Furari

Una de mis asignaturas pendientes con el manga era el maestro Jirô Taniguchi (Un barrio lejano), autor multipremiado dentro y fuera de Japón cuyo estilo siempre se ha caracterizado por la elegancia de trazo y una narración pausada y contemplativa. Si a ello sumamos mi habitual interés por todas las historias ambientadas en el Japón feudal (sea manga, cine o literatura), este Furari se convertía en una compra casi obligada.

Furari, expresión japonesa que se podría traducir como “vagar sin rumbo fijo”, se desarrolla en el Edo de finales del siglo XVIII, periodo en el que Japón aún se encontraba bajo el gobierno de los Tokugawa, caracterizado por un largo periodo de paz en el que se cultivaron las artes y las tradiciones, pero también por el aislamiento del país, completamente refractario a todo lo procedente del exterior. Taniguchi aprovecha este trasfondo social, rico en paisajes costumbristas, para narrarnos los largos paseos que un jubilado, Tadataka Ino, realiza por la ciudad de Edo (actual Tokio). Paseos que tenían el objetivo de medir las distancias entre los puntos más emblemáticos de la ciudad del shogún, lo que sirve de excusa al autor para componer un mosaico de los lugares y la gente que la habitaba.

Habría que destacar que el personaje de Tadataka Ino, una suerte de trasunto del autor en esta obra, no es invención de Taniguchi, sino que se trata del cartografista que completó el primer mapa detallado de Japón basado en mediciones científicas. Aquí, no obstante, actúa como una suerte de paseante distraído, observador de lo cotidiano que se deleita descubriendo los sencillos secretos de una ciudad que era el centro cultural y político del país.

Ya os podréis imaginar que Furari carece por completo de argumento, algo habitual en muchas obras de la literatura japonesa, donde el hilo conductor del relato es más bien tenue. Y es que Taniguchi no está interesado en contarnos una historia, sino en compartir con nosotros una serie de percepciones y pensamientos. Con la premisa del paseante que mide distancias, el autor nos ofrece una visión sencilla de la vida, interpretada a través de los ojos de un hombre curioso no exento de una sabiduría mundana.

Esa es, ni más ni menos, la propuesta de Furari: con un dibujo elegante y ordenado, con una narración desprovista de artificios, nos sumerge en un mundo de escenas cotidianas y de sabiduría popular, buscando expresar la belleza con la misma filosofía de un haiku de 17 moras. El placer que nos proporcione su lectura dependerá directamente de la medida en que compartamos esta propuesta, desarrollada, no obstante, con la habilidad de un maestro que tiene una voz muy personal.

Especialmente interesante resultan los encuentros que nuestro amable protagonista mantiene con algunos artistas japoneses de la época, como el poeta Issa Kobayashi, durante los que intercambian sus visiones del mundo y de la vida. En este punto quiero destacar la excelente labor de traducción realizada en este cómic, que es sin duda lo mejor de esta edición española, ya que la localización no sólo requiere el pertinente dominio del idioma, sino que también precisa de un buen conocimiento de la sociedad japonesa del periodo Edo, de sus usos, costumbre y personajes, siendo indispensables las notas a pie de página del traductor para valorar adecuadamente el texto.

Lamentablemente, no todo está al mismo nivel en la edición de Ponent Mon. Para empezar, resulta incomprensible a estas alturas de la película que el manga esté publicado en formato de lectura occidental, lo que implica la inversión de los fotolitos, rompiendo la composición original de las ilustraciones. Creo que el lector español que adquiera este cómic está más que habituado a leer en el formato japonés, no siendo necesario alterar la obra.

Por otra parte, igualmente incomprensible me resulta que una edición de cartoné por la que nos han cobrado 20 euros (por tanto, una edición de lujo) carezca de cualquier tipo de texto introductorio y una bio del autor. El comprador desprevenido que lea este volumen va a ciegas: no sabe nada del autor, ni puede ubicar la obra ni se le explica lo más mínimo sobre el contexto social en la que se ambienta. De hecho, he tenido que irme a la última página para descubrir (con tipografía minúscula) que el manga ha sido adaptado por Víctor Illera Kanaya, de lo contrario parecería que se ha traducido por generación espontánea. Ya digo que la traducción y, si acaso, la proximidad con la publicación japonesa (allí se editó en 2011) es lo más destacable de esta edición de Ponent Mon. Sea como sea, un manga más que recomendable. 7

 

Furari
Jirô Taniguchi
Publicado en España por Ponent Mon, 208 páginas, b/n, 20€

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