Archive for the ‘Cómic USA’ category

El origen de una saga

13 octubre, 2014

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El cómic es un medio relativamente nuevo, aún en evolución, lo que hace que las grandes obras del medio lo sean, entre otras cosas, por traer una serie de innovaciones (a nivel narrativo o argumental) que otros se apresuran a imitar hasta convertirlas en tendencia. En lo que llevamos de siglo, sin embargo, comienzan a aparecer una serie de autores que no buscan romper con lo precedente (más bien al contrario, tienen una serie de referencias claras sobre las que les gusta trabajar, e incluso homenajear), pero cuya falta de transgresión no impide que sus obras rayen a un nivel verdaderamente elevado. Y si Sostiene Pereira, la novela que Antonio Tabucchi publicara en 1994, se considera uno de los máximos exponentes de la novela moderna europea precisamente por condensar con maestría las técnicas narrativas precedentes, este Saga, de Brian K. Vaughan y Fiona Staples, puede ser uno de los mejores ejemplos de lo que es el gran cómic moderno estadounidense.

Saga nos cuenta la historia de Alana y Marko, dos soldados de sendos ejércitos planetarios en guerra eterna, que se conocen como enemigos, pero entre los que acaba surgiendo un amor impío condenado por ambas razas. Los jóvenes prefieren convertirse en desertores a renunciar a sus sentimientos, y es durante su huida cuando engendran a Hazel, la hija de ambos al tiempo que narradora no-nata del relato. De este modo, Vaughan articula su historia como una road story que tiene un poco de comedia romántica, otro poco de drama bélico, y un mucho de space opera.

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Y es que resulta imposible que la sinopsis de Saga no nos suene a un refrito de referencias dispares que van desde Star Wars a Firefly, pasando por clásicos literarios como Romeo y Julieta o videojuegos como Mass Effect. Intertextualidad transgénero a mansalva que puede hacer sospechar al lector desconfiado de la calidad del producto. Pero entonces miras los galardones cosechados (nada menos que tres Eisner a “mejor serie continuada”, “mejor serie nueva” y “mejor escritor” en 2013, y un premio Hugo a la mejor historia gráfica ese mismo año) y te dices que algo debe tener. Y vaya si lo tiene. Desde luego, Saga no inventa nada nuevo, pero todo lo que hace lo hace endiabladamente bien.

Vaughan no se ve forzado por la exigencia de ser original y rompedor que algunos escritores se autoimponen; ni tampoco por la necesidad de encuadrarse en una moda (condición diametralmente opuesta que, habitualmente, viene de los editores). Se nota desde la primera página que Image Comics ha dado vía libre al autor para hacer lo que le dé la real gana, y Vaughan lo hace de manera gloriosa. No se limita a géneros, no se limita a convencionalismos, hay humor, hay gore, hay niñeras fantasmas grotescamente amputadas, hay sexo interracial (pero sexo de verdad, e interracial de verdad), hay una protagonista femenina que no para de decir tacos y a la que le encanta follar con su marido, y un protagonista masculino mucho más sensible, recatado y sensato que su esposa, hay relaciones familiares complicadas, villanos con el corazón roto a los que quieres que las cosas les salgan bien (pero no del todo, claro). Hay muchos elementos en Saga que no solemos ver juntos en una misma historia, pero que de algún modo encajan a la perfección en el universo que han creado los autores. Lo cierto es que la lectura de los tres primeros volúmenes publicados por Planeta resulta tan placentera que sólo lamento que no se trate de una novela gráfica autoconclusiva, porque sabes que nadie es capaz de mantener tal torrente creativo, tal estado de iluminación, en una serie regular.

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Abro el pertinente párrafo para hablar de la dibujante, Fiona Staples, a la que he tenido el placer de descubrir en este tebeo. He de decir que mi relación con su trabajo ha tenido sus altibajos a lo largo de los tres tomos: empecé embelesado por el mundo colorido desplegado por la artista canadiense, que crea un fascinante contraste con la explícita brutalidad y sexualidad de algunos pasajes de la historia. Luego comenzó a molestarme esa tendencia por no entintar los fondos que algunos autores norteamericanos han decidido adoptar (sospecho que más por su conveniencia a la hora de cumplir los plazos que por un resultado estético), y es que, como algunos han criticado, provoca una extraña disociación entre las figuras y el fondo. Pero a medida que van pasando los capítulos todo empieza a encajar, como una película rodada al transfoque, pues ciertamente no se puede decir que el mundo de Saga carezca de detalles o personalidad, mientras que sus personajes poseen una potencia expresiva fascinante. A lo que hay que sumar la excelente labor de la ilustradora a la hora de crear un imaginario interplanetario de lo más variopinto, tanto en lo referente a escenarios como a las razas y personajes que lo pueblan. El balance final es que Saga me resulta, junto con Sandman: Overture y Ojo de Halcón, uno de los cómic mejor dibujados de cuantos se están publicando actualmente.

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En definitiva, y por si no había quedado claro, con todo esto intento deciros que Saga es probablemente el mejor cómic que he leído este año, y sin duda alguna, una de las colecciones de referencia del mercado norteamericano (algo a lo que Image nos está acostumbrando últimamente). Saga es una obra adulta, divertida, compleja pero, sobre todo, es honesta. Está claro que es un producto de entretenimiento (pocos cómics, novelas o películas no lo son), pero es uno que no está creado al servicio de la industria, sino al servicio de la satisfacción personal de su creador, que ha permitido volar su imaginación sin ninguna cortapisa. Se percibe a cada página que los autores están disfrutando con lo que hacen, y no existe mayor garantía de calidad que ésa. 9

47 Ronin, la epopeya samurái vista por el cómic USA

19 marzo, 2014

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La leyenda de los 47 ronin vuelve a estar de moda merced a la (inefable) adaptación cinematográfica llevada a cabo por Hollywood. Pero este volumen de 150 páginas publicado por Planeta –recopilación de la miniserie de cinco números de Dark Horse Comics– poco tiene que ver con el blockbuster protagonizado por Keanu Reeves (gracias al cielo y a los “ocho millones de kamis”, he de añadir). De hecho, la aproximación a la historia es diametralmente opuesta: si la versión cinematográfica dirigida por Carl Rinsch era una suerte de abominación hipertrófica, la adaptación realizada por Mike Richardson y StanUsagi YojimboSakai es sutil, inteligente y decididamente respetuosa con un relato, mitad Historia mitad mito, que forma parte del imaginario cultural japonés. No en vano, el propio Richardson se encarga de citar el viejo dicho de que “conocer la historia de los 47 ronin es conocer Japón”.

El problema es que conocer la realidad en torno a dicho suceso no resulta tan sencillo. Los acontecimientos relativos a los 47 ronin, en efecto, sucedieron (las 47 tumbas de estos guerreros samuráis se pueden visitar en el templo Sengaku-ji, en Tokio), pero como ocurre con otros muchos eventos y personajes de la historia japonesa pre-moderna, los hechos saltaron inmediatamente a la narrativa popular: representaciones de kabuki, teatro de marionetas bunraku, poesía, grabados ukiyo-e, cuentacuentos… Todos contribuyeron a popularizar la hazaña de los 47 ronin casi desde el mismo día de los acontecimientos, pero también distorsionaron los hechos y a sus protagonistas, los exageraron, los deformaron y, en definitiva, los dramatizaron.

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En esencia, 47 Ronin narra la venganza llevada a cabo por los samuráis del señor feudal Asanao Takumi-Naganori después de que éste se suicidara por orden del shogún tras un conflicto con el funcionario Kira Yoshinaka. Según la historia, Kira, ofendido por las reiteradas negativas de Asano a pagar los sobornos a los que los funcionarios estaban habituados, tiende una trampa al señor de la provincia de Ako: conocedor del orgullo de los grandes daimios, aprovecha un encuentro privado en el palacio de los Tokugawa para humillar y provocar al señor Asano hasta que éste desenfunda su espada para hacerle callar, un gesto castigado con la muerte en la residencia del shogún. Esta es la premisa común a todas las adaptaciones de la leyenda de los 47 ronin, que posteriormente se centran en explicar cómo Oishi Kuranosuke Yoshio, jefe de los samuráis del señor Asano, entrega el castillo de su amo acatando la ley del shogún, sólo para consagrar el resto de su vida a la elaborada venganza que ha de restituir el honor de su señor.

Sobre esta historia base hay un sinfín de variaciones que ponen el énfasis en uno u otro aspecto del relato, hasta el punto de que resulta difícil conocer cómo sucedieron realmente los acontecimientos. Mike Richardson, guionista del cómic a la sazón que fundador de Dark Horse, aborda el proyecto, no obstante, con la devoción de un amante de la cultura japonesa en general y un devoto de esta leyenda en particular. Esto se traduce en que la versión de los 47 ronin que tenemos entre manos se cimienta en un amplio trabajo de documentación acometido por Richardson durante casi dos décadas, con el asesoramiento (intuimos que resignado) de un mito del manga: Kazuo Koike, autor de El lobo solitario y su cachorro, quizás el cómic de samuráis más importante de todos los tiempos, publicado en Estados Unidos precisamente por Dark Horse. Con esta sólida base documental, el guion elaborado por Richardson dibuja una versión estilizada de los acontecimientos, carente de histrionismo y grandes exageraciones, pero con una idealización de los personajes y de la figura del samurái digna de los manuales de Yamaga Soko. Nada que achacarle, pues no estamos ante un trabajo de reconstrucción histórica, sino ante un relato de ficción que busca entretener al tiempo que es consecuente con la supuesta realidad de los acontecimientos.

Sin embargo, donde el guionista no ha querido hacer concesiones es a la hora de recrear con total fidelidad los ambientes y detalles del Japón del periodo Edo: arquitectura de los castillos, escenarios interiores, el emblema de los clanes, el aspecto de los ciudadanos de la gran metrópolis feudal, sus usos a la hora de vestir, de desenvolverse… incluso sus poses a la hora de sentarse o de comer. Todo ello debía estar recreado de manera minuciosa y fidedigna. Creo no equivocarme si digo que fuera de Japón sólo existe un autor con un conocimiento tan profundo del periodo histórico y de la cultura samurái como pretendía Richardson, un autor que, para colmo, trabajaba en su propia editorial: Stan Sakai.

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El creador de Usagi Yojimbo no sólo aporta su experiencia a la hora de trasladar los ambientes y personajes del Japón feudal a la viñeta, sino que embebe todo el relato de su peculiar estilo narrativo, con ilustraciones próximas al cartoon y una cadencia pausada que nos permite deleitarnos en los matices de la historia y de los personajes. Apenas hay sangre en las páginas dibujadas por Sakai, la violencia se encuentra estilizada, carente de brutalidad o realismo, pero la expresividad de sus samuráis, la dignidad de sus rostros o la profunda determinación de sus acciones están representadas con una potencia sólo al alcance de un maestro de la sencillez. En esta época en la que el cómic norteamericano gusta de abusar de viñetas mastodónticas y splashpages, resulta casi balsámico toparse con la narración comedida de Stan Sakai. Especial atención al uso del código de colores, con una paleta dominante para cada estación del año, o a cómo cada capítulo comienza desde la perspectiva de unas ramas de cerezo, cuyas flores nos indican, igualmente, el periodo del año y el desarrollo de los acontecimientos. Atención también a las tres últimas viñetas del volumen; no desvelaré nada, pero cuántos ilustradores no hubieran optado por la espectacularidad para plasmar la escena, por un gran pin-up de lucimiento personal. Sakai, sin embargo, lo resuelve con absoluta sencillez, con viñetas pequeñas que te sobrecogen, con la aplastante potencia de la simplicidad.

No suele haber muchos buenos cómics de samuráis producidos en Occidente. 47 Ronin lo es, tanto por el respeto con el que aborda la leyenda japonesa como por la implicación personal de sus autores, que si bien pueden haber aprovechado el tirón comercial que aporta toda superproducción hollywoodiense, nos ofrecen un cómic que, a todas luces, no es un trabajo oportunista. 8

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Mike Richardson y Stan Sakai
Dark Horse Comics. Publicado en España por Planeta. Rústica, 152 páginas, color, 12,95 €

Battling Boy, semidiós en camiseta

18 febrero, 2014

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¿Qué nos sale si metemos en una batidora un panteón de dioses de reminiscencias nórdicas/metaleras, una nación azotada por oleadas de monstruos salidos de la nada cuales kaijus, un héroe pulp a medio camino entre Rocketeer y Batman, y al hijo de un dios enviado a otro mundo para combatir el mal, todo ello sazonado con un ritmo narrativo más propio del manga que del cómic USA? Pues nos sale Battling Boy, la nueva y muy personal obra del polifacético Paul Pope, que lo mismo te escribe 100% que te diseña una línea de ropa.

Por si aún no os imagináis de qué va Battling Boy, os diré que se desarrolla en una ciudad-nación llamada Arcópolis, asediada por sucesivas oleadas de monstruos que obligan a vivir a su población en un estado de terror y casi permanente toque de queda. La única arma eficaz para combatir este ejército carente de objetivo o cabeza visible es el guerrero local Haggard West, una suerte de trasunto de varios héroes de la literatura pulp que ha conseguido, merced a sus habilidades y peculiar arsenal, establecer una línea de defensa para la ciudad. Lamentablemente, West cae fulminado en la primera escena de esta historia, con lo que los habitantes de Arcópolis parecen abocados a su extinción. Hasta que hace acto de presencia un nuevo tipo de héroe, uno muy distinto al que hasta ahora dirigían sus plegarias: un muchacho de 13 años de aire desenvuelto y look muy a lo factoría Disney.

Lo cierto es que ya habíamos saboreado los distintos ingredientes de Battling Boy, pero nunca los habíamos probado todos juntos. El héroe local caído y su joven sidekick que intenta tomar su lugar, el país bajo asedio, un superhéroe descendido de los cielos, unos malvados que ocultan intenciones más complejas que el simple caos aparente… Parecen retazos de distintas historias, pero están remendados con un hilo que habitualmente hace que todo case: el humor, el no tomarse nada en serio. Y es que Battling Boy también tiene algo de serie de Cartoon Network.

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Hacía tiempo que no leía un cómic que apostara tan a fondo por el factor lúdico. No hay dobles ni triples intenciones, ni más capas de lecturas que las evidentes (y el que las encuentre que lo deje ya, porque está sobreinterpretando). A grandes rasgos, Battling Boy es un helado al que su autor le ha echado todo lo que le gusta: chocolate, sirope de fresa, especias y virutas de colores. Quizás la mezcla no sea de tu gusto, quizás no sea el alimento más equilibrado, pero vive Dios que tiene personalidad y pega duro. Y al mismo tiempo, si eres capaz de paladear todo lo que hay bajo la costra de caramelo, encuentras una fórmula depurada y de textura agradable, como la de un buen artesano italiano.

Todo ello convierte a Battling Boy en un rara avis dentro del mercado del cómic norteamericano. Incluso cuando las editoriales dejan a sus autores libertad creativa, estos tienden a ceñirse a una serie de patrones habituales en la industria, bien sea porque la supuesta libertad no es tanta, bien porque hay que ofrecerle al público algo similar a lo que está acostumbrado. Es fácil, hojeando un cómic, ver a qué tipo de lector está orientado. No pasa eso con esta obra; tras leer este primer volumen que abarca la mitad del primer arco argumental, aún no sé si está dirigido a treintañeros que crecieron con los cómics de superhéroes, a chavales que quieren la acción directa y colorida de Hora de Aventuras, al indie que disfruta de la fórmula Scott Pilgrim o al cincuentón que aún recuerda con nostalgia el cómic pulp de Doc Savage… Bueno, quizás a éste no, pero os aseguro que Battling Boy es disfrutable por lectores que pueden ir desde los 15 a los 30 y pico años, y lo mejor es que resulta así por su propia idiosincrasia, no por un cálculo de mercadotecnia. Incluso si sois de los que no os conformáis con el mero entretenimiento y buscáis trasfondos sólidos y personajes complejos, puede que el trabajo de Pope os sorprenda, porque nada resulta tan evidente ni tan cliché como pudiera parecer en un principio.

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Respecto al estilo visual de la obra, reconozco que el trazo deshilachado de Pope, que tanto recarga algunas viñetas, no fue lo que más me sedujo cuando hojeé el volumen en la librería. Pero poco a poco, según pasaba las páginas, me iba encontrando más cómodo en ese mundo de colores planos y diseños de personajes que oscilan entre lo paródico, lo pop y lo épico. Y más allá de tus preferencias personales en cuanto a ilustradores, hay que reconocer que Paul Pope tiene un don para componer páginas y dotarlas de un ritmo endiablado, tanto que la narración secuencial te absorbe pese al pequeño formato del volumen publicado por DeBolsillo. A este respecto sólo criticaré la labor de rotulación: por algún ignoto motivo, la editorial española ha decidido emplear una fuente diferente a la original, no sólo más fea, sino también más difícil de leer. Y si exigimos fidelidad en los formatos y las traducciones, no sé por qué no debería exigirse también en la rotulación. Sobre todo cuando se cambia para peor.

Y ojo, aunque no lo ponga por ninguna parte, el volumen que nos ocupa no es una novela gráfica, sino la mitad del primer arco argumental. Tirón de orejas a los editores que siguen sin dar toda la información al lector, no vaya a ser que se retracte de la compra al descubrir que no tendrá la historia completa. Pero más allá de maniobras editoriales censurables, bien por DeBolsillo y su apuesta por ir trayendo cómics independientes que, de otro modo, puede que no encajaran en el catálogo de las editoras especializadas. 7

Battling Boy (1 de 2)
Paul Pope
First Second Books. Publicado en España por Debolsillo. Rústica, 202 páginas, color, 14,95 €

Primer vistazo a ‘The Sandman: Overture’

27 diciembre, 2013

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Texto sólo apto para impacientes, pues hasta ahora Vertigo tan sólo ha publicado el primer número de esta precuela de The Sandman que, tal como se esperaba, tendrá una periodicidad bimestral, con lo que el próximo aparecerá en USA durante el mes de enero. Se trata de una miniserie (o “serie limitada”, como se decía en los tiempos de Forum) de seis números que narrará los acontecimientos previos a la primera saga protagonizada por Morfeo, publicada allá por octubre de 1988.

¿Impresiones? Antes de comprar el primer número en ComiXology tenía claro que me encontraba ante otro producto diseñado por DC para explotar el prestigio de sus viejas glorias (remember, remember Before Watchmen), pero indistintamente de que este tipo de maniobras comerciales me parezcan más o menos respetables, tenía la esperanza/confianza de que el hecho de que Neil Gaiman, autor de la obra original, estuviera a cargo del proyecto elevara la colección por encima de la mediocridad. Y tras leer este Overture el retrogusto que queda en el paladar es que el Señor del Sueño ha vuelto. El genuino, el de verdad.

Vaya por delante que sólo hablo de apreciaciones, me parece un poco ridículo escribir una reseña de estas 27 páginas que apenas esbozan un prólogo (pero vaya prólogo). Esta claro que a Mr. Gaiman no le pesa volver al medio y al personaje que le lanzaron a la fama. A pesar de su bien merecido éxito como novelistas, se emplea a fondo en este (nuevo) retorno a los cómics y pone en pie un guion que, si se me permite, parece incluso más rico que los de la obra original, pues se apoya en recursos narrativos más complejos que los que manejaba hace 25 años. Otra cosa es si será capaz de desarrollar una trama de calidad, si realmente le quedan más historias que contar sobre el personaje (reconozco que el recurso de la precuela me disgustaba por manido), pero en cuanto a prosa y profundidad narrativa, creo que nos encontramos ante un The Sandman mejor. Gaiman se permite incluso jugar un poco con los lectores que aún recuerdan la vieja saga inaugural –Preludios y Nocturnos–, haciéndonos creer que la irresistible llamada  a la que debe acudir Morfeo es de muy distinta naturaleza a la que resulta ser. Y hasta aquí puedo leer, ya sabéis, “spoiler danger”. Pero esta travesura me parece un guiño del autor, un “no he venido aquí a parasitar viejas ideas”.

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Esta segunda aproximación al personaje no sólo me parece más estilizada a nivel literario, también a nivel visual, y es que si el aspecto gráfico del Sandman original era su punto más flojo (al menos para mí), el trabajo de James H. Williams III en este capítulo inicial me parece sencillamente excepcional. Para muestra la portada que se marca el exilustrador de Catwoman, que me parece una de las más bonitas de este año que concluye. Williams da rienda suelta a un desfile de splash-pages dobles que envuelven y subrayan los textos de Gaiman, sus ilustraciones desbordan las viñetas y se confunden como los recuerdos de un sueño. Y pese a todo, la lectura resulta sencilla y ordenada. Me parece un trabajo tan bueno como el del guionista, y la impresión final tras leer el cómic es que ambos sentían que tenían algo que demostrar, cada uno por distintos motivos.

Veremos qué nos depara este retorno al reino de Morfeo. Personalmente, espero no despertar de un mal sueño.

Marvel/Disney y DC/Warner: dos maneras de entender el cine de superhéroes

12 mayo, 2013

El Mandarín esconde un secreto que no ha gustado a todo el mundo.

La tercera entrega cinematográfica de Iron Man, pese a la disparidad de opiniones que ha suscitado entre el fandom (no así entre la crítica, a la que parece haberle caído en gracia),  se ha convertido en un magnífico ejemplo de lo que podemos empezar a considerar el estilo Marvel de hacer cine.Y es que la veterana editorial neoyorquina, reconvertida en exitosa productora que sigue publicando cómics por mera tradición, parece haber decidido que sus últimas adaptaciones tengan un tono común basado en la desdramatización, el espectáculo díscolo y el sentido del humor. Bajo esta propuesta, que dio comienzo con la primera Iron Man y parece haber alcanzado su cénit (al menos por ahora) con la estupenda The Avengers, subyace una visión bastante inteligente de cómo hacer cine de superhéroes, consistente básicamente en no tomárselo demasiado en serio. Al fin y al cabo, estamos hablando de gente en mallas, ¿no?

Esta visión honesta del material original ha permitido a Marvel mantener una apuesta principalmente lúdica que, en varios casos, está dando estupendos e inesperados resultados. Para empezar, porque no le han perdido el respeto al espectador y no han caído en el error, tan extendido hoy día en Hollywood, de confundir el cine palomitero con cine barato (y no me refiero al presupuesto). Parece que Marvel aprendió bien la lección en los 90 (cuando la fuga de talentos de las grandes editoriales de cómics supuso una debacle en ventas), y a sabiendas de que no basta un personaje popular  para vender el producto, ha puesto sus mayores producciones en manos de gente de la industria que conoce (y respeta) el material original, y que han sabido desbrozarlo de lo que no funcionaría en las salas potenciando aquello que sí encaja en el medio cinematográfico. Y entre los  artífices de esta adaptación de la viñeta al celuloide digital, nadie duda de que el nombre a destacar es el de Joss Wheddon, director de Los Vengadores y, a la sazón, consultor de cualquier película Marvel que se haga a partir de ahora.

Pocas veces un actor se ha hecho tanto (y tan bien) con su personaje como Robert Downey Jr. con Tony Stark...

Pocas veces un actor se ha mimetizado tanto con su personaje como Robert Downey Jr. con Tony Stark…

Los Vengadores debía ser el buque insignia de esta traslación a la gran pantalla del Universo Marvel, y alguien en Disney tuvo la sabiduría (o la suerte) de poner el proyecto en manos de un director con un impresionante sentido lúdico y una elegancia narrativa bastante infrecuente en el actual cine de aventuras. Así, Wheddon supo aprovechar lo que heredaba de sus predecesores, principalmente un buen elenco en el que destaca un arrebatador Robert Downey Jr., y aportar su propio sello de director/productor/guionista con pulso quirúrgico para diseñar gags y fastuosas escenas de acción. El resultado fue una de las mejores cintas palomiteras que se recuerda en años, con la rara virtud de gustar por igual al fan, a la crítica y al público medio. No es de extrañar que Marvel haya decidido que, a partir de ahora, ésta sea su Biblia y Joss Wheddon su profeta.

Y en el otro extremo del espectro tenemos a DC Comics/Warner y su pequeño milagro, que no es otro que lograr que volvamos a tomarnos en serio la figura del superhéroe atormentado. Para ser honestos, el logro es más bien de Chris Nolan y quizás (un poquito) de Zack Snyder, cuya adaptación de Watchmen es bastante mejor de lo que a todos nos pareció la primera vez que la vimos. ‘La Distinguida Competencia’ ha decidido humanizar a sus héroes, subrayar la solemnidad de su sacrificio y el sentido dramático de sus motivaciones, y lo ha logrado principalmente a través del oscurantismo épico de su trilogía Dark Knight, que ha devuelto el prestigio cinematográfico a un personaje defenestrado tras las aberraciones filmadas por Joel “el Enemigo Definitivo de Batman” Schumacher. Tan buenos resultados ha dado la fórmula, que la re-revisión de Superman que se estrenará el próximo mes de julio, The man of steel, mantendrá ese enfoque ‘shakespeariano’ de la figura del superhéroe, ofreciéndonos una visión más íntima y humana del kriptoniano. Y para mantener la coherencia con el tono que DC quiere dar a su nuevo universo cinematográfico, la producción ha corrido a cargo del ya mentado Chris Nolan (director de Dark Knight) con dirección del también mencionado Zack Snyder.

...o Heath Ledger con el Joker, que se apropió del personaje hasta el punto de hipotecarlo para futuras películas.

…o Heath Ledger con el Joker, personaje del que se apropió hasta el punto de hipotecarlo para futuras películas.

DC no está inventando nada nuevo con este enfoque, simplemente está aplicando un patrón que ya dio excelentes resultados en los cómics de los 80, consistente en ‘oscurecer’ a sus personajes y bajarlos al terreno de lo prosaico, siguiendo la línea de clásicos como Watchmen, Superman El Hombre de Acero, Born Again, o Batman: Año Uno.

¿Responden estas dos maneras opuestas de abordar la figura del superhéroe a la ruta trazada para sus personajes desde cada editorial, o son la consecuencia de los nombres elegidos para liderar cada proyecto? ¿Se contrató a Nolan porque DC quería dotar a sus películas de un tono más sombrío y melancólica, o el hecho de que se eligiera a Nolan es lo que, a la postre, ha conferido este discurso a las nuevas adaptaciones del Universo DC? En el caso de Marvel, parece más claro que fue antes el huevo que la gallina, pues en Iron Man y en otras producciones posteriores, como Capitán América: El Primer Vengador, ya se apreciaba esta tendencia más aventurera y desenfadada (incluso con toques de comedia), directamente heredada de la versión Ultimate del Universo Marvel, que es la que realmente se está adaptando al cine. Dejo fuera de la ecuación las pelis de X Men y Spiderman por pertenecer las primeras a Fox y las segundas a Sony-Columbia, por lo que Marvel no tiene más implicación en ellas que la cesión de los derechos. Algo de lo que ahora se deben estar lamentando muy mucho, por cierto.

En cualquier caso, debemos felicitarnos de que ambas propuestas estén dando buenos resultados, pues aunque algún que otro chasco nos hemos llevado por el camino, el balance general está siendo muy superior a lo que muchos nos hubiéramos atrevido a soñar hace unos años. Sin embargo, hay algo en lo que los productores de ambas casas deberían empezar a pensar: ¿cuánto tiempo se puede explotar el filón superheroico? ¿No es previsible que el espectador, a medio o largo plazo, se canse de la misma temática y personajes? Quizás va siendo hora de que Marvel y DC, como productoras, consoliden este sello ‘autoral’ que comienzan a mostrar y lo apliquen a otro tipo de historias, unas que no tengan que salir necesariamente de las páginas de sus cómics, dando lugar a nuevas propiedad intelectuales (IPs que las llaman ahora) desarrolladas específicamente para el cine, sin que tengan que ceñirse a la temática superheroica. Desde luego, poseen la capacidad de reinvención y el flujo creativo para hacerlo.

After Watchmen

15 abril, 2013

watchmenBreve entrada para comentar que en los cómics Antes de Watchmen del presente mes de abril encontraréis mi último artículo para estas colecciones, titulado Generación Watchmen. En él analizo la influencia que la obra maestra de Alan Moore y David Lloyd ha tenido en diversos autores de la nueva ola, siendo el cierre a una trilogía de artículos destinada a evaluar el impacto del clásico de 1986 en la industria del cómic.

Estos tres artículos colectivos han acompañado a los textos específicos de cada colección que he venido escribiendo hasta ahora, labor en la que parece haberme tomado el relevo Felip Tobar, gran traductor y colaborador habitual de la casa. Sólo puedo decir que los 31 artículos que he escrito para Antes de Watchmen han sido una oportunidad de tratar a fondo la obra culmen del género, y espero que aquellos  que hayáis podido/querido leerlos hayáis disfrutado de ellos, al menos, la mitad de lo que yo querría, “y lo que yo querría es menos de la mitad de lo que la mitad de ustedes merece”.

Os dejo con el enlace al segundo artículo dedicado al “efecto watchmen” en el cómic norteamericano: El cómic después de Watchmen, continuación de El cómic antes de Watchmen, que ya enlacé aquí en su momento. En el caso de que ECC publique en su web el tercero, actualizaré la entrada para incluirlo.

Batman: La Noche de los Búhos

9 marzo, 2013

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Este mes concluye la publicación en España de La Noche de los Búhos, primer arco argumental protagonizado por Batman en el ‘nuevo Universo DC’, así que va siendo hora de hacer balance y valorar detenidamente el trabajo realizado por Scott Snyder al frente de uno de los dos personajes más icónicos de la editorial. Vaya por delante que la historia que tenemos entre manos ha sido ensalzada tanto por el público como por la crítica, hasta el punto de que no pocos la han señalado como el mejor cómic publicado durante 2012. Por mi parte, y reconociendo muchas de sus virtudes, no me parece ni siquiera el mejor cómic publicado por DC durante el pasado año, dejándome la sensación de que este entusiasmo generalizado hacia el trabajo de Snyder y Greg Capullo responde más bien a su contraste con el bajo tono medio que sufre el cómic de superhéroes en general, y no tanto al hecho de que este primer arco argumental se pueda elevar a la categoría de un nuevo hito en la trayectoria del Hombre Murciélago, como algunos insisten en señalar.

La Noche de los Búhos es, desde luego, un buen comienzo; un cómic que recupera al Batman astuto y detectivesco de la mejor etapa de Alan Grant (si nos quedamos con el Batman de los 80 y 90), 0 al de los mejores guiones de Paul Dini y Greg Rucka (si nos fijamos en décadas más inmediatas), pero está muy muy lejos de las obras firmadas por gente como Alan Moore, Frank Miller o Grant Morrison… incluso de otras que, sin apuntar tan alto, sí han supuesto un referente reconocible en la historia reciente del personaje, recuperando valores como un sofisticado gusto por el surrealismo estético. Sí, me refiero a El Largo Halloween, del muy desconcertante (por irregular) Jeph Loeb. Estas comparaciones, de hecho, me parecerían por completo innecesarias si no fuera porque muchos entusiastas han insistido en colocar el trabajo de Snyder a ese nivel.

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Pero lo que nadie podrá achacarle a este equipo creativo es el haber pecado de falta de ambición. Snyder y Capullo inauguran la nueva continuidad del personaje con una historia que aspira a crear un elenco de enemigos digno de esta nueva etapa, además de buscar un golpe de efecto final de esos que dejan al lector sin aliento. Y en pos de esa empresa hacen muchas cosas bien, como la creación de un adversario abstracto, inaprensible, de esos que no puedes derrotar sólo con los puños, en la mejor tradición del personaje. Pero en su virtud radica también su defecto, y es que resulta difícil de creer que la existencia del Tribunal de los Búhos pudiera pasársele por alto a alguien tan metido en las tripas de Gotham como Batman. Supongo que es el problema de trabajar con un personaje cuyo pasado ha sido explotado hasta el más mínimo detalle; por más que intentes engrasarlos, cuando introduces nuevos elementos en su trasfondo algo chirría inevitablemente.

Aun así, aunque apliquemos la recurrida suspensión de la incredulidad, nos encontramos con otro problema que, muy probablemente, viene dado por imperativo editorial. Esta vez no es un chirrido de planteamiento, sino de desarrollo: la necesidad de implicar a toda la familia batmaniana (robins, nightwings, capuchas rojas, batgirls…) en el desarrollo de la trama. Aquí nos topamos con la decisión de ECC (juzgad vosotros si acertada o no, yo no tengo ganas) de incluir en las grapas españolas todos los crossovers de la saga, aunque pertenezcan a cabeceras que aquí no se publican. El resultado es que La Noche de los Búhos adolece de numerosos capítulos de vulgar relleno, con largas escenas de combate que no aportan nada al desarrollo y que provocan un inevitable bajón de calidad en el conjunto global. Durante la lectura uno no puede sustraerse a la idea de que, sin estos condicionantes editoriales, Scott Snyder podría haber abordado una trama más redonda, incluso más ambiciosa en su conclusión, pues al final parece desdecirse de algunos de sus principales golpes de efecto (tranquilidad, esta es una reseña spoiler free).

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De cualquier modo, y para no parecer incongruente con la valoración final, he de decir que a grandes rasgos este primer arco argumental posee una trama bien planteada, sin fisuras argumentales y con un desarrollo narrativo realmente entretenido (como es habitual en el autor). Además, cumple con la aspiración de aportar nuevos elementos a la mitología gothamita, algo que no muchos pueden decir, y tiene la incontestable virtud de contar con Greg Capullo a los lápices, probablemente el tipo que mejor ha dibujado a Batman en mucho tiempo. Tras concluir su lectura, lo peor es el regusto de que la historia ha sido penalizada por los constantes cruces con otras series, que se han traducido en un exceso de insulsas escenas de acción que han impedido dar más pábulo a la batalla psicológica del protagonista, con diferencia lo mejor del cómic (la escena del Caballero Oscuro perdido en el laberinto de los búhos es de antología). Sin esos lastres, quizás estaríamos hablando de un cómic bastante mejor. 7