75 años de la Distinguida Competencia

La Distinguida Competencia es el nombre que Stan Lee, en uno de sus habituales juegos de palabras, utiliza para referirse a DC Comics desde los años 60. Y es que los autores de “la Casa de las Ideas” tenían prohibido por entonces mencionar en las entrevistas y actos públicos el nombre de DC Comics, tal era la confrontación existente entre ambas editoriales neoyorquinas. Sin embargo, aunque ahora pueda parecer lo contrario, ambas empresas tienen mucho en común, hasta el punto de que DC abrió el caminó que posteriormente transitó la propia Marvel.

DC Comics (al igual que su principal competidora), es hija de su época y de su contexto social. La empresa es fundada en 1934 bajo el nombre de National Allied Publications, en una nación aún conmocionada por los horrores de la Primera Guerra Mundial y ahogada por la tremenda crisis económica que legó el Crack del 29. Era un periodo propicio para la literatura escapista y la cultura de evasión, para los héroes de ficción y la épica imposible, en definitiva, para un entretenimiento popular que ofreciera a su público los alicientes que no encontraban en una vida cotidiana con escasas perspectivas.

Esta subcultura popular recibió el nombre de pulp fiction, a raíz del nuevo soporte utilizado para su impresión: el papel de pulpa. Las nuevas técnicas de impresión y el papel de pulpa permitieron abaratar en gran medida los costes, de tal modo que las tiendas y supermercados del país se llenaron de estas revistas baratas, impresas en grandes tiradas y rellenadas con historias estereotipadas de aventuras y acción. Eran los años de El Llanero Solitario, de Robert E. Howard y su Conan el Bárbaro, de Flash Gordon, de Edgard Rice Burroughs y Tarzán, de Dick Tracy, de las historietas de gangsters y los romances dibujados por Jack Kirby. El campo de cultivo del que surgirían los cómics de superhérores, el primero de los cuales fue publicado por la propia DC: Superman.

Superman y la necesidad de publicar material original

La mayor parte de las revistas pulp publicadas en Estados Unidos durante la década de los 30 eran meras recopilaciones de las tiras cómicas y relatos serializados aparecidos en la prensa diaria. El fundador de National Allied Publication, Malcolm Wheeler-Nicholson, consideró que, si las revistas con material reeditado eran capaces de tener semejante éxito de público, una publicación con material original podría multiplicar las ventas. Bajo esta premisa, National Allied comenzó a publicar en 1937 Detective Comics, la revista que, algunos años después, daría el nombre definitivo a la editorial: DC.

Sin embargo, las primeras ventas de Detective Comics no fueron exactamente las esperadas, y debió ser una nueva cabecera y su personaje estrella la que lanzara definitivamente a la empresa. Nos referimos a Action Comics, que ya en su primer número presentaba en portada al que sería el principal distintivo de la editorial en todo el mundo: Superman.

El personaje, creado por Joe Shuster y Jerry Siegel, había pasado por todas las mesas de redacción de los periódicos neoyorquinos sin éxito alguno, ya que ningún editor creyó que aquel superhombre en leotardos fuera material apropiado para su tira dominical. Sin embargo, National Allied, desesperada por encontrar material exclusivo e inédito para su nueva revista de aventuras, compró las primeras tiras de Superman, que cogían polvo en un cajón de Mc Clure Syndicate, por 130 dólares. Por esta irrisoria cantidad se hicieron con el material que significaría la piedra de toque en torno a la que DC Comics construiría su imperio editorial.

Superman no sólo fue la locomotora que disparó las ventas de la colección y consolidó a la empresa que lo publicaba, sino que fue el personaje que inauguró el género superheroico que, a día de hoy, continúa siendo la auténtica seña de identidad del cómic norteamericano y principal fuente de ventas del sector en todo el mundo.

A Superman siguieron otros como Batman, Wonder Woman o Flash, publicados en su mayoría bajo las cabeceras Detective Comics y Action Comics. Poco a poco, este panteón de dioses modernos encumbró a DC, y pronto resultó evidente para la competencia que ese nuevo genotipo de héroes imposibles era lo que ansiaba el joven público que devoraba estas publicaciones. Quizás, la que mejor supo interpretarlo fue Marvel Comics, que en su momento depuró la fórmula a través del genio de Stan Lee. Pero nadie discutirá a DC el privilegio de crear un género que ha dominado la industria del tebeo durante décadas, además de aportar al imaginario colectivo iconos atemporales como Batman y Superman.

De DC Comics a DC Entertainment

En las décadas posteriores, el mercado norteamericano (y casi mundial) del cómic se polarizó en torno a las dos grandes editoriales neoyorquinas: DC y Marvel, hasta el punto de que muchos lectores, más familiarizados con el universo particular de una de las editoriales, raramente se acercaba a la propuesta de la otra.

Ambas empresas hicieron un esfuerzo por fidelizar a su público, que en gran medida pasaba por interrelacionar todas sus colecciones generando un escenario común, un mosaico constituido por todos los personajes y cabeceras de cada editorial que se ha dado en llamar Universo DC (y su contrapartida, el Universo Marvel). Así, lo que sucedía en el número de octubre de la Liga de La Justicia tenía su repercusión en septiembre en las colecciones de Aquaman y Wonder Woman.

La estrategia fue común a todo el sector editorial del cómic de superhéroes, hasta que alguien se percató de que tan intrincado tinglado era una auténtica rémora creativa y un obstáculo a la hora de que nuevos lectores se incorporaran a las colecciones, ya que abrir un número al azar de cualquiera de las cabeceras e intentar hacerse una composición de lugar era una tarea imposible.

Ante el evidente riesgo de estancamiento del sector, limitado a un público adolescente muy definido que solía abandonar la lectura de cómics al entrar en la veintena, DC Comics intentó abrirse a un mercado mayor mediante una serie de decisiones empresariales y editoriales.

En primer lugar, se aprovechó al buque insignia de la editorial y la pertenencia de ésta al conglomerado mediático Warner, para lanzar la primera superproducción basada en un cómic: Superman, dirigida por Richard Donner y estrenada en 1978. La película supuso un auténtico taquillazo y un impulso para las ventas de DC Comics, que dejó inmediatamente atrás a la competencia, la cual carecía de un socio cinematográfico que pudiera poner en valor a sus personajes de ese modo.

En segundo lugar, DC Comics tomó la difícil decisión de reiniciar su universo a través de la macro saga Crisis en Tierras Infinitas (publicada en 1985). Una maniobra arriesgada, pues la puesta a cero del cuentakilómetros, el hacer tábula rasa con personajes que tenían décadas de historia a sus espaldas, enfurecería a más de un fan; pero también permitiría borrar algunos lastres argumentales, dar mayor coherencia al Universo DC y, sobre todo, atraer a un nuevo público sin la exigencia de conocer todo lo que había antes.

El tercer paso dado por DC hacia su madurez y expansión fue la creación, a principio de los 90, de una serie de sellos editoriales para adultos, el más reconocido y prestigioso de los cuales ha resultado ser Vertigo. Alimentado por una espectacular hornada de autores británicos (Alan Moore, Neil Gaiman, Grant Morrison, Garth Ennis, etc.), Vertigo ha publicado (y sigue publicando) obras maestras como Sandman, V de Vendetta, Hellblazer, Predicador o Fábulas, expandiendo su oferta literaria de una manera mucho más hábil y exitosa que la eterna competencia.

La constante evolución y transformación de DC Comics ha tenido su último paso con su conversión, en septiembre de 2009, en DC Entertainment, empresa de entretenimiento global que explotará las franquicias de la editorial en todos los frentes: cine, videojuegos, televisión e incluso parques temáticos. A nadie se le escapa que DC Entertainment es la reacción de la editorial y el grupo mediático al que pertenece (Time Warner AOL) a la creación de Marvel Production, la productora cinematográfica de Marvel.

Nos encontramos, por tanto, con una DC que entra en el siglo XXI de la mano de sus viejos personajes que, décadas después, se han convertidos en iconos globales capaces de alimentar a toda una multinacional del entretenimiento.

Destilando la esencia de 75 años de cómics

Ponerse de acuerdo sobre los mejores cómics de la historia de DC es una misión bastante difícil, así que me he limitado a señalar los que, probablemente, han tenido un mayor impacto en el resto del sector (a corto o largo plazo). Sé que me dejo fuera Arkham Asylum, Animal Man, La Cosa del Pantanto… y si contamos los sellos editoriales de DC (como Wildstorm o Vertigo) la lista se alarga hasta Sandman, The Authority y otras maravillas. Pero si sólo pudierais elegir cinco…

Watchmen. El británico Alan Moore revisa con este cómic el género súperheroico mostrándolo desde un enfoque nunca visto: desprende a los héroes de su magnificencia y carácter mitológico y los humaniza al extremo, mostrándonos las miserias y desequilibrios que se esconden debajo de las máscaras. Watchmen es una obra brillante e inspirada, con personajes que se mueven entre claroscuros que escapan a cualquier cliché y que, para colmo, realiza un acertado análisis social de la paranoica sociedad americana durante la guerra fría. ¿Qué más se puede pedir a un clásico?

Batman: el Regreso del Caballero Oscuro. El por entonces enfant terrible del cómic USA, Frank Millar, forjó gran parte de su prestigio a través de esta miniserie (reeditada cientos de veces como novela gráfica) en la que narraba el retorno de Batman a la acción después de permanecer retirado durante años. Una historia cruda, de una dureza inusitada en un cómic de DC, mostró una visión completamente nueva del personaje que abrió los ojos a un gran número de lectores y a la propia editorial, demostrando la capacidad de reinventarse de un personaje que parecía estar en decadencia. Una obra ineludible para comprender la historia del cómic USA.

Crisis en Tierras Infinitas. En 1985 DC decidió resetear su universo superheroico con un doble objetivo: primero, reactivar unas colecciones y personajes lastrados por los condicionantes narrativos que habían acumulado a lo largo de décadas de publicación; segundo, atraer a una nueva generación de lectores, que podían ver en esta tábula rasa su oportunidad de entrar en el vasto universo DC. Escrita por Marv Wolfman y magistralmente dibujada por George Perez, Crisis en Tierras Infinitas tuvo la difícil misión de simplificar cinco décadas de historia DC. La misión se completó con éxito, dando como resultado, además, una genial obra épica que aprovechaba todas las posibilidades del universo DC y que sentaba las bases del actual status quo de este universo superheroico.

Batman: Año I. Después de su primera aproximación al personaje con Dark Knight Returns, Frank Miller concluyó su reinterpretación de Batman con este cómic. DC encargó al autor rescribir el origen de uno de sus principales símbolos, pero Miller no se limitó a relatar de nuevo el nacimiento del Señor de la Noche, sino que reinterpretó por completo al personaje, dotándolo del dramatismo y la sobriedad que, posteriormente, hicieron suyos el resto de autores que han abordado el personaje, incluyendo el director Chris Nolan. Año I es una excelente historia policíaca de género noir protagonizada por dos hombres dispuestos a marcar la diferencia en la decadente Gotham City: por un lado, el teniente de policía James Gordon, por otro, el multimillonario Bruce Wayne, que retorna a la ciudad tras una misteriosa ausencia de varios años. Una obra genial con una de las mejores construcciones de personajes vista en cómic alguno.

Superman: El Hombre de Acero. Al igual que hizo con Frank Miller y Batman, DC encomendó al escritor y dibujante John Byrne la revisión del otro gran símbolo de la editorial. Para ello contaría con una nueva colección: Superman: El Hombre de Acero, que supondría un nuevo comienzo para el último hijo de Kriptón. El autor canadiense supo despojar al personaje de sus aspectos más absurdos y ridículos (como Kripto, el súper perro), y creó un Superman menos poderoso y más humanizado, apoyando gran parte de la narración en sus debilidades humanas y su vida cotidiana. El resultado fue la que, probablemente, es la mejor interpretación de este mito jamás escrita.

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NOTA: Este artículo se publicó originalmente en el nº1 de Giant Magazine como mi primera colaboración con esta revista online. ¡No dejéis de echarle un vistazo porque la gente de Giant está haciendo un trabajo excelente!

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2 comentarios en “75 años de la Distinguida Competencia”

  1. Juls Says:

    También fueron los primeros en lanzarse a la televisión, ¿quien no recuerda a Adam West de Batman? Y en dibujos animados también fueron pioneros.
    Buf, hay tanto donde elegir que no sabría decidirme por cinco, yo tal vez escogería a Sandman…

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  2. David Says:

    Bienvenido Juls, si abrimos el espectro a Vertigo, desde luego Sandman tiene que entrar.

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