué nos depara este retorno al reino de Morfeo. Personalmente, espero no despertar de un mal sueño.

Marvel/Disney y DC/Warner: dos maneras de entender el cine de superhéroes

12 mayo, 2013

El Mandarín esconde un secreto que no ha gustado a todo el mundo.

La tercera entrega cinematográfica de Iron Man, pese a la disparidad de opiniones que ha suscitado entre el fandom (no así entre la crítica, a la que parece haberle caído en gracia),  se ha convertido en un magnífico ejemplo de lo que podemos empezar a considerar el estilo Marvel de hacer cine.Y es que la veterana editorial neoyorquina, reconvertida en exitosa productora que sigue publicando cómics por mera tradición, parece haber decidido que sus últimas adaptaciones tengan un tono común basado en la desdramatización, el espectáculo díscolo y el sentido del humor. Bajo esta propuesta, que dio comienzo con la primera Iron Man y parece haber alcanzado su cénit (al menos por ahora) con la estupenda The Avengers, subyace una visión bastante inteligente de cómo hacer cine de superhéroes, consistente básicamente en no tomárselo demasiado en serio. Al fin y al cabo, estamos hablando de gente en mallas, ¿no?

Esta visión honesta del material original ha permitido a Marvel mantener una apuesta principalmente lúdica que, en varios casos, está dando estupendos e inesperados resultados. Para empezar, porque no le han perdido el respeto al espectador y no han caído en el error, tan extendido hoy día en Hollywood, de confundir el cine palomitero con cine barato (y no me refiero al presupuesto). Parece que Marvel aprendió bien la lección en los 90 (cuando la fuga de talentos de las grandes editoriales de cómics supuso una debacle en ventas), y a sabiendas de que no basta un personaje popular  para vender el producto, ha puesto sus mayores producciones en manos de gente de la industria que conoce (y respeta) el material original, y que han sabido desbrozarlo de lo que no funcionaría en las salas potenciando aquello que sí encaja en el medio cinematográfico. Y entre los  artífices de esta adaptación de la viñeta al celuloide digital, nadie duda de que el nombre a destacar es el de Joss Wheddon, director de Los Vengadores y, a la sazón, consultor de cualquier película Marvel que se haga a partir de ahora.

Pocas veces un actor se ha hecho tanto (y tan bien) con su personaje como Robert Downey Jr. con Tony Stark...

Pocas veces un actor se ha mimetizado tanto con su personaje como Robert Downey Jr. con Tony Stark…

Los Vengadores debía ser el buque insignia de esta traslación a la gran pantalla del Universo Marvel, y alguien en Disney tuvo la sabiduría (o la suerte) de poner el proyecto en manos de un director con un impresionante sentido lúdico y una elegancia narrativa bastante infrecuente en el actual cine de aventuras. Así, Wheddon supo aprovechar lo que heredaba de sus predecesores, principalmente un buen elenco en el que destaca un arrebatador Robert Downey Jr., y aportar su propio sello de director/productor/guionista con pulso quirúrgico para diseñar gags y fastuosas escenas de acción. El resultado fue una de las mejores cintas palomiteras que se recuerda en años, con la rara virtud de gustar por igual al fan, a la crítica y al público medio. No es de extrañar que Marvel haya decidido que, a partir de ahora, ésta sea su Biblia y Joss Wheddon su profeta.

Y en el otro extremo del espectro tenemos a DC Comics/Warner y su pequeño milagro, que no es otro que lograr que volvamos a tomarnos en serio la figura del superhéroe atormentado. Para ser honestos, el logro es más bien de Chris Nolan y quizás (un poquito) de Zack Snyder, cuya adaptación de Watchmen es bastante mejor de lo que a todos nos pareció la primera vez que la vimos. ‘La Distinguida Competencia’ ha decidido humanizar a sus héroes, subrayar la solemnidad de su sacrificio y el sentido dramático de sus motivaciones, y lo ha logrado principalmente a través del oscurantismo épico de su trilogía Dark Knight, que ha devuelto el prestigio cinematográfico a un personaje defenestrado tras las aberraciones filmadas por Joel “el Enemigo Definitivo de Batman” Schumacher. Tan buenos resultados ha dado la fórmula, que la re-revisión de Superman que se estrenará el próximo mes de julio, The man of steel, mantendrá ese enfoque ‘shakespeariano’ de la figura del superhéroe, ofreciéndonos una visión más íntima y humana del kriptoniano. Y para mantener la coherencia con el tono que DC quiere dar a su nuevo universo cinematográfico, la producción ha corrido a cargo del ya mentado Chris Nolan (director de Dark Knight) con dirección del también mencionado Zack Snyder.

...o Heath Ledger con el Joker, que se apropió del personaje hasta el punto de hipotecarlo para futuras películas.

…o Heath Ledger con el Joker, personaje del que se apropió hasta el punto de hipotecarlo para futuras películas.

DC no está inventando nada nuevo con este enfoque, simplemente está aplicando un patrón que ya dio excelentes resultados en los cómics de los 80, consistente en ‘oscurecer’ a sus personajes y bajarlos al terreno de lo prosaico, siguiendo la línea de clásicos como Watchmen, Superman El Hombre de Acero, Born Again, o Batman: Año Uno.

¿Responden estas dos maneras opuestas de abordar la figura del superhéroe a la ruta trazada para sus personajes desde cada editorial, o son la consecuencia de los nombres elegidos para liderar cada proyecto? ¿Se contrató a Nolan porque DC quería dotar a sus películas de un tono más sombrío y melancólica, o el hecho de que se eligiera a Nolan es lo que, a la postre, ha conferido este discurso a las nuevas adaptaciones del Universo DC? En el caso de Marvel, parece más claro que fue antes el huevo que la gallina, pues en Iron Man y en otras producciones posteriores, como Capitán América: El Primer Vengador, ya se apreciaba esta tendencia más aventurera y desenfadada (incluso con toques de comedia), directamente heredada de la versión Ultimate del Universo Marvel, que es la que realmente se está adaptando al cine. Dejo fuera de la ecuación las pelis de X Men y Spiderman por pertenecer las primeras a Fox y las segundas a Sony-Columbia, por lo que Marvel no tiene más implicación en ellas que la cesión de los derechos. Algo de lo que ahora se deben estar lamentando muy mucho, por cierto.

En cualquier caso, debemos felicitarnos de que ambas propuestas estén dando buenos resultados, pues aunque algún que otro chasco nos hemos llevado por el camino, el balance general está siendo muy superior a lo que muchos nos hubiéramos atrevido a soñar hace unos años. Sin embargo, hay algo en lo que los productores de ambas casas deberían empezar a pensar: ¿cuánto tiempo se puede explotar el filón superheroico? ¿No es previsible que el espectador, a medio o largo plazo, se canse de la misma temática y personajes? Quizás va siendo hora de que Marvel y DC, como productoras, consoliden este sello ‘autoral’ que comienzan a mostrar y lo apliquen a otro tipo de historias, unas que no tengan que salir necesariamente de las páginas de sus cómics, dando lugar a nuevas propiedad intelectuales (IPs que las llaman ahora) desarrolladas específicamente para el cine, sin que tengan que ceñirse a la temática superheroica. Desde luego, poseen la capacidad de reinvención y el flujo creativo para hacerlo.

After Watchmen

15 abril, 2013

watchmenBreve entrada para comentar que en los cómics Antes de Watchmen del presente mes de abril encontraréis mi último artículo para estas colecciones, titulado Generación Watchmen. En él analizo la influencia que la obra maestra de Alan Moore y David Lloyd ha tenido en diversos autores de la nueva ola, siendo el cierre a una trilogía de artículos destinada a evaluar el impacto del clásico de 1986 en la industria del cómic.

Estos tres artículos colectivos han acompañado a los textos específicos de cada colección que he venido escribiendo hasta ahora, labor en la que parece haberme tomado el relevo Felip Tobar, gran traductor y colaborador habitual de la casa. Sólo puedo decir que los 31 artículos que he escrito para Antes de Watchmen han sido una oportunidad de tratar a fondo la obra culmen del género, y espero que aquellos  que hayáis podido/querido leerlos hayáis disfrutado de ellos, al menos, la mitad de lo que yo querría, “y lo que yo querría es menos de la mitad de lo que la mitad de ustedes merece”.

Os dejo con el enlace al segundo artículo dedicado al “efecto watchmen” en el cómic norteamericano: El cómic después de Watchmen, continuación de El cómic antes de Watchmen, que ya enlacé aquí en su momento. En el caso de que ECC publique en su web el tercero, actualizaré la entrada para incluirlo.

Batman: La Noche de los Búhos

9 marzo, 2013

night owls cover

Este mes concluye la publicación en España de La Noche de los Búhos, primer arco argumental protagonizado por Batman en el ‘nuevo Universo DC’, así que va siendo hora de hacer balance y valorar detenidamente el trabajo realizado por Scott Snyder al frente de uno de los dos personajes más icónicos de la editorial. Vaya por delante que la historia que tenemos entre manos ha sido ensalzada tanto por el público como por la crítica, hasta el punto de que no pocos la han señalado como el mejor cómic publicado durante 2012. Por mi parte, y reconociendo muchas de sus virtudes, no me parece ni siquiera el mejor cómic publicado por DC durante el pasado año, dejándome la sensación de que este entusiasmo generalizado hacia el trabajo de Snyder y Greg Capullo responde más bien a su contraste con el bajo tono medio que sufre el cómic de superhéroes en general, y no tanto al hecho de que este primer arco argumental se pueda elevar a la categoría de un nuevo hito en la trayectoria del Hombre Murciélago, como algunos insisten en señalar.

La Noche de los Búhos es, desde luego, un buen comienzo; un cómic que recupera al Batman astuto y detectivesco de la mejor etapa de Alan Grant (si nos quedamos con el Batman de los 80 y 90), 0 al de los mejores guiones de Paul Dini y Greg Rucka (si nos fijamos en décadas más inmediatas), pero está muy muy lejos de las obras firmadas por gente como Alan Moore, Frank Miller o Grant Morrison… incluso de otras que, sin apuntar tan alto, sí han supuesto un referente reconocible en la historia reciente del personaje, recuperando valores como un sofisticado gusto por el surrealismo estético. Sí, me refiero a El Largo Halloween, del muy desconcertante (por irregular) Jeph Loeb. Estas comparaciones, de hecho, me parecerían por completo innecesarias si no fuera porque muchos entusiastas han insistido en colocar el trabajo de Snyder a ese nivel.

batman 2

Pero lo que nadie podrá achacarle a este equipo creativo es el haber pecado de falta de ambición. Snyder y Capullo inauguran la nueva continuidad del personaje con una historia que aspira a crear un elenco de enemigos digno de esta nueva etapa, además de buscar un golpe de efecto final de esos que dejan al lector sin aliento. Y en pos de esa empresa hacen muchas cosas bien, como la creación de un adversario abstracto, inaprensible, de esos que no puedes derrotar sólo con los puños, en la mejor tradición del personaje. Pero en su virtud radica también su defecto, y es que resulta difícil de creer que la existencia del Tribunal de los Búhos pudiera pasársele por alto a alguien tan metido en las tripas de Gotham como Batman. Supongo que es el problema de trabajar con un personaje cuyo pasado ha sido explotado hasta el más mínimo detalle; por más que intentes engrasarlos, cuando introduces nuevos elementos en su trasfondo algo chirría inevitablemente.

Aun así, aunque apliquemos la recurrida suspensión de la incredulidad, nos encontramos con otro problema que, muy probablemente, viene dado por imperativo editorial. Esta vez no es un chirrido de planteamiento, sino de desarrollo: la necesidad de implicar a toda la familia batmaniana (robins, nightwings, capuchas rojas, batgirls…) en el desarrollo de la trama. Aquí nos topamos con la decisión de ECC (juzgad vosotros si acertada o no, yo no tengo ganas) de incluir en las grapas españolas todos los crossovers de la saga, aunque pertenezcan a cabeceras que aquí no se publican. El resultado es que La Noche de los Búhos adolece de numerosos capítulos de vulgar relleno, con largas escenas de combate que no aportan nada al desarrollo y que provocan un inevitable bajón de calidad en el conjunto global. Durante la lectura uno no puede sustraerse a la idea de que, sin estos condicionantes editoriales, Scott Snyder podría haber abordado una trama más redonda, incluso más ambiciosa en su conclusión, pues al final parece desdecirse de algunos de sus principales golpes de efecto (tranquilidad, esta es una reseña spoiler free).

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De cualquier modo, y para no parecer incongruente con la valoración final, he de decir que a grandes rasgos este primer arco argumental posee una trama bien planteada, sin fisuras argumentales y con un desarrollo narrativo realmente entretenido (como es habitual en el autor). Además, cumple con la aspiración de aportar nuevos elementos a la mitología gothamita, algo que no muchos pueden decir, y tiene la incontestable virtud de contar con Greg Capullo a los lápices, probablemente el tipo que mejor ha dibujado a Batman en mucho tiempo. Tras concluir su lectura, lo peor es el regusto de que la historia ha sido penalizada por los constantes cruces con otras series, que se han traducido en un exceso de insulsas escenas de acción que han impedido dar más pábulo a la batalla psicológica del protagonista, con diferencia lo mejor del cómic (la escena del Caballero Oscuro perdido en el laberinto de los búhos es de antología). Sin esos lastres, quizás estaríamos hablando de un cómic bastante mejor. 7

¿Cómo eran los cómics antes de Watchmen?

13 febrero, 2013

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Breve entrada para comentaros que en los números de Antes de Watchmen publicados este mes de febrero podréis encontrar, además de mi habitual artículo específico para cada cabecera, un artículo común a todas las colecciones en el que se analiza las innovaciones que trajo a la industria la publicación del clásico de Alan Moore y Dave Gibbons, allá por 1986. Es el primero de una serie de artículos en los que iré desgranando la trascendencia de este cómic, que marcó un punto de inflexión como pocas obras logran en el medio al que pertenecen.

Por cierto, este mes la gente de ECC ha anunciado una nueva edición de Watchmen en español y la presencia de David Lloyd, ilustrador de V de Vendetta, en el inminente Salón del Cómic de Barcelona, con motivo de la reedición de dicha obra. Se ve que Alan Moore vuelve a estar de moda en España, para lograrlo sólo le ha hecho falta darse un paseo por Madrid. 😉

Pinchando aquí, enlace al artículo en la web de ECC. ¡Espero que lo disfrutéis! Y si tenéis dudas, ya sabéis.

Spaceman, postapocalípticos e integrados

20 enero, 2013

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Cuando uno le echa el guante a la nueva colaboración de Brian Azzarello y Eduardo Risso, dúo creativo de la muy celebrada 100 Balas, es inevitable que las expectativas coticen al alza, máxime cuando el último trabajo de Azzarello, la Wonder Woman del nuevo Universo DC, se ha destapado como una de las mejores series regulares que ahora mismo se están publicando en el mercado mainstream.

Y uno tiene la impresión de que el bueno de Azz ha intentado repetir la jugada con este miniserie de 9 números (convenientemente recopilada por ECC en un volumen en cartoné), ya que abandona el género hardboiled noir por el que es conocido y reconocido para adentrarse en un terreno con el que está menos familiarizado: el de la ciencia ficción. ¿Ha sido el resultado tan espectacular como Wonder Woman? Decididamente no.

Spaceman nos traslada a un futuro que oscila entre lo distópico y los post-apocalíptico, ya que la civilización parece dividida entre una sofisticada sociedad que vive en la riqueza y la abundancia, y un submundo de desfavorecidos que malviven en una suerte de vertedero de dimensiones continentales (y oceánicas). Esta división social es, al mismo tiempo, física, ya que una gran muralla separa ambos mundos impidiendo que los “descamisados” contaminen esa utopía de altas torres blancas y diseño “appleliano” (¿se me permite el deonomástico?). Pero la impermeabilidad no es total: los ciudadanos de uno y otro lado comparten un mismo interés por los reality shows emitidos a través de los medios de comunicación, que se convierten para aquellos que viven en la miseria en la única ventana a su alcance para asomarse a ese otro mundo feliz.

Este contexto futurista creado por los autores, que no es más que un reduccionismo de cómo funciona nuestro propio mundo (con un norte opulento y un sur pobre que sueña con la tierra prometida que vislumbran a través de la publicidad y los espectáculos globales como el fútbol), es la parte más inspirada de la historia. Sin embargo, cuando llega el momento de desarrollar un buen guion dentro de ese marco, el trabajo de Azzarello se resiente, no por la premisa, que parece interesante, sino por la manera en que se ha plasmado.

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El mejor ejemplo lo tenemos en su protagonista, que a priori resulta un personaje bastante llamativo y atípico, pero que (al menos al que esto suscribe) acaba por resultarle de los más inocuo: Orson, el “spaceman” del título, es el producto de un experimento desarrollado por la NASA para poder enviar hombres a Marte. Con una densidad ósea superior a la humana y una fortaleza física incrementada, este hombre de rasgos simiescos (como los primeros astronautas) arrastra una vida solitaria en el “lado malo” del mundo. Recolecta chatarra oceánica para ganarse la vida y su vida social se limita a una panda de golfillos callejeros (‘slum dogs’ futuristas) y a una relación esporádica con una ciberprostituta que desconoce que su cliente es una rareza diseñada mediante ingeniería genética. Con estos rasgos, uno podría pensar en un personaje complejo, nacido para grandes metas pero arrojado al fango como un Ícaro que voló demasiado alto, un ser frustrado que espera su oportunidad o, mejor aún, un sabio que ha aprendido a ser feliz con una vida sencilla pese a encerrar el potencial de un superhombre. Nada de eso, Orson es un personaje acomodado, un simplón al que le pasan cosas, pero que hace poco; y un protagonista sin iniciativa resulta un pecado del que es difícil redimirse.

La trama se pone en marcha cuando una muchacha, protagonista de un reality show de audiencia planetaria, es secuestrada y cae en manos de Orson por casualidades del destino. Éste se encuentra en la situación de tener que ponerla a salvo y devolvérsela a su televisiva familia, una guapa pareja de fuertes reminiscencias brangelínicas (segunda palabra inventada del día) que habita en un mundo de focos y decorados a lo Show de Truman. Azzarello salpica el desarrollo de la trama central con una serie de flashbacks en los que se nos muestra la expedición marciana de Orson, un desastre que llevó a la NASA a descartar su programa de astronautas alterados genéticamente.

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El caso es que Spaceman reúne unas cuantas buenas ideas, pero su lectura chirría y resulta poco satisfactoria, bordeando el abismos del aburrimiento en muchos momentos. Primero porque Azzarello falla a la hora de implicarnos con sus personajes y construir una trama que apasione: su guion se queda a medio camino entre la denuncia social y una historia de extraños fugitivos que, en muchos momentos, no sabemos por qué huyen. La sensación es algo difusa: como si las personas de esa sociedad futurista se movieran en una escala de valores diferente que nos impidiera comprender exactamente sus motivaciones (o quizás, simplemente, es que están mal explicadas). Por otra parte, durante toda la lectura uno tiene la impresión de que el mundo ideado por Azzarello y Risso está construido con retazos de cosas que ya hemos visto y leído antes, lo cual no tendría por qué ser malo si lograra cohesionar todos estos fragmentos y darles personalidad propia. El resultado, sin embargo, es más parecido a un monstruo de frankenstein disfuncional… o a un híbrido genético que no echa a andar del todo.

Lo mejor que se puede decir de Spaceman es que no es convencional, arriesgándose a meter en la batidora géneros tan dispares como la expedición espacial, las historias de fugitivos, las distopías antiabsolutistas de la ciencia ficción de los 50 o la denuncia social subyacente en las novelas de Charles Dickens. El problema es que una vez batido, el pastiche tiene un sabor bastante extraño que a más de uno le puede resultar indigesto. 6

 

Spaceman
Brian Azzarello y Eduardo Risso
DC Comics (Vertigo). Publicado en España por ECC Ediciones. Cartoné, 224 páginas, color, 20 €

Cómics para antes de Navidad

13 diciembre, 2012

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Se acerca la Navidad, una época propicia para leer cómics junto a la chimenea o a la luz del árbol, con una taza de chocolate calentándonos las manos y una buena historia calentándonos el alma. También es época de demostrar nuestro amor a aquellos que queremos regalándoles un tebeo encantador, de esos que nos arrancan una sonrisa con sólo recordarlos. ¿Os habéis puesto ya en situación? Bien, pues tomad lápiz y papel, ya que éste es el surtido navideño que os propone ‘¿No eres mayor para leer cómics?’: historias entrañables y bien contadas, propias para estos días en los que tenemos el buen rollo a flor de piel. Sí, sí, esta es la selección buena y no la de la FNAC, y los que no tengáis suficiente, recordad que en la lista navideña anterior tenéis recomendaciones igualmente vigentes. Vamos a ello:

Fábulas (Edición de Lujo): La multipremiada obra de Bill Willingham vuelve a las librerías en una edición en cartoné que entra por los ojos y que queda genial envuelta en papel de regalo. Los que no pudierais leerla en su momento, sabed que los protagonistas de Fábulas son aquellos personajes que todos conocemos de nuestros cuentos infantiles, exiliados en nuestro gris mundo de realidad a causa de un mal que se extiende por su reino de ensueño. Ojo, no es un cómic infantil, y si a algunos el argumento os suena a Érase una vez, es porque la serie de ABC es una copia de la premisa de este cómic magistral.

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Jesús y Buda

Las Vacaciones de Jesús y Buda: Aunque a veces se nos olvida, la Navidad es una fiesta religiosa, así que no estaría de más ponernos un poco místicos… si no fuera porque este manga es uno de los tebeos más irreverentes del año. Las Vacaciones de Jesús y Buda es una historia que sólo tiene sentido en la mente de un autor japonés como Hikaru Nakamura: los dos protagonistas (sí, los del título) abandonan sus tronos celestiales para tomarse un respiro. Para ello deciden compartir piso en el centro de Tokio y vivir como dos jóvenes mortales. Una historia tan surrealista como divertida, con un sentido del humor bastante peculiar. ¿El problema? Que Norma abusa un poco del precio.

Persépolis: El cómic autobiográfico de Marjane Satrapi por fin tiene edición de bolsillo, así que ha llegado el momento de rescatar esta pequeña maravilla costumbrista que nos narra la vida de una mujer iraní educada según los valores occidentales, lo que la lleva a mantener una relación de amor-odio con su país. Novela gráfica multipremiada en Europa y ganadora al Harvey al mejor cómic no norteamericano en 2004, Persépolis es uno de esos must have que muchos descubrieron a raíz de su adaptación cinematográfica, y que sigue siendo una obra de fondo en cualquier biblioteca.

Superman Byrne

Superman: El Hombre de Acero: Si ya habéis visto el trailer de la nueva peli de Superman, dirigida por Zack Snyder y producida por Chris Nolan, a nadie le puede caber duda de que 2013 será el año del kriptoniano. ¿Y que mejor manera de empezarlo que leyendo el que, para muchos (entre los que me incluyo) es el mejor cómic de Superman que se ha escrito? Publicado originalmente en 1986 y convenientemente reeditado por ECC en edición de lujo, este Superman: El Hombre de Acero reúne toda la etapa de John Byrne al frente del personaje. Al autor canadiense se le encomendó la labor de reescribir el origen y renovar al superhéroe más icónico, adaptándolo al nuevo universo DC emergido de Crisis en Tierras Infinitas. Ni corto ni perezoso, Byrne firmó el que probablemente sea el mejor trabajo de su carrera, legando a la posteridad un cómic que se ha convertido en el canon según el cual escribir a Clark Kent desde entonces.

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Mouse Guard: Escrita y dibujada por David Petersen, Mouse Guard es una de esas pequeñas maravillas que juegan en la misma división que Bones o Usagi Yojimbo: cómics de autor, relativamente minoritarios pese a los premios obtenidos, que nos hacen mantener la fe en el medio como algo más que vehículo de aventuras protagonizadas por enmascarados hipertrofiados. Con un ritmo de publicación bastante lento, debido al detallismo gráfico de su autor, esta serie nos traslada a un mundo fantástico medieval habitado por ratones que deben enfrentarse a una insólita amenaza. Norma ha publicado los dos primeros arcos argumentales en sendos volúmenes (Mouse Guard: Otoño 1152 y Mouse Guard: Invierno 1152), más una historia paralela ilustrada por Ted Naifeh.

Watchmen: El clásico de Alan Moore y Dave Gibbons vuelve a estar de moda gracias a la publicación de su precuela, Antes de Watchmen, desde este mes de diciembre; así que ya tenemos excusa para recuperar una de las mejores obras de la literatura moderna. Tampoco es un cómic muy navideño, cierto, pero a aquellos que no lo han leído debe haberles picado la curiosidad al ver el revuelo que ha armado su segunda parte. Y los que ya lo conocéis, ya sabéis que cualquier excusa es buena para releer esta obra maestra atemporal.

Los muertos vivientes: En estos días de consumismo desaforado, la obra que ha traído de vuelta la moda zombi resulta ideal para poner las cosas en perspectiva y recordarnos que lo importante es estar en buena compañía. La edición integral que se ha cascado Planeta puede resultarnos un poco cara (40 euros el tomo, en el margen de precios habituales del formato) pero es una magnífica manera de hacerse con uno de los cómics más relevantes (y adictivos) de los últimos años. Un regalazo con el que acertáis seguro.

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Usagi Yojimbo: Los que sigan habitualmente este blog ya saben que Usagi es una de mis debilidades, y mi excusa para recomendarlo este año es que Planeta por fin ha cambiado su política de publicación: en lugar de un tomo al año, lo que venía siendo un castigo para los seguidores del conejo samurái, a lo largo de 2012 se han publicado ¡cuatro volúmenes! El último de ello, La caza del zorro, resulta ideal para adentrarse en las aventuras de este ronin orejudo que recorre el Japón del Período Edo. Y es que una de las peculiaridades de la colección escrita y dibujada desde hace dos décadas por Stan Sakai es que sus recopilatorios se pueden leer de forma independiente, por lo que cualquiera es bueno para descubrir al personaje y su mundo. La caza del zorro recupera al mejor Sakai, trayendo de nuevo esa mezcla perfecta entre sentido del humor y el dramatismo de un Japón feudal fielmente representado. Esa es la receta única de este cómic y lo que lo convierte en una auténtica delicia.

Y con eso terminamos por hoy. Espero que estas recomendaciones os hayan resultado de utilidad; por supuesto, serán bienvenidos los comentarios con vuestras propuestas y preguntas. Mientras tanto, ¡felices fiestas!