The Punisher: La resurrección de Ma Gnucci (6/10)

Posted 20/11/2009 by David
Categories: Cómic USA, Marvel, Reseñas

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Garth Ennis y Steve Dillon retoman su fructífera sociedad (véase Predicador) en este arco argumental publicado originalmente en la colección Punisher War Zone (vol. 2 nº 1-6 USA), que Panini nos trae aquí en sus habituales volúmenes “Best of Marvel”, creo (tienen tantos nombres para sus volúmenes recopilatorios que me pierdo).

El caso es que como buen amante de todo lo escrito por este irlandés loco, especialmente de su trabajo con El Castigador (¿se le puede llamar todavía así?), no pude evitar comprar este MAX Punisher: La resurrección de Ma Gnucci en cuanto lo vi en la estantería. Peeeeeero… la primera en la frente, ya que aunque Panini lo haya publicado bajo el sello MAX, o mucho me equivoco, o este arco argumental se publicó en USA en la línea “Marvel Knights” y no en el sello para adultos de la editorial. Esto se traduce, básicamente, en la omisión de palabrotas (el frenesí de sangre y casquería habitual en Ennis sigue casi intacto) y en un argumento mucho menos oscuro y serio que con los que el autor nos deleitaba en la auténtica colección MAX Punisher.

Trampa por parte de Panini, que ha querido aprovechar el tirón de esta colección para colarnos bajo el sello MAX un cómic que, a mi entender, está por debajo de las cuotas de calidad que suelen presentar las cabeceras editadas con este nombre. Y es cierto que el autor y el personaje son el mismo, pero el nivel de la obra es muy inferior. Quizás por que Garth Ennis está menos inspirado, quizás porque tiene cortapisas editoriales que no tenía en la línea MAX, o simplemente porque se lo toma menos en serio.

Por cierto, permitidme una disgresión: hace unos meses se publicó en España Punisher: Valley Forge, Valley Forge como la despedida de Garth Ennis del sello MAX, pero recientemente la distribuidora SD ha anunciado para enero de 2010 un nuevo MAX Punisher firmado por el autor, bajo el título Niñas vestidas de blanco. Así que, al menos para el que suscribe, es toda una alegría, ya que el escritor irlandés ha firmado en esta colección algunas de las mejores historias publicadas en el medio durante la última década: “Madre Rusia”, “Hombre de Piedra”, “Arriba es abajo y negro es blanco”, “Los esclavistas” o el propio “Valley Forge Valley Forge” son auténticas maravillas que, por alguna razón que se me escapa, han pasado bastante desapercibidas para crítica y gran parte del público. De hecho, diría que en los últimos años no ha habido una colección en la que hayan proliferado tantas historias de calidad, ni un guionista que haya mantenido un nivel tan alto durante tanto tiempo, como en MAX Punisher.

Cerrando el paréntesis, y centrándonos en este La resurrección de Ma Gnucci, el cómic nos narra el aparente regreso de la tumba de la matriarca de la familia mafiosa Gnucci, genocidada por Punisher en su perpetua venganza contra el crimen. Esta premisa desencadena una nueva persecución y contra persecución entre Frank Castle y la supuesta familia Gnucci, desarrollada, sin embargo, con más desgana que en anteriores trabajos de Garth Ennis con el personaje. La historia está menos elaborada, los personajes carecen del carisma y la dimensionalidad de los creados por el autor en MAX Punisher y, sí, hay algunos momentos genuinamente Frank Castle, pero son más escasos y menos intensos que los vistos en la mencionada colección.

Para colmo, hay cierto abuso de esa vena gamberra, extravagante, que tiene Garth Ennis y que a veces le pierde. En MAX Punisher esta tendencia está presente pero sin pasarse de rosca, concentrando el autor casi todo ese sentido del humor malsano en el personaje de Barracuda. Aquí, sin embargo, parece haberle dado rienda suelta, y creo que ese gamberrismo argumental, que tan bien funciona en otras colecciones del autor como The Boys, no casa con el personaje de Frank Castle.

Respecto a la ilustración, digamos que Steve Dillon no es santo de mi devoción. Siempre le he visto como un dibujante plano, sin matices, y sin capacidad para darle profundidad y dramatismo a las escenas (espero no herir susceptibilidades). Algo que ya me molestaba en Predicador, y que aquí me sigue molestando, máxime si lo comparamos con otros dibujantes que han acompañado a Ennis en su trabajo con Punisher, como Dougie Braithwaite o el genial Leandro Fernández, totalmente desconocido para mí hasta que lo descubrí en MAX Punisher.

En definitiva, los que como yo habéis disfrutado tremendamente con el trabajo previo de Garth Ennis con el personaje, no os esperéis un cómic de calidad similar, aunque algunos de los rasgos que han convertido a Punisher en la mejor colección del sello MAX se pueden encontrar por aquí. Digamos que puede ser un buen divertimento a la espera de ese Punisher: Niñas vestidas de blanco que está por venir. 6

Marvel y el abuso de las macrosagas

Posted 11/11/2009 by David
Categories: Cómic USA, Marvel

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Marvel ha diseñado una nueva estrategia editorial según la cual cambia periódicamente el status quo de su universo editorial. En un par de años, y con pocos meses de diferencia, hemos sufrido una Civil War, que dividió al mundo superheroico entre los partidarios y los detractores del acta de registro, llevando a muchos de los personajes clásicos de la casa a actuar en la clandestinidad. Meses después nos hemos encontrado con una Invasión Secreta que nos ha desvelado, entre otras cosas, que varios de los protagonistas y secundarios de colecciones Marvel eran agentes skrull infiltrados. Y actualmente, como consecuencia directa del anterior arco argumental diseñado por Brian Michael Bendis, nos encontramos en Dark Reign (Reinado Oscuro), nueva vuelta de tuerca al mencionado status quo que eleva a Norman Osborn al puesto de secretario de Estado de Seguridad de los USA (en lugar de Tony Stark), lo que supone, entre otras cosas, que determinadas organizaciones de supervillanos reciben impunidad para actuar siempre que no perjudiquen los intereses de Estados Unidos (ni del propio Norman Osborn, claro).

Dark Reign

Cabe reseñar que, como novedad, Reinado Oscuro no es una miniserie en sí mismo, sino una especie de nuevo orden del universo Marvel que afecta más o menos a todas las colecciones. Aunque aquí no acaba la cosa, la Casa de las Ideas amenaza con rizar el rizo con Siege, su superproducción para 2010 enmarcada (como casi todas) en la colección de los Vengadores.

Estos macroeventos editoriales han existido desde hace décadas, son una vieja fórmula de éxito: series limitadas de varios números que sacuden el stablishment del universo superheroico en cuestión, y que tienen resonancia en las principales colecciones de la casa (e.g.: Secret Wars o Crisis en Tierras Infinitas). Sin embargo, jamás se había dado tal uso y abuso de esta fórmula en tan poco espacio de tiempo.

¿Es ésta una estrategia editorial válida? Desde el punto de vista comercial parece ser que sí, las series limitadas antes mencionadas se han vendido bastante bien. Aunque por ahora conocemos su efecto a corto plazo, también conozco lectores de cómics habituales (pero no mensuales) que recelan de comprar un cómic de X-Men, Los Vengadores o Spiderman porque “ya no me entero de nada, Lobezno no está en la Patrulla X”, “¿dónde están Thor y Iron Man?” o “¿qué demonios han hecho con Mary Jane?”. Tanto vaivén del dichoso SQ está comenzando a crear una barrera infranqueable para los seguidores no asiduos, ya que se obliga al lector a un seguimiento estricto de las colecciones para saber qué está pasando en el Universo Marvel.

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Independientemente de los resultados económicos que la estrategia ideada por Joe Quesada esté arrojando, habría que tener en cuenta también las consecuencias para los personajes y editoriales de la colección. ¿Hasta qué punto estas grandes sagas que envuelven a varias colecciones irrumpen en los planes de los guionistas que las escriben? ¿En qué medida se han visto truncadas buenas ideas por la obligación impuesta desde la planta de marketing de que fulanito sea un skrull, o que el protagonista decida revelar su identidad secreta? Especialmente sangrante es el caso de Spiderman (nunca un personaje tan importante ha sido tan denostado por una editorial), ya que se aprovechó su papel en Civil War para borrar de un plumazo todo el trabajo de Strackzinski en la colección durante años, dándole un giro de tuerca a la cabecera que no parece haber contentado a nadie.

No sé qué opinaréis. Hay muchos lectores a los que les encantan estas especies de “superproducciones” en formato comic-book. Yo, por el contrario, pienso que los mejores cómics se escriben con historias sencillas, sin muchas explosiones, en las que se deja trabajar con libertad a los autores al frente. Exactamente lo mismo que pasa en el cine. Últimamente me da la sensación de que Marvel está volviendo a su concepto editorial de principios de los 90: exprimir al máximo a sus personajes, buscar grandes ventas inmediatas, independientemente de que, a nivel artístico, los resultados sean más bien pobres y se puedan hipotecar a determinados personajes a largo plazo. Veremos cómo evoluciona la cosa.

Superman: Identidad Secreta (9/10)

Posted 04/11/2009 by David
Categories: Cómic USA, DC Comics, Reseñas

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Tras las múltiples recomendaciones recibidas, me lancé a la búsqueda del Superman: Identidad Secreta de Kurt Busiek y Stuart Imonen, un cómic que, en su momento, no me atrajo en absoluto, en gran medida porque lo que había leído de Busiek hasta la fecha no me había entusiasmado.  Pero como las opiniones en Internet son mayoritariamente positivas y, para mi sorpresa, el cómic entró en ese ranking de los mejores cómics de esta década que elaboramos entre todos hace unos meses, pues me decidí a echarle un vistazo.

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El veredicto: Inmejorable. Jamás creí que del teclado de Busiek pudiera salir un planteamiento tan redondo y un desarrollo tan eficaz. El guionista nos propone una historia original narrada de forma inteligente, apoyado en el magnífico lápiz del camaleónico Stuart Imonen, un ilustrador que no se cansa de experimentar y de saltar de una técnica a otra y que, en esta ocasión, se encarga de entintar  y colorear sus propios lápices con un resultado sobresaliente (algo que no siempre ocurre con Imonen, y es que la innovación conlleva sus riesgos).

Cuando uno se sumerge en la lectura de Identidad Secreta, la primera sensación es que todo en el cómic transpira esa sensación de obra marginal con pocos condicionantes creativos: desde su aspecto visual al planteamiento de partida del guión. Y suele ser en este tipo de cómics publicados en los arrabales de las grandes editoriales, en colecciones de ventas discretas o en miniseries de escasas expectativas comerciales, donde se suelen encontrar verdaderas joyas de la industria. En gran medida porque las palntas de marketing de las grandes editoriales suelen estar menos pendientes de este tipo de obras, gozando de mayor libertad los equipos creativos (¿alguien recuerda lo que pasó cuando Marvel dejó los últimos números de la sentenciada Daredevil a un joven desconocido llamado Frank Miller?). Indudablemente, este es el caso de Identidad Secreta.

El cómic se basa en una idea original del propio Kurt Busiek que DC decidió publicar durante 2004 como serie limitada, y que se desarrollaba fuera de la continuidad del universo DC tradicional. Esto permitía al escritor una libertad a la hora de trabajar con el personaje de Superman de la que no disfrutaría en ninguna de las colecciones “oficiales” del Hombre de Acero. De hecho, Superman ni siquiera aparece en el relato o, al menos, no de la forma en que cabría esperar. Identidad Secreta se desarrolla en nuestra propia realidad, en un mundo en el que no existe Metrópolis ni Gotham City, y en el que Superman sólo es un personaje de cómic convertido en referente cultural, tal como sucede en nuestra sociedad. Es en este contexto donde la familia Kent (que posee una granja en Kansas) decide llamar a su hijo recién nacido Clark, a modo de broma privada. Pero el joven Clark Kent descubrirá que la broma no es tan privada y, víctima del humor de sus padres, crece marcado por la figura de su homónimo de papel, entre constantes chanzas de sus compañeros de instituto e “ingeniosas” bromas sobre sus hipotéticos súper poderes. Hasta que determinados acontecimientos le llevan a descubrir que no sólo comparte con Superman el nombre de pila y el haberse criado en una granja.

identidad secreta

Y ese es el planteamiento de partida de Identidad Secreta, la historia de una persona cuya vida está absolutamente condicionada por uno de los más poderosos símbolos culturales de nuestra época, y a la que determinadas circunstancias le llevan a asumir un poder que sólo creía posible en la ficción de un cómic. Desde ese momento, el relato se convierte en una sabia reflexión sobre el poder, la soledad que conlleva, lo destructivo que puede ser el exceso de responsabilidad, la peculiar visión del mundo que tendría una persona en esas circunstancias, la manera en que los poderes fácticos se relacionarían con un poder ajeno de ese tipo y, al fin, la necesidad que tiene cualquier ser humano de amar y sentirse amado, de confiar en los que quiere, si realmente busca ser feliz.

Un relato que aborda diversos temas complejos y todos con acierto, y que define maravillosamente un nuevo Clark Kent que no conocíamos antes, y que sólo existe por y para esta serie limitada. Hoy día resulta difícil crear algo original en un género tan trillado como el superheroico, pero Busiek demuestra que con una buena idea de partida, con el respaldo y respeto necesario de la editorial, y acierto a la hora de desarrollar el concepto (ahí es nada), se pueden crear auténticas maravillas dentro de este género. Reconozco que, a partir de ahora, miraré a Kurt Busiek con otros ojos. Para ser sinceros, no soy un lector asiduo de su trabajo, y por lo que le conocía hasta ahora lo consideraba un autor solvente, pero poco más. Así que, si tiene algo más como este Identidad Secreta, por favor, que alguien me lo diga. 9

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“Superman: Identidad Secreta”: Editado en España por Planeta de Agostini. Volumen recopilatorio, 208 páginas (2005).

Despúes de 20 años, se estrena en España “Mi Vecino Totoro”

Posted 31/10/2009 by David
Categories: Cine

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Abro la Fotogramas y me encuentro con algo insólito: en la sección “La opinión de nuestros críticos”, donde se elabora un ranking con las puntuaciones de todos los críticos de la revista, me encuentro que la lista la encabeza una peli que, por primera vez desde que leo la publicación, recibe 5 estrellas de todos los periodistas. ¿A qué se debe este milagro? Al reestreno en España de Mi Vecino Totoro. Y no puedo evitar esbozar una sonrisilla, porque vi esta película por primera vez con 15 años y quedé irremediablemente prendado de ella; hasta el punto de que, a lo largo de los años, se la he hecho ver a todo el que se ha dejado. Algunos han compartido mi entusiasmo, otros me miraban y decían ¿de verdad es para tanto? “¡Por supuesto que sí! ¡Es para más!”, gritaba yo, sin resultar muy convincente. Y ahora descubro que los críticos de este país ya sabían que Mi Vecino Totoro era una obra maestra, pero se habían olvidado de comentarlo hasta su reestreno. O quizás no habían puesto sus ojos en el trabajo de Hayao Miyazaki hasta que recibió un Oscar por El Viaje de Chihiro (2001).

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Que la popularidad de Miyazaki se ha disparado a raíz del Oscar es un hecho. Lamentablemente, la consecuencia negativa de esto es que su obra más conocida para el gran público es, precisamente, la oscarizada El Viaje de Chihiro, una buena película que, no obstante, está lejos de las obras maestras de Miyazaki San. Y entre ellas, destaca la santísima trinidad de los estudios Ghibli: Nausicaa del Valle del Viento, Porco Rosso y Mi Vecino Totoro. Tres obras maestras atemporales, tres monumentos al cine, tres películas que son casi imposibles de ver en España.

Así que los aficionados al buen cine estamos de suerte. Un año después de que se celebrara en Japón el 20 aniversario de Tonari no Totoro (la traducción más exacta sería “Los Vecinos de Totoro”) llega a Europa esta edición restaurada. En realidad no es un reestreno, porque Totoro nunca se llegó a estrenar en cines occidentales, y hasta la fecha la única oportunidad de verla por estos lares era su vieja edición en VHS, al igual que sucede con tantas películas de Miyazaki (otras, como Nausicaa, jamás se han publicado en España en formato alguno). Así que os recomiendo que aprovechéis y vayáis a verla al cine (si se ha estrenado en vuestra ciudad), porque cabe la posibilidad de que debamos esperar otros 20 años para volver a verla.

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Mi Vecino Totoro cuenta la historia de dos hermanas, Mei y Satsuki, y su padre que se trasladan a vivir a una casa de campo. Las pequeñas, procedentes de un ambiente urbano, descubren con entusiasmo el estilo de vida del entorno rural de los años 50, y a un vecino bastante desconcertante: Totoro, un espíritu del bosque. Así que, si me preguntáis de qué va Mi Vecino Totoro, va de esto. En la película no hay mucho más, no hay grandes aventuras ni peligros que salvar. Es, ni más ni menos, que un maravilloso retrato de un estilo de vida y un ambiente ya desaparecidos en casi todos los lugares del mundo, de la maravilla del proceso de aprendizaje, de la capacidad de fascinación de la infancia. Y es, también, una de las mejores construcciones de personajes que he visto.

Habitualmente, sabemos que para obtener grandes personajes debemos construir personalidades coherentes, con rasgos fuertes que les hagan sobresalir de lo ordinario, y enfrentarlos a situaciones críticas en las que puedan poner en juego esa personalidad. Las historias de gente normal a la que le pasan cosas comunes no suelen interesar. Sin embargo, Miyazaki escribe sus propias reglas, juega a otro juego: Nos presenta unos personajes creados con detalle y mimo, definidos de forma maravillosa a través de rasgos cotidianos y de la manera en que interactúan entre ellos. La responsabilidad y cariño con que Satsuki cuida de su hermana menor, Mei. La obstinada personalidad de la pequeña, que sin embargo intenta imitar a su hermana mayor en todo. La devoción de su padre por las dos pequeñas, ante las que intenta mostrarse alegre pese a la preocupación que le supone la enfermedad de su esposa. Los lugareños que acogen con calidez a los nuevos vecinos, a la vez que observan divertidos los hábitos y el alboroto de las dos hermanas. Y Totoro y su extraño mundo. Con todo ello Miyazaki crea un fresco maravilloso, sosegado, tranquilo como el bucólico ambiente que recrea, y dibuja poco a poco a unos personajes absolutamente creíbles, con los que empatizamos a través de la risa. De verdad, no os la perdáis.

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Virgin Boy (3/10)

Posted 25/10/2009 by David
Categories: Reseñas

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Me pillé este manga (o manwa) en parte porque nunca había leído un cómic coreano y en parte porque, tras echarle un vistazo, me recordaba a esa escuela absurda del cómic oriental que ha dado maravillas como Gamma (de Yasuhito Yamamoto): obras decididamente raras pero bastante divertidas, y que suelen esconder reflexiones y un humor bastante inteligentes.

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Bien, pues nada de eso. Virgin Boy es una paranoia en toda regla de la que se extrae poco disfrute, y con un estilo del humor que en Corea debe ser la monda, pero que a mí me deja con una cara de “pues vale” que no se me quitó desde la primera a la última página. Que conste que sólo he leído el primer volumen (como para gastarme el dinero en el segundo), así que cabe la posibilidad que luego mejore. No pienso descubrirlo.

Virgin Boy es una ¿comedia? que nos cuenta las peripecias, ojo al dato, de un chaval de instituto que está convencido de ser andrógino, una especie de ser celestial que no es hombre ni mujer y que goza de perfecto equilibrio entre masculinidad y feminidad. Así que se pasa la vida intentando desarrollar sus aspectos femeninos para que estén en equilibrio con sus atributos masculinos, y convencido de que llegará un momento en que, fruto de este trabajo, se sublimará en esta clase de ente divino. No confundir con homosexualidad ni con transexualidad, es algo mucho más místico. Todo gira en torno a la paranoia del protagonista y las curiosas situaciones a las que da lugar.

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Si la premisa ya resulta… peculiar, su desarrollo también lo es. Mezcla del típico manga cómico estudiantil japonés y de un humor extravagante que se mueve entre lo erótico y lo soez. Eso sí, sin enseñar ni una teta, que ya se sabe que en el cómic oriental puedes sacar cualquier burrada sexual que, mientras pongas una nube blanca sobre los puntos clave todo está permitido.

Virgin Boy es, definitivamente, una rareza que no me ha gustado nada, pero que puede que conecte con algunos lectores menos, digamos, convencionales. Al fin y al cabo, para que se publique aquí un manga coreano debe haber sido todo un fenómeno en su país. 3

Virgin Boy. Guión: Kim Young-Bin Dibujo: Kim Hun-Woo. Edita Planeta de Agostini

Bone, de Jeff Smith (8/10)

Posted 11/10/2009 by David
Categories: Cómic USA, Reseñas, independiente

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Aprovechando la magnífica edición en tres volúmenes de lujo (“El Valle”, “Phoney Contraataca” y “Amigos y Enemigos”) que Astiberri ha realizado de Bone, y que mi novia ha tenido a bien regalarme con el consiguiente estropicio para su economía, he concluido recientemente la lectura intensiva de la obra de Jeff Smith, que era una de mis cuentas pendientes con el cómic independiente norteamericano.

BONE OVE Poster

Como suele ocurrir con estas obras tan largas, la percepción de las mismas cambia mucho dependiendo de si la lees al ritmo que tú quieres o debes esperar un mes para tener el próximo comic-book de 32 páginas en tus manos. Personalmente, prefiero el ritmo de lectura intensiva a la espera mensual, porque permite tener una visión más global de la historia y su desarrollo, máxime en un cómic que se ha publicado a lo largo de tantos años como Bone.

Cuando uno lee un trabajo del prestigio del cómic de Jeff Smith (nada menos que diez Eisner y once Harveys, y considerado por Time como una de las 10 mejores novelas gráficas de todos los tiempos), siempre hace un esfuerzo por buscar más de lo que hay a simple vista. De hecho, me sorprende que Bone no haya pasado desapercibido en las estanterías como un cómic más de corte juvenil, en lugar de convertirse en el fenómeno mundial que ha supuesto.

Evidentemente, en Bone hay más de lo que se ve a simple vista. Empezando porque se trata de una obra muy personal, el trabajo de toda una vida prácticamente, que en sus inicios fue autopublicado por el propio autor y su mujer. Esto dota a Bone de una serie de rasgos muy atípicos que jamás encontraríamos en un proyecto editorial al uso. Empezando por su protagonista, Fone Bone, un ¿muñecote? blanco de nariz enorme que llega junto con sus dos primos (Phoney Bone y Smiley Bone) a ‘El Valle’, un paraje bucólico de corte fantástico medieval que, inmediatamente, nos recuerda a ‘La Comarca’ de Hobbitton. Y es que si Bone tiene una obra de referencia esa es, sin lugar a dudas, El Señor de los Anillos, tanto en el tono general, como en la ambientación, los acontecimientos y, sobre todo, en la estructura del relato. Demasiado parecido para mi gusto.

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Stephen King explica en el prólogo de La Torre Oscura que, cuando en los 70 se planteó escribir su propia saga de fantasía épica, se sentía tan influido por la obra de Tolkien que prefirió dejar pasar los años hasta encontrar su propia historia, su propia definición de un mundo fantástico, dando como resultado La Torre Oscura, lo que para muchos es el mejor trabajo del autor estadounidense. No todos los escritores tuvieron la visión de King, y podríamos decir que, hasta hace poco, el grueso de la literatura fantástica ha tenido fuertes influencias, por no decir que eran sospechosamente similares, a la obra que sentó las bases del género. Bone, desde luego, se inscribe en esta corriente, pero no porque encontremos hobbits, elfos, enanos y orcos, sino por una estructura del relato y unos acontecimientos muy similares, aunque narrados en un tono más desenfadado que El Señor de los Anillos.

Personalmente, creo que Bone es mejor en esos momentos en que más se aleja de la obra de Tolkien, y empeora cuando lo que leemos ya nos suena a conocido. El tono desenfadado; los enemigos cómicos como las “estúpidas, estúpidas mostrorratas”; sus protagonistas alejados del cliché, como la abuela Ben o el propio Fone Bone; la cómica relación excelentemente planteada entre Fone Bone y sus primos; la inconmensurable avaricia de Phoney Bone, las constantes referencias, tanto las directas como las oníricas, al libro de cabecera del protagonista: Moby Dick; incluso el aire Disney que desprende el relato en muchos de sus pasajes… todo eso es, sin duda alguna, lo mejor de Bone.

Pero cuando la historia se pone “seria”, cuando se pone en plan heroico, es cuando Bone me parece más vulgar. No quiero decir con ello que estos momentos estén mal realizados, Bone goza de pasajes de aventura y de acción perfectamente resueltos, con algunos momentos realmente buenos, pero resultan mucho menos interesantes y divertidos que los momentos “genuinamente bones”, los que diferencian este cómic de una historia de fantasía heroica al uso. Lamentablemente, y tal como ocurre en El Señor de los Anillos, los momentos más desenfadados del relato se concentran al principio de la obra y, a medida que avanzamos, ésta se va volviendo más grave y oscura, adentrándose en los terrenos más tópicos de este tipo de literatura y abandonando esos gags y ese humor tan peculiar que son lo mejor del trabajo de Jeff Smith.

BONE moby-dick

Por ejemplo, me parece muchísimo mejor la absurda y divertidísima carrera de vacas del primer volumen (‘The Great Cow Race’, ganadora del Eisner a la mejor historia en 1994) que cualquiera de las batallas contra el Señor de las Langostas que sobrevendrán después. Lamentablemente, como ya he dicho, según avanza el relato estos momentos son cada vez menos habituales.

Mención especial merece el trabajo gráfico de Smith, un ilustrador formado en la industria de la animación, lo que se percibe en el trazo suave y redondeado de su dibujo, muy al estilo Disney (que él mismo reconoce como influencia fundamental). No soy un experto en artes gráficas, pero Jeff Smith me parece un ilustrador excepcional, con un dominio de la anatomía, la perspectiva y el uso de la luz extraordinarios, rematado con una narrativa clara, ordenada y muy bien secuenciada. Hay pasajes en Bone que, desde el punto de vista de la narración visual, son sencillamente extraordinarios. Como la escena del primer volumen en la que los protagonistas deben iniciar una desesperada huida nocturna de las mostrorratas, a campo a través y bajo una infernal tormenta. Unas páginas que se han convertido en referencia para muchos ilustradores y que, prácticamente solas, le valieron a Jeff Smith el Eisner al mejor dibujante, también en el 94.

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Para no extenderme más, concluiré diciendo que Bone es una muy buena historia de fantasía épica que podría haber llegado a ser excelente si el autor hubiera incidido en aquellos aspectos que, precisamente, más alejan la obra de los convencionalismos del género. Aun así, mantiene un buen tono general durante más de diez años de publicación (entre 1991 y 2004), con momentos verdaderamente brillantes, que hacen la lectura de Bone bastante recomendable. 8

Capitán América: “Otro Tiempo” (7/10)

Posted 05/10/2009 by David
Categories: Cómic USA, Marvel, Reseñas

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Tras las muchas recomendaciones recibidas, y aprovechando la reedición de Panini en formato Marvel Deluxe, me he leído los primeros números del prestigioso Capitán América de Ed Brubaker. En un principio no sabía muy bien cómo iba a abordar el autor la colección que, personalmente, veía muy lejos de su habitual estilo policíaco. Pero una vez metido en harina se ha adaptado al personaje (o ha adaptado el personaje a su estilo) de manera excelente, abandonando en gran medida la vertiente superheroica y convirtiendo la cabecera del Capi en una novela de espionaje y contraespionaje, de teorías conspirativas y agendas ocultas de los poderes fácticos.

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La alternativa parece tan lógica, la temática y el estilo encajan tan bien con el personaje, su contexto y su historia, que resulta extraño que no se haya apostado antes porque éste sea el tono y el hilo principal de la colección. Pero no nos engañemos, este acople perfecto entre la colección, sus personajes, y el característico estilo de Brubaker es mérito del propio guionista, que ha dado sobradas muestras de su habilidad con este tipo de historias y su capacidad de sumergir en ellas a los personajes con los que trabaja con total naturalidad.

Y es que, al contrario de lo que le sucede a otros colegas de profesión (por ejemplo, Kirkman), el autor norteamericano se encuentra absolutamente cómodo en el cómic mainstream, dando lo mejor de sí tanto con los personajes creados por él, sobre los que tiene pleno control, como con las colecciones de las grandes editoriales, donde su libertad creativa se encuentra mucho más mermada.

En este primer arco argumental, el Capi se encuentra con una conspiración urdida por una facción escindida del ejército de la antigua Unión Soviética que, mezclando convenientemente el amor a la vieja Madre Rusia con los intereses económicos, ponen en marcha un plan que involucra al Supersoldado y a uno de sus más viejos enemigos. Viajes por todo el mundo, secretos dentro de secretos, giros de trama, la omnipresente SHIELD… todo tiene un aire a lo James Bond tamizado por ese aire nostálgico que suponen las constantes referencias a la II Guerra Mundial y su legado, del que forma parte el propio Capitán América.

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Quizás esa constante evocación del pasado bélico del personaje sea lo que más me ha aburrido de estos primeros números, sobre todo por el exceso de flashbacks. Algo ya adelantado por el título de este tomo (“Otro Tiempo”) y que no deja de ser un enfoque realista, siendo lógico que una persona que sufre un jet lag de décadas viva sumida en una constante nostalgia. El hecho de que Steve Rogers se sienta permanentemente desubicado, fuera de época, y su constante esfuerzo por resultar importante en un mundo que nada tiene que ver con el que le vio nacer, es un enfoque que Mark Millar ya utilizó maravillosamente en The Ultimates, y que Brubaker retoma como el principal rasgo definitorio del personaje.

En definitiva, un primer arco argumental (no cerrado en este tomo) que apunta las maneras de una muy buena colección, pero que todavía no deja ver, a mi juicio, el maravilloso trabajo que Brubaker parece haber realizado con la colección, a la que ha llegado (no olvidemos) para preparar al personaje de cara a uno de los momentos editoriales más importantes de su historia. 7

Amazing Spiderman post Strackzinsky (4/10)

Posted 29/09/2009 by David
Categories: Cómic USA, Marvel, Reseñas

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¡Me abuuuurroooooo! Es triste, pero me aburro leyendo Spiderman. Me pasa desde hace meses, me leo las historias al tran-tran, casi por obligación, porque llevo leyendo a Spidey cada mes desde hace, no sé, ¿15 años? Ya sé que me diréis que nadie me obliga a comprarlo, pero entendedme, es difícil dejarlo. Es como una novia con la que llevas muchos años y que ya no te gusta, te cuesta dejarlo aunque sepas que la relación no va a ningún sitio. Además, ¿y si realmente mejora? Ya pasó una vez: tras años de nadar en la mediocridad, tras un impás de lo más vulgar después de que gente como David Micheline o J. M. de Matteis dejaran las colecciones arácnidas, llegaron Strackzinsky y John Romita Jr. El mundo volvió a ser hermoso, los pájaros de nuevo cantaban, y comprar el volumen de Spiderman cada mes volvía a ser un momento anhelado. He leído algunas críticas a Strackzinsky por ahí, pero creedme que si eres lector fiel del Trepamuros, tienes mucho que agradecerle al productor-guionista de Babylon 5.

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Bueno, lo que cuenta el cómic de este mes es más de lo mismo: reencuentro de Harry Osborne con Liz Allen y el hermano de ésta, el Hombre Ígneo; la aparición de Obama en Amazing (archiconocida ya en la web), y un capítulo de ensalzamiento de la amistad entre Betty Brant y Peter Parker (paja de relleno entre arcos argumentales “grandes”). Pero como habéis adivinado esta crítica es sobre la nueva etapa de Spiderman en general.
Para los que no lo sepáis, y a grandes rasgos, hace un año más o menos los genios de Marvel decidieron hacer un reseteo brutal en la colección, poner el cuentakilómetros a cero y devolver a Peter Parker a su etapa de soltería postadolescente con su curro precario de toda la vida y sus amigos del periodo de Steve Ditko y Stan Lee, con algún insulso añadido. Este burdo recurso editorial fue justificado argumentalmente de la siguiente manera: la tía May está en el hospital a punto de diñarla por enésima vez (como si todo el mundo no supiera ya que es inmortal), la identidad secreta de Spiderman es pública después de que Peter Parker la diera a conocer a instancias de Tony Stark, como manera de apoyar el Acta de Registro Superhumano (durante Civil War) y, claro, los problemas y el caos acosan la vida de nuestro amistoso vecino Spiderman. La cosa está tan chunga que Mary Jane llega a un acuerdo con Mefisto: pone todo en su sitio, salva a May, borra de la mente del universo la identidad de su marido, y todo ello por el módico precio de borrar la actual vida y matrimonio con Peter, devolviéndolo todo a la situación de, pongamos al voleo, lo que sería Amazing Spiderman 100. En serio, no me estoy inventando nada. De verdad que todo esto lo ha parido Joe Quesada, Mefisto lo tenga en su gloria.

Tras este breve resumen de lo que se ha dado a conocer como el mefistazo (el quesadazo díría yo) se han producido cambios en la manera de publicar Spiderman que en su momento recibí con agrado. La nueva fórmula consiste en eliminar todas las colecciones satélites del Trepamuros (Spectacular, Sensational, Tanggled Web…) y publicar, por primera vez en la historia, la cabecera principal 3 veces al mes. Así que casi cada semana tenemos ración de Amazing Spiderman, de modo que no tenemos que soportar las pesadas y, generalmente malas, tramas secundarias de las colecciones menores. Para semejante esfuerzo editorial se ha creado un “Spider Team” de guionistas arácnidos, cuya actual formación es (si no llevo mal la cuenta): Dan Slott, Bob Gale, Marc Guggenheim y Zeb Wells, con varios dibujantes más o menos fijos. La idea es que el desarrollo de la colección se tome de manera colegiada entre este Spider-team, Joe Quesada, el editor de Spiderman, Steve Wacker, y los mandamases de márketing de la editorial, y que cada guionista se encargue de un arco argumental completo que ocupe, más o menos, un mes.

La idea no es mala, el problema es que las tramas que se están escribiendo (algunas mejores que otras, hay que reconocerlo), suelen ser de un nivel mediocre. Además, la explicación a la recuperación de personajes (este mes se nos desvela qué ha hecho el vástago de Norman Osborne mientras estaba “muerto”) es tan pillada por los pelos que mueve al sonrojo. Así que tenemos guiones vulgares tras una de las mejores etapas en la colección (es cierto que el final del período de Strackzinsky era regulero y que la colección tuvo altibajos, pero su nivel estaba a años luz de esto), ¿y todo esto por qué? Evidentemente no porque hubiera un estancamiento en el personaje, la situación no era tan desesperada como para no poder salir de ella con un buen guionista y una trama currada. Todo esto está movido por el vil metal, el deseo de captar un nuevo público más joven aprovechando el tirón de las películas de Raimi. El resultado es que, sumando nuevo público y restando la desbandada de lectores “tradicionales” indignados, las ventas apenas han subido.

En fin, tras sufrir al peor guionista que he leído jamás en esta misma colección (el justamente olvidado Terry Kavanagh), en una etapa en la que Marvel consiguió que dejara de comprar Spiderman durante un par de años, vuelvo a encontrarme ante la misma tesitura. Los archivos .cbr me llaman cual cantos de sirena. ¿Por qué resistirme, Quesada? 4

El 9º arte y sus detractores

Posted 27/09/2009 by David
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La ignorancia da alas. Pocos dichos del refranero popular son más ciertos, y cada día salta a la palestra algún iluminado dispuesto a demostrar lo infalible de este axioma. En este caso ha sido Vicente Molina Foix, el Antonio Burgos progre, el que, cual Ícaro imprudente, se ha tocado con las alas de la Ignorancia (así, en mayúsculas) para volar contra el sol impulsado por el poderoso motor de la estupidez humana. Como en el caso de Ícaro, la hostia ha sido mayúscula.

Me refiero al artículo publicado por el susodicho en la revista Tiempo, en el que este “articulista-escritor-dramaturgo-director” arremete alegremente contra el mundo del cómic y el cine de animación, sentando cátedra con frases lapidarias del tipo “el cómic en sus distintas encarnaciones no deja de ser un entretenimiento muy menor” o “que tantos críticos serios digan que una chorrada de plastilina como UP es una obra maestra del séptimo arte me produce vergüenza”, no sin antes haberse lamentado amargamente del Premio Nacional del Cómic, “con el que nuestro Ministerio de Cultura enaltece al dibujante de monigotes con la misma dignidad y el mismo dinero al mejor novelista, poeta o ensayista del año”. De verdad que ha escrito todo eso.

Siempre he pensado que hay opiniones que se descalifican por sí solas y retratan al que las pronuncias, además al señor Molina Foix (lease Fuagh) le han caído palos de todos lados, desde el sector del cómic, hasta colegas suyos del mundo de la “cultura de verdad”, pasando por el editor de la revista Tiempo, que ha debido disculparse por la opinión vertida en sus páginas (como curiosidad, no perdeos la que le esta cayendo al ínclito en su propio blog: Boomeran(g), donde llevan días fustigándole con este tema). Así que no voy a perder tiempo en valorar una columna que denota un triste y profundo desconocimiento del tema que aborda. Aseveraciones del tipo “la equiparación de Mortadelo y Filemón o el manga con Thomas Mann o Buñuel me parecen una perversión (…)” son de una pobreza argumental tal que dejan poco que añadir. Evidentemente esa equiparación es una perversión, pero es que al único pervertido al que hemos escuchado hacerla es a él. El juego de las comparaciones aberrantes es estúpido y fácil de desmontar: comparemos mejor, como alguien puntualizó en su blog, a Corín Tellado, Dan Brown (o al propio Molina Foix) con el Watchmen de Moore, el Born Again de Miller, el Maus de Spiegelman o el Sandman de Gaiman.

¿Berrinche porque parte de las subvenciones del Estado van a terrenos donde nuestro hombre del día no puede sacar tajada? ¿Afán de notoriedad? ¿Prepotencia snob y casposa? Sea como sea, no me deja de sorprender que Foix hilvanara semejante retahíla de tonterías sin intentar documentarse un poco, aunque sea como excusa para parecer que su opinión está mínimamente fundada. Porque era previsible que, siendo el cómic un vehículo de expresión cada vez más respetado, le iban a caer hostias de todos lados. Quiero decir, hasta para escribir en mi blog, que lo leen tres gatos, intento documentarme para no meter la pata. Cómo puede alguien, al que se le presupone una mediana inteligencia (presuponía, perdón), permitirse el lujo de publicar semejante despropósito sin un escudo argumental tras el que esconderse cuando llegue el previsible aguacero. ¿O es que el señor Foix creía que su opinión iba a ser aplaudida en plan “bien Vicente, por fin alguien dice lo que todos pensamos”? No sé, en estos gurús culturales suele darse este distanciamiento de la realidad, así que tampoco me extrañaría que mientras escribía se fuera viniendo arriba y se viera hasta más guapo.

De cualquier modo, y dejando al margen la opinión de este caballero, de la que ya se han encargado otros más capacitados (os enlazo a la entrada escrita por Álvaro Pons, crítico de cómics de El País, en su blog), no puedo dejar de ver en este episodio aspectos positivos. Para empezar, el hecho de que parece una opinión arraigada que el cómic es un medio de expresión cultural que (como cualquier medio expresivo) en algunos casos puede llegar a ser arte. Este debate está superado desde hace décadas en otros países de nuestro entorno, como Francia o Italia, y parece que comienza a calar también en el nuestro. Tal es así, que los intelectuales y creadores de medio pelo que ven amenazado su chiringuito, que ven arrebatada su potestad para decidir qué es arte y qué no, han comenzado a patalear.

Por otra parte, he comprobado gratamente cómo las reacciones han sido multitudinarias, desde los sectores más diversos, y con bastante fundamento. De verdad que pensaba que éramos muchos menos los dispuestos a librar esta batalla, parece que en este país comenzamos a superar los complejos. Es cierto que el cómic, al igual que el resto de los medios de expresión de nuestros días, se mueve entre la dicotomía obra de arte-producto industrial, tendiendo más a lo segundo que a lo primero. No descubro nada nuevo: Umberto Eco dedicó todo un ensayo a este tema (“Apocalípticos e Integrados”). Cine, literatura, cómics… si pretenden llegar al gran público y convertirse en un vehículo con el que el autor pueda ganarse la vida, debe someterse a las reglas de la industria, las cuales, inevitablemente, van contra la libertad creativa del autor (a no ser que seas Steven  Spielberg o Stephen King, claro) y tienen como principal objetivo la rentabilidad económica. Aun así, me atrevería a decir que el cómic, tanto en su vertiente más indie como en las editoriales mainstream, donde los autores tienen en los últimos años más fuerza que en otras industrias culturales, está dando productos de más calidad, y acogiendo mayor proliferación de obras que podríamos catalogar como arte, que medios más “tradicionales” como el cine.

No me enrollo más. Espero que el próximo artículo que leamos sobre cómics en un medio generalista tenga el más mínimo fundamento. Mientras tanto, cito al más grande: “Ladran, Sancho, luego cabalgamos”.

Gotham Central Vol. 1 “Servir y Proteger” (7/10)

Posted 19/09/2009 by David
Categories: Cómic USA, DC Comics, Reseñas

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Greg Rucka, consagrado novelista de género negro metido a guionista de cómics, y Ed Brubaker, dibujante metido a guionista con especial devoción por el noir, coinciden en DC y, por iniciativa personal, comentan la posibilidad de escribir una colección conjuntamente. Cuando tienen perfilado el proyecto se lo presentan a la editorial, y el resultado es Gotham Central: un cómic policiaco protagonizado por el departamento de homicidios de la Policía de Gotham.

Gotham Central (vol1 USA)
La idea de utilizar Gotham City como trasfondo de historias de género negro, dejando la presencia del Caballero Oscuro en algo (en principio) meramente anecdótico, parece magnífica. Y la puesta en escena y desarrollo de los guiones no desmerecen este planteamiento. Ambos autores hacen un estupendo trabajo: Rucka encargándose de los casos que corresponden al turno de día del GCPD y Brubaker al turno de noche, con el añadido de que las historias estás escritas con una gran coherencia tanto de calidad como de estilo. Apenas se distingue el paso de un autor a otro, siendo difícil diferenciar qué historias o qué páginas corresponden a cada cual.

Al más puro estilo The Wire, Gotham Central es una historia policíaca coral que nos sumerge en el día a día del departamento, utilizando una visión “realista” carente de artificios y conceptos idealizados, e intentando mostrar tanto lo positivo como lo negativo del trabajo policial. Este volumen recopilatorio, titulado Servir y Proteger, fue publicado por Planeta en 2008 y recoge los tres primeros arcos argumentales abordados en la colección (En la Línea del Deber, Media Vida y Blancos Fáciles). Estas primeras historias sirven para presentar al elenco protagonista, formado por detectives que afrontan el día a día con distintas perspectivas y motivaciones, con distintos miedos y preocupaciones, pero con el objetivo común de convertir Gotham en una ciudad más segura y que sufren, todos por igual, la sombra que proyecta Batman y sus dementes enemigos sobre su trabajo diario.

Y éste es el punto que más me desconcierta de Gotham Central: ¿por qué utilizar a Batman y su galería de enemigos? La premisa de utilizar Gotham City como trasfondo noir es genial, no te hace falta Batman. Personalmente, hubiera preferido que los detectives más anónimos de Gotham se hubieran dedicado a lo que se dedica la policía de cualquier otra ciudad, a todos esos delitos y criminales que no son lo suficientemente importantes (o desquiciados) para merecer la atención del Hombre Murciélago. Criminales menos mediáticos pero que también suponen un peligro y deben ser detenidos, y ahí es donde entran los chicos de Gotham Central. Perfectamente, el Caballero Oscuro podría haber sido una sombra en el relato, una referencia casual, una intromisión esporádica.

Sin embargo, ese no es el derrotero que toma la colección, al menos en las primeras historias. Los tres primeros casos abordados en Gotham Central están protagonizados por enemigos clásicos de Batman: Mr. Freeze, Dos Caras (en el relato ‘Media Vida’, ganador de un Eisner) y el Joker; y en su resolución el Hombre Murciélago juega un papel fundamental. Así que, al final, la peculiar relación entre el GCPD y Batman se convierte en uno de los ejes de la colección, y la bat señal proyectada desde la comisaría en uno de los símbolos de Gotham Central.

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Mención especial a los lápices de Michael Lark, que realiza un estupendo trabajo sin estridencias ni macroviñetas, discreto, como requiere el tono de la serie, pero con un ritmo narrativo perfecto y una capacidad para compaginar la acción con la narración de diálogos que recuerda mucho a otro compañero habitual de Brubaker: Sean Phillips.

En definitiva, Gotham Cetral es un gran cómic policíaco marcado, para bien o para mal, por la distorsión que supone la presencia de Batman en cada historia. El que suscribe hubiera preferido que el alter ego de Bruce Wayne no fuera una constante en los relatos; esperaba encontrarme con algo así como un Criminal desarrollado en Gotham City y desde la perspectiva de los polis. Obviamente, esto no es ningún tipo de problema en sí mismo, y muchos lectores preferirán que, en un cómic desarrollado en Gotham, Batman aparezca con cierta asiduidad. Sea cual sea el caso, Gotham Central es un cómic muy recomendable. 7