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Kick-Ass (6/10)

11 mayo, 2010

Kick-Ass es el cómic del momento escrito por el autor del momento y, como casi todo lo que está de moda, no es tan bueno como nos decían. Creado por Mark Millar para Icon, uno de los sellos editoriales utilizados por Marvel para poder publicar palabrotas y violencia explícita, Kick-Ass nos cuenta la historia de Dave Lizewski, un joven adolescente alineado como tantos a su edad y obsesionado con los tebeos de superhéroes como vía de escape de su insatisfactoria vida cotidiana. Pero algo diferencia a Dave del resto de chicos de su instituto: está lo suficientemente loco como para enfundarse un neopreno comprado en eBay y salir a la calle a impartir justicia.

Desde esta premisa (que tampoco es tan original), Millar construye un relato protagonizada por gente “normal” en un mundo “realista” donde no existen los superhéroes ni los supervillanos, ni los superpoderes ni las organizaciones secretas, sólo chicos con escasa autoestima y mucho desprecio por su integridad física que, dejándose llevar por el fervor que despiertan en Internet, se lanzan a patrullar las calles.

Pero el autor escocés no es capaz de llevar esta propuesta hasta el final, ya que si Kick-Ass se limitara a narrarnos lo que le pasa a estos frikis cuando salen a la calle en leotardos, podría quedar reducido a un mero episodio de Hackass en viñetas, haciendo falta altas dosis de ingenio e intelegencia argumental para lograr una historia interesante y con gancho. Sin embargo, Millar hace trampas en su propio juego tirando por el camino fácil, y pronto recurre a dos personajes que podrían estar sacados de las páginas de un cómic Marvel convencional (tacos y casquería al margen). Me refiero a Hit-Girl y Big Daddy, una niña de diez años y su padre que aplican contra la mafia organizada una brutalidad y eficacia que ríete tú de Punisher. De hecho, el propio Millar bromea al respecto (“mierda, ese tío es el puto Frank Castle”, dice uno de sus personajes), pero el hecho es que al final echa mano de imposibles, sobre todo cuando nos muestra a una preadolescente con katanas que liquida mafiosos más fácilmente que en el GTA.

Comprendo que Millar no tenía especial interés en circunscribir su relato a la pura realidad, pero en un principio parecía que esa iba a ser la propuesta. A qué vienen, si no, frases del tipo “¿por qué todo el mundo quiere ser como Paris Hilto y nadie como Spiderman?”, por qué esa insistencia en mostrar que los valores que representan los hérores de papel (aunque sus métodos no sean precisamente realistas) son más válidos e inspiradores que los transmitidos por los medios de su comunicación y su galería de celebrities. Esa idea que el autor acaba desechando, esa historia de adolescentes que intentan emular a sus héroes de ficción sin más armas que su temeraria inconsciencia, me parecía mucho más interesante que lo que Kick-Ass acaba siendo.

Y no estoy diciendo que los personajes de Hit-Girl y Big Daddy estropeen el cómic, simplemente invalidan la que parecía ser la propuesta inicial y nos trasladan a un terreno que ya habíamos pisado: el de los vigilantes enmascarados y sus tristes émulos. De hecho, muchos de los momentos de más lucidez del guión son protagonizados por esta singular pareja, como la letanía derechona y republicana que Big Daddy inculca a su hija mientras la entrena (e.g.: “Dale nena, dale a esta bolsa de mierda como si fuera el puto Michael Moore”). Ese discurso neo-con, ese amor por las armas, la supremacía moral que exhiben estos personajes y que les permite ejecutar criminales con total claridad de conciencia, es un vistazo de Mark Millar a lo que, en el fondo, encierra la figura del vigilante al margen de la ley que se toma la justicia por su mano. Y es que personajes como Punisher o Batman están envueltos de un discurso implícito que legitima que el fuerte imparta justicia (poco poética) ante la debilidad del sistema para hacerlo. Millar pone de relieve cómo serían ideológicamente este tipo de personas capaces de tomarse la justicia por su mano, lo hace con estos dos personajes como lo hizo en The Authority, o como lo hizo en su momento Alan Moore en Watchmen, donde personajes idealistas convivían con otros de marcada tendencia fascista y superioridad moral, como Rorscharch o El Comediante.

Pero no nos engañemos, Kick-Ass no va de eso. Kick-Ass es un cómic sobre superhéroes publicado por una editorial de superhérores, lleno de autoreferencialidad, metalenguaje y guiños a la cultura moderna que ha redescubierto a los supers como iconos pop, pero carente de cualquier anhelo que no sea el contarnos una historia anecdótica y, sobre todo, hacer dinero, mucho dinero. El propio autor lo reconoce sin tapujos: Kick-ass iba a ser una serie limitada, autoconclusiva, pero las ventas han sido tan buenas que la van a seguir publicando. Además, ha logrado vender la historia a una productora que ha rodado la peli al mismo tiempo que se publicaba, todo un hito del que Millar se vanagloria. Y es que el amigo Mark será europeo, pero ha captado perfectamente el espíritu USA de que cuanto más vendes, mejor eres.

Como co-autor aparece un John Romita Jr. que presta sus lápices a la “visión” del escocés, remangándose y sumergiéndose en un trabajo sucio que nunca antes le habíamos visto hacer. Toda esa violencia explícita, ese despliegue creativo por mostrar una vuelta de rosca más en cada viñeta, esa forma de narrar la violencia directamente heredada del manga y que desprecia por completo el recurso de la elipsis, se convierte en una obsesión para Romita Jr., un dibujante espléndido que nunca se había separado del cómic mainstream superheroico y que aquí demuestra que no hace falta un talento especial para dibujar casquería. De hecho, redondea un trabajo divertido y eficaz, demostrando definitivamente que es un ilustrador todo terreno, capaz de narrar páginas y páginas de peleas familiares, macro batallas superherocias y, ahora, la violencia made in Hong Kong que le gusta a Mark Millar.

Si vuestra pregunta es si Kick-Ass es un cómic divertido que os leeréis de un tirón, la respuesta es sí. Pero no me preguntéis por qué ha armado tanto revuelo entre crítica y público, porque detrás de esas viñetas “que salpican” y de esos personajes que viven en un mundo cotidiano no hay un Born Again ni un Watchmen, no creo que sea el cómic icónico que describe a una generación de autores y lectores, como muchos pretenden ver. Kick-Ass es sólo un producto, una gamberrada más del “Millarworld” para vender dinero. Quizás eso sea parte del chiste. 6

Kick-Ass.
Mark Millar & John Romita Jr.
Editorial Icon (Marvel Comics). Publicado en España por Panini Comics.

Safe Creative #1005116257101

La cesta de la compra del 28º Salón del Cómic de Barcelona

4 mayo, 2010

Ya llevamos dos días del Salón Internacional del Cómic de este año y, a riesgo de que me llaméis innovador, original y rompedor, voy a proponer mi lista de la compra para tan magno evento (¿cómo no se le habrá ocurrido a nadie antes?). Bueno, seamos sinceros, yo (como la mayoría de vosotros) el 28º Salón de Barcelona sólo lo voy a ver en el Telediario, pero las novedades que se están presentando allí estarán en unos días en nuestras librerías, entonces será el momento de elegir bien.

En este paseo virtual por el Salón del Cómic barcelonés, y teniendo en cuenta la coyuntura económica que nos afecta, he echado al bolsillo nada más (y nada menos) que 100 euros: una cantidad irrisoria a la hora de visitar un evento donde están todas las editoriales del sector con la artillería pesada, metiéndonos por los ojos las principales novedades del año. Pero luego se nos va la mano y pasamos hambre a final de mes, así que más vale ser previsores. De todos modos, ha acabado cundiendo más de lo que esperaba, así que esto es lo que yo me llevaría del Salón del Cómic de este año (redoble):

Los Muertos Vivientes nº 10 (7,5 €): Ya que han tenido la deferencia de no hacernos esperar ocho meses como sucedió con el nº 9, habrás que agradecérselo a los señores de Planeta yendo de cabeza a por el décimo volumen de uno de los mejores cómics de lo que llevamos de siglo XXI. El nº 9 dejó claro que Kirkman sigue haciendo su magia, así que sólo podemos esperar lo mejor para este nuevo tomo.

Ultimate Comics Spiderman nº1 (3,35 €) : Después del rollazo de Ultimatum, las series del universo Marvel definitivo van regresando poco a poco, y la primera en llegar a nuestras tierras es este primer número de Ultimate Spiderman post Ultimatum, dibujado además por el asturiano David LaFuente. Sospecho que Bendis mantendrá el excelente nivel que ha mostrado durante todos estos años en Ultimate Spiderman (serie en la que ha batido el récord de permanencia de un guionista), así que yo me apunto a esta nueva etapa. Aunque no nos engañemos, es un entremés para abrir boca a la espera del ‘Ultimate Avengers’ de Mark Millar.

Echo (16 €): De esta nueva creación de Terry Moore sólo dicen maravillas, tanto en los foros como la crítica.  Reconozco que mi desconocimiento del autor es total, y que lo que he leído del argumento (una fotógrafa que escapa de una conspiración para recuperar un arma misteriosa) no me ha entusiasmado. Pero son tantas y tan buenas las reseñas que he decidido llevarme el primer número.

Hellblazer Garth Ennis nº 1 (20 €): Podréis pensar de Garth Ennis lo que queráis, pero la mejor etapa de John Constantine es la escrita por este autor irlandés que a nadie deja indiferente. El arco argumental contenido en este primer volumen recopilatorio (‘Hábitos Peligrosos’) es una obra maestra tremebunda e indispensable. Además, es autoconclusivo, por lo que también funciona como novela gráfica independiente. De lo mejor de Garth Ennis (y eso es mucho decir).

Alta Sociedad (30€): Volumen tocho  de 520 páginas que reúne las andanzas de Cerebus, un oso hormiguero que recuerda a Conan (el de la espada) en un mundo distópico. Hay que decir que ‘Alta Sociedad’ es todo un logro editorial, ya que Ponet Mon es la primera editorial que logra los derechos para publicar el cómic en español, después de reiteradas negativas del autor de la obra, el canadiense Dave Sim. Por petición expresa del creador, se publica en España la segunda etapa de esta colección (‘Alta Sociedad’), siendo una incógnita si se publicará la primera (‘Sword of Ceberus’). Cerebus es un auténtico hito del cómic independiente, algunos dirán que tan raro como su autor, y que, hasta hace poco, parecía imposible que viéramos en nuestras librerías. Llega envuelto de un halo de prestigio indie, críticas superlativas y grandes alabanzas por parte de los lectores. Por fin sabremos si de verdad es tan bueno como decían.

Kick-Ass (19,95 €): Última gamberrada de Mark Millar que viene con adaptación al cine incluida, ya que la peli se ha rodado casi al mismo tiempo que se ha publicado el cómic. Algunos lo idolatran, otros lo odian, pero en general parece que este Kick-Ass es, por lo menos, divertido. Yo pienso echarle un ojo, además el precio me parece bastante ajustado.

Sí, lo he conseguido, podéis sumar: 96, 8 € y una buena bolsa llena de cómics que, por lo menos, prometen. Y tenemos de todo, cómic indie (Alta Sociedad), grandes editoriales (Ultimate Spiderman), cómic de grandes editoriales camuflado de indie (Kick-Ass) y cómic de autor (Los Muertos Vivientes, Hellblazer). Un momento, no hay nada de cómic europeo ni de manga, pero qué más queréis con 100 euros.

Para los que no estén conformes con mi cesta de la compra, diré que, si fuera un niño de papá al que le sobrara el dinero, también habría echado en ella ‘Batman: El rastro de la Pólvora’ de Ann Nocenti (escritora que nos dejó un excelente sabor de boca con su Daredevil ochentero), El Alcohólico (según dicen, uno de los mejores cómics publicado por Vertigo en los últimos años), La Liga de los Hombres Extraordinarios Century 1910, la reedición de Sandman (si no lo tuviera ya) y el incómodo pero vistoso omnibus de Los Perdedores, cómic apetecible recogido íntegramente en un tocho de 45 € y que también tiene adaptación hollywoodiense en camino.

Por último, una queja: Usagi Yojimbo, que sólo se publicaba cada Salón del Cómic, no nos visita este año. Mal por Planeta de Agostini que maltrata a los fieles seguidores de la obra de Stan Sakai. Si hubieran publicado algo del más honorable samurái que piso el Japón de la era Heian, tened por seguro que hubiera estado en mi lista.


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