Batman: ¿Qué le sucedió al Cruzado Enmascarado? (6/10)

Posted 09/02/2010 by David
Categories: Cómic USA, DC Comics, Reseñas

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Cuando uno abre un cómic de Neil Gaiman sabe que no puede esperar una historia al uso, sea para bien o para mal. Batman: ¿Qué le sucedió al cruzado enmascarado? supone el retorno del autor británico al cómic más comercial después de un largo periodo retirado del panorama USA o, al menos, supone un retorno al cómic mainstream tal como lo entiende este escritor. Y es que Gaiman sabe lo que se espera de él, sabe que no es un autor al uso del género y afronta sus obras con ganas de trascender y, a veces, esta animosidad le traiciona. Porque si intentas mantener una calidad media-alta en todos tus trabajo, y realmente eres bueno, rara vez metes la pata. Pero si intentas un triple con tirabuzón en cada salto, es lógico que más de una vez te des de bruces contra el suelo o, por lo menos, que no claves la salida. Digamos que en ¿Qué le sucedió al cruzado enmascarado? Gaiman no clava la salida.

La estrella británica aborda este encargo de DC con una clara referencia en mente: la obra ¿Qué le sucedió al Hombre del Mañana?. Al igual que éste, aquel cómic publicado en 1986 también fue un encargo de Detective Cómics a un autor británico, en este caso a Alan Moore, con el fin de marcar un punto y aparte en la historia de Superman. Dicha obra era un hito entre el Superman clásico y un nuevo Hombre de Acero modernizado, menos poderoso, más atormentado, más humano si se quiere; más acorde, en definitiva, al nuevo rumbo que la editorial quería dar a sus cómics después de la macrosaga Crisis en Tierras Infinitas. El trabajo de Alan Moore debía allanar el terreno al reboot del personaje (ahora que esta palabra está tan de moda) que estaba preparando John Byrne con su serie Superman: The Man of Steel, aún hoy el mejor Superman que he podido leer.

Es comprensivo por tanto, que Neil Gaiman abordara esta historia con ánimo de perdurar, y puede que lo consiga, aunque jamás la incluiría en una antología de los mejores cómics de Batman. El relato, publicado originalmente en Batman nº 686 y Detective Comics nº 853, nos cuenta en 59 páginas el mismísimo funeral de Batman. Con motivo del responso, oficiado en un bar de los barrios bajos de Gotham, por las páginas del cómic desfilan todos aquellos personajes, ya sean aliados o enemigos, que han sido significativos en la vida del Hombre Murciélago, y que desean mostrarles sus respetos en último adiós.

Cada uno de ellos cuenta su versión de la muerte del enmascarado, historias diametralmente distintas en las que el Señor de la Noche fallece en situaciones y por motivos totalmente dispares. Y es que Gaiman nos pretende mostrar La Muerte de Batman, no su versión de la muerte del héroe, sino cualquiera de las posibilidades futuras, por disparatada que sea. Porque aún no sabemos cómo morirá Bruce Wayne, lo que sabemos seguro es que morirá por Gotham (ese es el compromiso que asume al vestir el manto del murciélago); la manera en que lo haga es algo accesorio, pero será defendiendo la ciudad que ha jurado proteger. Esa es la premisa de Gaiman.

De este modo, no leemos un futuro alternativo, no nos enfrentamos a una especie de What if?, sino que Gaiman pretende ofrecernos la versión definitiva del final de Batman, el The End de Bruce Wayne que nunca llegaremos a leer. Y todo lo que pase antes de ese momento se lo deja al resto de autores que escribirán las historias del Hombre Murciélagos en el futuro. No podemos decir que Mr. Gaiman se conforme con poco.

Existen muchos Batman, tantos como lectores de sus aventuras, y hay lectores de Batman que aún no han nacido, por lo que existen infinitos Batmans potenciales. Gaiman pretende homenajear a todos ellos, a las distintas interpretaciones de Batman realizada por aquellos que le han escrito y dibujado, y por aquellos que lo han leído y lo leerán. Hay ideas buenas en este cómic: su planteamiento es pretencioso, pero me parece válido; aprecio los homenajes que hace a distintos momentos y autores significativos de la historia de Batman: Andy Kubert se lo curra, y ahora dibuja a Batman de manera que recuerde al de Frank Miller, y en la próxima viñeta nos recuerda a Jim Aparo, el Joker es el de Jerry Robison, y ahora es el de Norm Breyfogle. Aquí encontraremos los Batman de Mazzuchelli, de Neal Adams, de la Broma Asesina, de El Regreso del Caballero Oscuro, de Año I y de Arkham Asylum. Hay referencias a todo lo significativo de la historia de Batman.

Pero las buenas ideas solas no hacen un buen cómic y, lamentablemente, ¿Qué le sucedió al cruzado enmascarado? no funciona como cómic, no tiene ritmo, la historia me resulta forzadamente trascendente. A Gaiman le queda un pastiche pseudo onírico que me suena a recurso manido, y que no me emociona en absoluto. El planteamiento de Gaiman debió quedar estupendo sobre el papel, pero cuando desarrolla el guión, cuando nos muestra todas esas muertes de Batman, todas posibles y ninguna cierta, logra distanciar al lector, borra de un plumazo cualquier componente emocional porque sabemos que, en definitiva, lo que nos cuenta no es cierto.

Demasiado alegórico, demasiado onírico. Y Batman nunca ha sido Sandman, nunca se movió en el mundo de los sueños. Más bien en el de las pesadillas; las pesadillas reales y terribles que se esconden en la noche de Gotham, y Batman siempre fue la más tangible de todas ellas. 6

Batman: ¿Qué le sucedió al cruzado enmascarado?
Neil Gaiman y Andy Kubert. Planeta de Agostini Cómics.

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Perdidos estrena su última temporada: despedida de un hito de la televisión

Posted 02/02/2010 by David
Categories: TV

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Permitidme un pequeño offtopic, pero la ocasión merece la pena: hoy se estrena en USA la última temporada de Perdidos (Lost), el broche final de una serie que ha revolucionado los parámetros de la ficción televisiva; una producción que, guste o no, ha supuesto un hito como pocos en la historia del medio.

¿Es Lost tan buena como dicen? Sin duda lo es, porque más allá de su adictiva trama y de su impecable uso del cliffhanger (ese final de capítulo abrupto que nos deja impacientes por ver el siguiente), más allá de sus poderosos personajes, la creación de J.J. Abrams y Damon Lindelof logra reescribir a lo largo de sus cinco años en antena las reglas del juego, la manera en que se debe hacer televisión.

Y es que Perdidos ha roto con muchas de las leyes no escritas del medio: los arcos argumentales no duran un capítulo, como es habitual en la ficción televisiva, ni siquiera una temporada, sino que se han mantenido a lo largo de seis años; adiós también a la continuidad temporal, con constantes saltos en el relato que hace un uso masivo del flashback y el flashforward; y adiós a la tiranía del estudio, que dictaba que una producción debía alargarse si era rentable: en Lost el desarrollo y el final de la serie han estado planeados al milímetro desde el principio, y durante los últimos cinco años hemos asistido a cómo la trama se hilvanaba poco a poco, como piezas de un puzzle que van cayendo y encajando, formando un cuadro que paulatinamente vamos comprendiendo mejor a medida que tenemos nuevas piezas que colocar en el tablero.

A ello debe sumarse el tan comentado uso de Internet como elemento de difusión de la serie y potente herramienta de comunicación entre sus creadores y los fans de la misma. Fans que han sabido organizarse a través de la Red para presionar y mantenerla en antena incluso cuando las audiencias eran pobres; algo que sucedió principalmente en los comienzos de la primera temporada, cuando la cadena ABC decidió echar al productor después de gastarse 13 millones de dólares en el aparatoso episodio piloto, sin que se supiera muy bien a dónde iba a parar todo aquello.

Ciertamente, Perdidos introduce muchos elementos novedosos en la ficción televisiva, pero personalmente creo que lo más importante de esta serie es que presupone que sus espectadores son gente inteligente. Perdidos rompe con la gran regla no escrita de la televisión, que dicta que al espectador se le debe dar un producto ligero que asimile con facilidad, y plantea una historia y un desarrollo que suponen todo un reto para su público. Abrams y Damon nos dicen “el camino va a ser largo y difícil, a menudo os sentiréis perdidos, pero os prometemos que llevaremos esto a buen puerto y que os lo pasaréis bien durante el trayecto, pero tenéis que poner de vuestra parte”.

Personalmente, esta es la televisión que llevaba esperando toda mi vida, la que me trate como una persona inteligente; la que, al igual que un buen libro, me rete a pensar y reflexionar, a intentar anticiparme al autor; la que me deje clavado en el sofá asimilando lo que he visto. Esa es la propuesta de Perdidos, la propuesta de otra televisión que está ahí: la propuesta de Urgencias, de The Wire, de House, de Los Sopranos, de Entourage y de Battlestar Galactica, de Dexter y de Mad Men. Otra televisión de la que Perdidos es su exponente más popular, pero (¡gracias a dios!) no el único.

Os dejo con esta fantástica infografía, titulada “Una isla perdida en el tiempo”, realizada por el diario Público para su reportaje con motivo de esta sexta temporada.

‘Pluto’ de Naoki Urasawa (7/10)

Posted 28/01/2010 by David
Categories: Manga, Reseñas

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Naoki Urasawa es, ante todo, un autor de thrillers. Es el género que le gusta, lo que mejor se le da, él lo sabe y nosotros lo sabemos. Más allá de escarceos iniciales con otros géneros más típicos del manga, como Yawara!, Urasawa salta al estrellato y nace para el gran público occidental con Monster, uno de los mejores relatos de intriga publicados en las últimas décadas. No es de extrañar, pues, que un autor con esta habilidad innata para tejer tramas de investigación conciba el universo de Astroboy en clave de novela policíaca, aprovechando el microcosmos ideado por Osamu Tezuka (creador de Astroboy a la sazón que padre espiritual y material del manga) para contarnos una historia de asesinatos en serie, de conspiraciones, secretos intrincados y reencuentros con el pasado. La receta puede resultar extraña al principio, pero el plato que Urasawa nos sirve se degusta con placer.

Esa es la propuesta de Pluto, un manga creado para conmemorar el nacimiento en la ficción de Astroboy (“Atom” en el original japonés), que Tezuka estableció en el 7 de abril de 2003. Con motivo de esta ficticia efemérides, Pluto comienza a publicarse en Japón en 2003, tomando como referencia el arco argumental “El mejor robot sobre la faz de la tierra”, publicado en el Astroboy original en la década de los 70. En dicha historia, Astroboy debía derrotar a Pluto, un robot concebido para convertirse en el más fuerte jamás creado. Urasawa toma esta historia como punto de partida y mantiene a muchos de sus personajes, pero la pasa por su tamiz convirtiéndola en una historia de investigación de ciencia ficción, más cercana al estilo de los relatos de Phillip K. Dick que al original de Osamu Tezuka.

En este personal homenaje al genio que, según él, le inspiró para dedicarse al mundo del manga, Naoki Urasawa no se ve cohibido por manejar material altamente inflamable (Tetsuwan Atom, Astroboy en occidente, ha sido durante más de cinco décadas el manga más popular en Japón), y se permite trastear con personajes grabados en el imaginario colectivo de millones de personas, reinterpretando con fuerza y acierto a todos los personajes originales (como el propio Astroboy, retratado como un niño de unos once años de apariencia absolutamente humana) y creando otros nuevos que resultan igual de atractivos para el lector. Cómo no, mención especial para el protagonista de Pluto: el detective alemán de la Europol Gesicht, un androide de última generación de perfil sobrio y contenido, que se implica más allá de lo recomendable para un detective en descubrir los motivos del asesino que está acabando, uno a uno, con los robots más populares y poderosos del planeta.

El Astroboy original de Tezuka y la versión reimaginada por Naoki Urasawa.

Con este punto de partida, Urasawa nos va desvelando en pequeñas dosis esa sociedad futurista en la que hombres y androides conviven con relativa naturalidad, hasta el punto de que en muchas ocasiones humanos y robots son indistinguibles; al mismo tiempo que nos da a entender que esa convivencia no siempre ha sido un camino de rosas, de modo que “la carta de Derechos Robóticos” es una convención alcanzada tras tremendos conflictos, acontecimientos del pasado en los que se hallan los orígenes de los sucesos narrados en Pluto.

Habría que decir que es innecesario conocer el Astroboy original para disfrutar de la historia de Pluto, cargada de referencias y homenajes al original (y a otras obras de O. Tezuka) pero que resultan irrelevantes para la trama. En mi caso, Pluto me está resultando totalmente accesible y nunca he leído nada de Tezuka, y eso que en España tenemos magníficas ediciones de sus clásicos. Pero temo que con Tezuka me pase lo mismo que con otros autores “fundamentales” de los 50-60-70, lo podríamos llamar “el síndrome Will Eisner”: los leo, entiendo por qué fueron tan relevantes en su época, pero no los disfruto en absoluto, ya que sus discursos y su estilo me resultan obsoletos a día de hoy. ¿Sacrilegio? Quizás.

Pero dejando al margen consideraciones que no tienen que ver con la obra, recomendaría Pluto a todos aquellos que disfrutan con las historias de investigación construidas con inteligencia y bien desarrolladas: la trama engancha como es habitual en Urasawa, aunque no sepamos exactamente hacia donde avanza; los personajes son muy buenos, como también es habitual en el autor, que retoma su tendencia de abandonar durante capítulos a los protagonistas confiando el desarrollo de la historia a los secundarios; y el trasfondo argumental es sólido, a lo que debemos añadir una puesta en escena elegante, con ciudades futuristas lejos del cliché, que mantienen su personalidad según se encuentren en Europa, Japón u Oriente Medio.

Sin embargo, Pluto está carente de la fluidez narrativa de Monster, sus giros argumentales sorprenden menos y seguimos la investigación con un cierto distanciamiento, sin esa implicación personal del lector que el autor logra en su obra maestra. Quizás sea injusto comparar toda la producción de Urasawa con Monster, pero creo que el mismo origen de Pluto lastra el desarrollo del cómic: el hecho de que el autor se sienta deudor del Astroboy original, que deba reinterpretar un universo que no le es suyo, que deba contar obligatoriamente con determinados elementos para que Pluto no pierda su carácter de homenaje… todo ello acaba convirtiéndose en un lastre a la larga, que no permite despegar del todo a Pluto como magnífica historia de investigación en el género de la ciencia ficción. 7

Spiderman ‘reboot’: ¿La oportunidad de ver por fin una buena película del arácnido?

Posted 26/01/2010 by David
Categories: Cine

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Sony ha decidido darle al botón de “reset” y comenzar de nuevo la franquicia cinematográfica de Spiderman (‘reboot’ que se le viene llamando por la web), apartando del proyecto de Spiderman 4 al que había sido el director de las tres películas anteriores, Sam Raimi, y todo el equipo que le acompañaba (ya sabéis: Tobey Maguire como Peter Parker, Kirsten Dunst como Mary Jane, etc.). ¿La razón? Oficialmente, Sony y Raimi han acordado que los compromisos del director no permitían asegurar que Spiderman 4 estuviera lista para la fecha de estreno prevista por el estudio, no al menos manteniendo los estándares de calidad que caracterizan a la franquicia (¡ja!). Oficiosamente, parece que había fuertes discrepancias entre la productora y Sam Raimi sobre cuál debía ser el enfoque y guión de la cuarta entrega.

Para respaldar esta extraña maniobra (extraña porque hasta ahora las películas de Spiderman han sido un éxito de taquilla), Sony insiste en mencionar el caso de Batman, cuyo “reseteo” (o “reboot”, o “tábula rasa”) le ha sentado estupendamente al personaje, tanto en taquilla como en calidad artística del producto, ya que los dos Batman dirigidos por Chris Nolan están a años luz de los de Tim Burton, no digamos ya de los esperpentos perpetrados por Joel Schumacher. Para mí esta coartada no es válida, en primer lugar porque entre la última peli de Batman de la época lamentable (‘Batman & Robin’, Joel Schumacher, 1997) y ese peliculón que es ‘Batman Begins’ (Chris Nolan, 2005) pasan ocho años, tiempo suficiente para que el público olvide la debacle cinematográfica de la franquicia y vuelva a tener ganas de un personaje que, por lo demás, tiene un gancho popular y unas posibilidades creativas extraordinarias. A ello debe sumarse el hecho de que DC-Warner era muy conscinete de la aberración que habían supuesto las dos últimas películas de Batman, afrontando la resurrección cinematográfica del personaje como un acto de contricción, buscando un director de garantías, que asegurase un trato respetuoso al personaje; y elaborando un guión basado en varios de los mejores cómics del Hombre Murciélago (principalmente, ‘Batman: Año I’ y ‘El largo Halloween’), dotando así al relato de una visión grave y adulta, según el estándar impuesto por Frank Miller en ‘Año I’ y ‘El Regreso del Señor de la Noche’. Bien, no hay nada de esto en la puesta a 0 del Spiderman cinematográfico.

Para empezar, Spiderman 3 se estrenó en 2007, por lo que todo apunta a que es demasiado pronto para venderle al público la misma historia desde el principio. Para continuar, no hay un deseo real de darle un cambio al enfoque del personaje (¿por qué? si en taquilla ha ido como la seda) y, para terminar, Sony-Columbia ya ha anunciado que invertirá menos dinero que en las películas anteriores, ya que pretende que sea un film más ¿intimisa? con actores semidesconocidos. Desde luego, no suena a un relanzamiento del personaje, más bien a “ya que tenemos la franquicia, aprovechémosla aunque nos hayamos quedado sin nuestro elenco de estrellas”.

Espero que ninguno piense que estoy defendiendo el Spiderman de Raimi: tres películas lamentables en conjunto (sólo salvaría mínimamente la segunda), con una elección de casting penosa (¿Maguire como Peter Parker?, ¡¿Kirsten Dunst como Mary Jane?!), con unos enemigos reducidos al ridículo (¿alguien ve algún parecido entre el Norman Osborn de los cómics y ese patético remedo de Willem Dafoe?). Tres películas en las que el director estaba más preocupado de adaptar el universo Spiderman a su visión y su estilo que de ser fiel a un personaje con décadas de historia a la espalda. Sinceramente, creo que las películas de Raimi funcionaron por el inevitable tirón de la cabecera Spiderman, y por ser un producto neutro y superficial fácilmente digerible por la productora y el gran público; pero muy lejos de lo que podría haber dado de sí la historia de Peter Parker.

¿Cuántas veces he tenido que acordarme del Spiderman proyectado por James Cameron? Si no conocéis la historia, en 1992, tras el rodaje de Terminator 2, Cameron escribió un guión para la película de Spiderman que tenía proyectada, personaje del que en numerosas ocasiones se ha declarado fan. El guión, con un abundante apoyo en la voz en off de Peter Parker (algo que se mantuvo en la primera escena del Spiderman de Sam Raimi como una especie de homenaje), ofrecía una visión extremadamente realista del personaje, con una violencia explícita alejada del espectáculo; con enemigos con poderes pero vestidos de calle, nada de mallas; y con un argumento centrado en la vida cotidiana de Peter Parker, en las dificultades de un huérfano adolescente con una vida dura, a la que se suma el hecho de tener poderes fuera de lo común que, lejos de ser una diversión, no hacen más que acarrearle problemas. En definitiva, Cameron concibió su Spiderman como un drama y no como una comedia de acción, dándole prioridad a la persona tras la máscara y no al superhéroe. Un concepto con el que Stan Lee ya revolucionó el mundo de los cómics hace medio siglo.

Lamentablemente, el pantano legal que han supuesto los derechos cinematográficos de Spiderman durante años impidieron que Universal pudiera rodar el film, desesperando al director canadiense hasta que se apartó del proyecto, que finalmente recayó en manos de Sony y Sam Raimi. Creo que ahí perdimos nuestra oportunidad de ver una gran película de Spiderman, del estilo a las dos de Batman filmadas por Nolan.

Y ahora tenemos por delante esta revisión del personaje que será Spiderman 4, para la que ya se ha anunciado director, Mark Webb (director de ‘500 days of Summer’), y guionista (James Vanderbilt), sin que a fecha de hoy se sepa nada de los posibles actores, salvo que se quiere contar con un elenco joven y semi desconocido, pues la película devolverá a Peter Parker al instituto y sus orígenes como Spiderman. Según se rumorea, los que han tenido acceso al guión hablan de una historia similar en planteamiento al guión de James Cameron, es decir, más centrada en la vida cotidiana de Parker y cómo intenta compatibilizar ésta con su alter-ego superheroico, que en los saltos que da por Nueva York vestido con mallas; aunque dejando de lado el tono dramático que tenía previsto el autor de la reciente Avatar. Según se comenta, el objetivo es tomar como referencia Ultimate Spiderman, que es, ni más ni menos, que el propio reboot del personaje hecho por Marvel. Si esto es cierto y se es fiel al trabajo de Brian Michael Bendis en dicha colección, la noticia podría ser excelente, ya que Ultimate Spiderman es la mejor aproximación al personaje que he visto en muchísimos años (y llevo más de 20 leyendo Spiderman).

Sin embargo, Ultimate Spiderman es una serie juvenil en apariencia, pero bastante adulta en trasfondo y muy seria en los argumentos, aunque sin dejar de lado esa vis cómica que siempre ha tenido el personaje. Con esto quiero decir que me asusta que los productores se queden con la forma y no con el fondo de la colección; y, que yo sepa, nadie ha hablado de contar con Bendis ni como guionista ni asesor, algo que daría bastante entidad al proyecto. En definitiva, permitidme que sea desconfiado con este nuevo Spiderman, así sólo me podré sorprender para bien.

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La Mazmorra: Época Zenit (6/10)

Posted 18/01/2010 by David
Categories: Cómic Europeo, Reseñas

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La Mazmorra es la peculiar creación de los autores franceses Joann Sfar y Lewis Trondhein; ambos, guionista y dibujante, nos traen una propuesta que si no es innovadora en su planteamiento (nos encontramos ante una nueva parodia que se apoya en los lugares comunes de la fantasía épica medieval) sí lo es en su desarrollo y estilo absolutamente personal.

Muy lejos de la tradición del cómic francobelga, La Mazmorra entronca más bien con el humor absurdo y por momentos surrealista de la literatura británica, con un regusto que nos recuerda a autores como Terry Pratchett. Un pato cobarde e inútil de noble cuna capaz de prosperar en un mundo dominado por criaturas y poderes arcanos; un fiero dragón humanoide general de las huestes de la Mazmorra que, sin embargo, es vegetariano y un leal amigo cuando se lo propone; hechiceros practicantes de una magia absurda; princesas guerreras que acaban rescatando a sus rescatadores… Este es el paisaje que nos encontramos cuando nos asomamos a este cómic, un paisaje presidido por la imponente Mazmorra, epicentro de este extraño mundo y núcleo de todas las tramas argumentales.

Cabe señalar que el proyecto íntegro de La Mazmorra está compuesto por tres colecciones, cada una correspondiente a una época distinta de la historia de este santuario, y cada una con sus propios protagonistas y trasfondos. Las tres colecciones, publicadas simultáneamente, corresponden a la Época Amanecer, la Época Zenit y la Época Crepúsculo; conformando un intrincado universo editorial, al poseer cada etapa sus propias subcolecciones.

Centrándonos en la época Zenit (la que he podido leer hasta la fecha) diré que me recuerda bastante a otro cómic de ambientación similar: Groo el Vagabundo, la maravilla creada por nuestro compatriota Sergio Aragonés, que tanto gusta en USA y que tan desapercibida pasa en España. Si bien el conjunto de la propuesta de La Mazmorra es más ambiciosa y compleja, la obra de Aragonés me parece más redonda a la hora de divertir, con situaciones menos basadas en el absurdo y que se apoyan más en los gags de guión.

Aun así, debo decir que La Mazmorra no se limita a buscar la risa del lector, resultando en algunos momentos una propuesta más rica. Y es que en el transcurso de sus viajes, nuestro protagonista Herbert el pato entra en contacto con realidades y personajes que encierran una reflexión sobre verdades universales; un esfuerzo argumental que, lamentablemente, puede pasar desapercibido por el tono satírico que preside el cómic.

Respecto al dibujo, el tono naíf y despreocupado de Trondheim resulta excelente para la obra, dotando de una personalidad visual al mundo de La Mazmorra que se pierde al ser sustituido a los lápices por otros ilustradores (Boulet, por ejemplo, en la Época Zenit). Algo que en cierto modo era de esperar, ya que un proyecto editorial de estas dimensiones requiere más de un dibujante, de ahí que quizás se debería haber optado por inaugurar la saga con un aspecto visual menos personal que el que aporta Trondheim, de modo que el cambio de ilustrador no resultara tan chocante.

Sea como sea, La Mazmorra es una divertidísima propuesta del cómic europeo contemporáneo que, aunque no sea redonda, resulta tremendamente entretenida. Y sospecho que ese es el principal objetivo de sus autores. Queda por ver si este particular universo es capaz de dar de sí todo lo que esperan sus creadores. 6

‘La Mazmorra’. Joann Sfar y Lewis Trondheim. Norma Editorial.

El Lobo Solitario y su Cachorro (9/10)

Posted 08/01/2010 by David
Categories: Manga, Reseñas

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Comienzo el nuevo año con una reseña que tenía pendiente y a la que le estaba dando largas desde hace meses, por el mero hecho de la dificultad que entraña comentar una obra considerada un clásico atemporal. Me refiero a El Lobo Solitario y su Cachorro (Kodure Ookami en el original japonés), el manga creado por Kazuo Koike e  ilustrado por  Goseki Kojima, publicado originalmente entre 1970 y 1976.

Pocas veces una obra consigue un impacto tan profundo en la cultura de un país, convirtiéndose en un referente cuya popularidad no ha decaído en generaciones posteriores. Pero más allá del calado social de este cómic, debemos comprender que Kodure Ookami representa un verdadero hito en la historia del manga. Y es que todo medio de expresión tiene una serie de obras fundacionales o transformadoras, referentes que condicionan de manera indiscutible la producción posterior dentro de ese género, y ese es el caso de El Lobo Solitario y su Cachorro. Una obra cuyo impacto se extiende a Occidente, influyendo drásticamente en el trabajo de autores como Frank Miller, que durante años intentó sin éxito su publicación en USA, hasta que logró convencer a la pequeña editorial First Comics para que se hiciera cargo de editarlo en 1987, con portadas del propio Frank Miller y Bill Sienkiewics; o que ha inspirado novelas gráficas como Camino a la Perdición (Road to Perdition), de Max Allan Collins, adaptación libre del manga original que fue llevada al cine en 2002 por el director Sam Mendes.

Una de las portadas de Frank Miller para la edición USA

Pero, ¿qué nos cuenta El Lobo Solitario y su Cachorro?. Qué encierra este manga convertido en fenómeno social en Asia y en obra de culto en Occidente, incluso entre los grandes gurús del cómic. En esencia Kodure Ookami es un “chambara”, un género literario y cinematográfico tremendamente popular en Japón, similar al western en sus códigos, que aborda la figura del samurái de una manera épica e idealizada. No obstante, la obra de Koike y Kojima ofrecía una visión mucho más oscura y brutal del período histórico donde se desarrollan este tipo de relatos (generalmente, durante el shogunato Tokugawa en el siglo XVII), describiendo un japón feudal menos bucólico y mitificado que el descrito comúnmente en este género. En este contexto, el manga nos narra la historia de Itto Ogami, el albacea oficial del shogún (dictador militar de japón que reinaba sobre todos los clanes del país), encargado de asistir en el seppuku a los señores nobles. Para los no familiarizados con la cultura japonesa del período Edo,  decir que el seppuku, más conocido por estos lares como hara-kiri, es un suicidio ritual ejecutado por los samuráis y señores de la nobleza para restituir a su clan el honor perdido por su actos. El shogún ordenaba que se suicidaran mediante el seppuku a aquellos nobles que cometían una afrenta contra él (por lo general, conspirar o amenazar de algún modo su supremacía militar y política), teniendo derecho a ser asistidos durante el ritual por el kaishakunin o albacea oficial del shogún. En la práctica, este hombre se encargaba de cercenar la cabeza al suicida una vez éste se había apuñalado el estómago con su propia espada, ahorrándole así un tremendo sufrimiento.

Lejos de ser considerado un mero verdugo, el hecho de tener un asistente durante el seppuku era un verdadero honor, ya que evitaba el dolor y el lamentable espectáculo de una lenta agonía. El kaishakunin era, por tanto, una persona muy respetada y de tremendo poder en Japón, ya que los nobles sólo podían ser asistidos en seppuku por personas de su mismo rango social. A tal objeto, este hombre ostentaba en su kimono el propio emblema del shogún, convirtiéndose en su representante directo y brazo ejecutor a la hora de decapitar a los nobles más poderosos del país. El kaishakunin era, en esencia, un poder simbólico usado por el shogún para reforzar su hegemonía sobre la nobleza feudal.

El drama de Itto Ogami comienza cuando el poderoso clan Yagyu, que durante años ha pretendido que el shogún nombre como albacea a uno de sus hijos, masacra a la familia de Ogami y hace ver que Itto conspiraba contra el líder de la nación. Despojado de su rango y perseguido por traidor, Itto se ve condenado a convertirse  en ronin (samurái sin señor) y, junto con el único superviviente de su familia, su pequeño hijo Daigoro, se consagra al meifumado: el “camino al infierno” que conduce a la venganza o a la muerte. Para recorrer este sendero, Itto y Daigoro se convierten en “demonios”, asesinos despiadados que supeditan todo a su nueva misión en la vida.

En esencia, el Lobo Solitario y su Cachorro es una larga historia de venganza, una venganza sangrienta y sin piedad que se extiende a lo largo 8.700 páginas magistrales, en las que Kazuo Koike y Goseki Kojima nos desgranan los entresijos del Japón feudal, las peculiaridades de la compleja casta samurái y el código según el cual vivían y morían, el Bushido, y van definiendo poco a poco la figura de Itto Ogami, un guerrero asceta que busca trasmitir a su hijo su peculiar visión de la vida, consciente de una muerte segura. La relación padre-hijo, la descripción de un momento histórico único, la perfecta definición del modo de vida del samurái… son valores que se suman al enorme poder de fascinación que posee el relato, al que asistimos conmovidos y horrorizados a partes iguales.

Es cierto que la obra no está libre de la afectación y la tendencia al melodrama que acusan la mayoría de los mangas; que Ogami se nos muestra como un guerrero perfecto e imbatible; que se reiteran ciertos tópicos del género, como el que aquel samurái recto y apegado al bushido es siempre superior con la espada a los que no lo respetan. Todo ello son “defectos” de El Lobo Solitario que sólo se entienden como tales si nos olvidamos que son rasgos definitorios del género al que pertenece. Por lo demás, la obra de Koike y Kojima nos narra una historia de una fuerza tremenda, que hizo tambalear los cimientos del manga hasta el punto que reescribió las bases de un género, y trascendió fuera de sus fronteras en una época en la que, no olvidemos, el manga era un absoluto desconocido en Occidente. 9

‘El Lobo solitario y su Cachorro’
Kazuo Koike y Goseki Kojima
Planeta de Agostini Cómics. Colección Pachinco.

Cómics para Navidad

Posted 28/12/2009 by David
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Se me ha ocurrido recomendar en el blog algunos cómics propios para leer o regalar en esta época. No me refiero a cómics de temática navideña, pero sí de un tono más amable que los que solemos comentar por aquí. Historias más simpáticas, divertidas y sin esa carga de agresividad que suele invadir el medio. En definitiva, cómics que van bien para leer a la luz del arbolito de Navidad y escuchando llover desde el sofá. Mi selección sería la siguiente (sin ningún orden concreto):

Dr. Slump: Aprovechando la magnífica reedición de Planeta de Agostini, se me hace imprescindible recomendar la lectura de la obra maestra de Akira Toriyama. Un manga donde todo vale con tal de hacernos reir, y en el que el autor crea un elenco de personajes (los vecinos de Villapingüino) absolutamente memorable. Dr. Slump es difícil de describir, pero su particularísimo sentido del humor, su innovadora narración (con la constante intromisión del escritor en su relato), y su absoluto desdén por los convencionalismos del género lo convierten en una maravilla irrepetible. Sin duda, uno de los mejores mangas jamás publicados. Para mí continúa siendo incomprensible cómo alguien capaz de parir semejante obbra maestra iconoclasta, se ha convertido a posteriori en un autor plano y comercial donde los haya con su reiterativo hasta la saciedad Dragon Ball (perdón, Dragon Ball Z, que las primeras aventuras de Goku todavía merecen la pena).

Bone: Obra magna de Jeff Smith (magna en todos los sentidos) ya reseñada en este blog, pero que saco de nuevo a la palestra por ser especialmente recomendable en estas fechas. Lo tiene todo para la lectura navideña: aventuras en un mundo de fantasía épico-medieval, dragones, hechiceros, acción, gags cómicos bastante bien escritos, personajes que se quedan contigo para siempre y muñecos blancos narigones. Para más señas picad en el enlace de arriba.

One Pound Gospel: Recuperamos a una de las grandes autoras del manga: Rumiko Takahashi, más conocida por ser la creadora de Ranma 1/2
y, si tenéis menos de 25 años, de InuYasha. Pero no son ninguna de sus dos obras más conocidas las que os voy a recomendar, sino un manga reeditado en España hace un año por Glènat en cuatro de esos volúmenes tan bonitos que acostumbra la editorial francesa. One Pound Gospel (título de difícil traducción, “El Evangelio de una Libra” quizás) es una comedia que nos cuenta la historia de un boxeador semiprofesional enamorado de una joven monja, la cual se siente obligada a ayudarle en los constantes problemas con la dieta que el joven luchador debe mantener para no sobrepasar la categoría que le corresponde como boxeador (de ahí el juego de palabras con el título). Una comedia por momentos disparatada (los que conozcáis el estilo de Takahashi ya os podéis hacer una idea), por la que desfilan perdedores de todo tipo que, sin embargo, saben disfrutar de la vida a su modo. Una peculiar comedia romántica que puede ser la mejor obra de la autora por el mero hecho de que dura lo que tiene que durar, y no se alarga infinitamente por imperativo editorial, como le pasa a otros mangas de éxito (¿he mencionado antes Dragon Ball?).

Liberty Meadows: La controvertida tira cómica de Frank Cho es una de mis debilidades. Con el dudoso récord de ser la tira más censurada por el Creators Sindicate norteamericano (no os asustéis, sigue siendo recomendable por Navidad, es que allí hay mucho mojigato), Liberty Meadows se desarrolla en la reserva de animales que da nombre al cómic, la cual acoge a bichos con problemas psicológicos que les impiden vivir en su entorno natural. Con esta premisa os podéis imaginar el reparto: Dean, un cerdo con múltiples adicciones en perpetua rehabilitación tras ser la mascota de una hermandad universitaria; Leslie, un oso enano rescatado de un circo; Leslie, la ¿rana? hipondríaca; el ingenuo patito Truman; Frank, el veterinario de la reserva (trasunto del propio autor), y el objeto de sus desvelos amorosos, la explosiva psiquiatra veterinaria de Liberty Meadows, Brandy. Una panda singular con la que merece la pena pasar las navidades. Aunque advierto, el cómic está lleno de referencias “frikis” o “geeks”, como queráis llamarlas, por lo que requiere tener cierta cultura del mundillo para entender muchos de los chistes. Pero no nos engañemos, si estáis leyendo este blog…

Concrete: Magistralmente escrito y dibujado por Paul Chadwick, Concrete es uno de los cómics independientes USA más prestigiosos que existen. Su contemplativo protagonista, Concrete, es un hombre encerrado en un cuerpo de piedra orgánica tras ser abducido por alienígenas. Más allá de la explicación de su estado, cuyas causas apenas tienen incidencia en el posterior desarrollo de la obra, el cómic es un precioso canto a la naturaleza y una defensa de los valores ecologistas. Con un discurso mesurado e inteligente, Chadwick hace una reflexión nada escandalosa sobre ciertas verdades universales, ¡a la vez que nos entretiene!

Fábulas: Vale, ya sé que Fábulas no es un cómic alegre en muchos aspectos, y que muchos de sus personajes no producen precisamente “buen rollo navideño”, pero la obra que ha tomado el relevo de Sandman como pilar del universo Vertigo merece una visita en esta época del año. Para los que no la conozcáis, Fábulas nos cuenta la vida (mundana y prosaica) de los personajes clásicos de cuentos en nuestro mundo real, al que han debido exiliarse por razones que no desvelaremos, y en el que deben vivir-sobrevivir ocultando su verdadera naturaleza. Una premisa inteligente y novedosa alrededor de la cual Bill Willingham nos narra la historia actual de Blancanieves, Bella y Bestia, Caperucita Roja, Cenicienta, etc. en un mundo real donde se sienten extraños y desnaturalizados; y donde deben aunar esfuerzos para sobrevivir ocultando su verdadero origen.

Calvin & Hobbes: Una de las tiras de prensa más famosas del mundo, protagonizada por un inconformista y creativo pequeñajo de seis años (al más puro estilo del género: Mafalda, Charlie Brown…) y su colega imaginario, el cínico tigre de peluche Hobbes, a los que une una amistad muy real. Sé que no es una recomendación muy original, pero la obra maestra de Bill Watterson es una lectura fantástica para esta época del año que, además, funciona magníficamente a todos los niveles de comprensión, por lo que puede ser el único cómic de la lista (junto con el que la abre) apto para los enanos de la casa.

Bueno, esta es mi lista para los días de Navidad que nos quedan. Como siempre, espero vuestras aportaciones. ¡Feliz Navidad, feliz año nuevo y felices Reyes!

Capitán América: El Soldado de Invierno (7/10)

Posted 22/12/2009 by David
Categories: Cómic USA, Marvel, Reseñas

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Segundo volumen recopilatorio de la etapa de Ed Brubaker al frente del Capitán América, y segundo arco argumental que me gusta, pero no me entusiasma. Por alguna razón sigo buscando en las páginas de este cómic al Brubaker de Sleeper o de los mejores relatos de Criminal y no lo encuentro, y empiezo a sospechar que el problema es mío, ya que ni los personajes ni el contexto editorial permiten que el autor desarrolle este tipo de historias. Pero es un hecho: el Brubaker superheroico me gusta menos que el indie, aunque siempre mantenga un mínimo notable en todo lo que escribe.

Metiéndonos en harina, ya he comentado otras veces que Brubaker es, ante todo, un escritor de género negro, da igual el medio en que se sumerja y los personajes con los que trabaje. Y con su Capitán América vuelve a dejarlo claro: dota al personaje de un background noir que (para mi sorpresa) le sienta al Capi como un guante, y que obliga/permite al autor jugar constantemente con flashbacks de los orígenes del personaje durante la II Guerra Mundial, un período histórico mucho más adecuado para el género negro que la actualidad y los habituales relatos sobre invasiones alienígenas a los que nos tienen acostumbrados anteriores guionistas.

Y precisamente eso es lo que nos encontramos en ‘El Soldado de Invierno’, un relato construido a base de flashbacks en blanco y negro de los recuerdos de Steve Rogers sobre determinados acontecimientos de su vida anterior, y de flasbacks a color sobro otros acontecimientos pasados a los que el Centinela de la Libertad no tuvo acceso, por lo que se nos narran sin el tamiz de la perspectiva del Capitán América. Acontecimientos desconocidos hasta la fecha que tienen un poderoso impacto sobre la actual vida del Capi.

El volumen comienza con un planteamiento espectacular: las cámaras de seguridad del Aeropuerto Dulles, en Washington D.C., graban a un individuo registrado como peligroso en las bases de datos de S.H.I.E.L.D. Cotejando estas imágenes con las almacenadas durante décadas en los archivos de seguridad de estaciones de transporte, “un trabajo que por primera vez nos ha permitido hacer el software del siglo XXI”, se pone de manifiesto que dicha persona ha aparecido en estaciones de tren, autobús y aeropuertos de todo el mundo en días previos a los asesinatos de personalidades relevantes. Con un factor más a tener en cuenta: el individuo apenas parece haber envejecido unos años en las últimas cuatro décadas. Cobra forma así lo que, hasta la fecha, parecía ser un mito de la Guerra Fría: el Soldado de Invierno, un asesino del KGB soviético al que se mantenía criogenizado, y que sólo era despertado durante unos meses para preparar y acometer asesinatos precisos, antes de volver a la animación suspendida.

De este modo comienza un relato protagonizado absolutamente por el soldado que le da nombre al volumen y que, como se conoce en las primeras páginas, tiene un fuerte vínculo con el pasado del Capitán América. La historia del Soldado de Invierno es tan poderosa que hace pasar desapercibida toda la trama sobre el Cubo Cósmico y su búsqueda por parte de SHIELD, un argumento que, a mi juicio, es tan banal y aburrido como las invasiones alienígenas de las que os hablaba antes, y que en este volumen da lugar a las peores páginas de la historia. Ya sé que la búsqueda del Cubo Cósmico es la trama principal de la serie pero, por ahora, me parece infinitamente peor que las subtramas como la del Soldado de Invierno las cuales, de hecho, le roban todo el protagonismo.

Todo ello ilustrado por un Steve Epting que de nuevo da lo mejor de sí en las portadas, sin desmerecer su trabajo narrativo, muy en la línea espectacular-realista que tanto gusta ahora en Marvel, y en la que Bryan Hitch es el mejor exponente.

Concluyendo: buen cómic este “Capitán América: El Soldado de Invierno”, con un planteamiento inicial mejor que su desarrollo, pero que en definitiva ofrece una historia entretenida y de calidad, salpicada, eso sí, por algunos momentos en los que da verdaderos bajones, sobre todo cuando se centra en la trama conspirativa del dichoso Cubo Cósmico que a nadie le importa (por lo menos a mí no). Espero el próximo volumen, a ver si Brubaker consigue hacer despegar del todo la serie. 7

Capitán América: ‘El Soldado de Invierno’
Ed Brubaker y Steve Epting
Panini Cómics. Colección Marvel Deluxe.

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‘Monster’ de Naoki Urasawa, vol.1 al 4 (10/10)

Posted 12/12/2009 by David
Categories: Manga, Reseñas

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Alcanzo el ecuador de esta magnífica obra de Naoki Urasawa y me animo a reseñar lo que he leído hasta ahora, con el riesgo que ello conlleva, porque en este tipo de relatos un mal desenlace puede echar a perder un buen planteamiento e incluso un buen desarrollo. Pero creo que, para ser justos con Monster, mucho se deben torcer las cosas para que no lo considere el mejor thriller de investigación que he leído.

Por tanto, abordo en esta reseña el material que comprende los cuatro primeros volúmenes publicados por Planeta en su Biblioteca Pachinco, una colección a la que debemos estarle muy agradecidos los aficionados al buen cómic, tanto por su excelente selección de títulos como por la calidad de su edición. Una vez hecha esta puntualización, lo que corresponde a una buena crítica es explicar el argumento, algo que resulta bastante complejo en el caso de Monster, no por lo enrevesado que pueda ser éste, sino por el riesgo de destripar (o spoilear como se suele decir por los foros) detalles importantes de la historia. Incluso contando lo más superficial se puede desvelar información que debe ser descubierta por cada lector en el transcurso de su lectura personal de la obra.

Como no es mi intención robaros ese deleite, baste con decir que Monster nos narra la historia del Dr. Kenzo Tenma, un excepcional neurocirujano japonés afincado en Düsseldorf, Alemania, que en su práctica cotidiana en el hospital Memorial Eisler le salva la vida a un niño de apenas 11 años ingresado durante su turno con un disparo de bala en la cabeza. Este acontecimiento, que a priori parece un nuevo éxito profesional de Tenma, fruto de su excepcional talento para la cirugía y su extremo compromiso con sus pacientes, desencadena una serie de tremendos acontecimientos de los que el doctor se siente culpable, y que le llevan a dejarlo todo atrás, a romper con su vida y su carrera para embarcarse en una misión de redención autoimpuesta que sólo puede concluir de una forma.

¿Por qué considera Kennzo Tenma que salvarle la vida a un niño inocente implica el peor error de su vida? ¿Por qué se siente en la necesidad de dejarlo todo atrás y consuma su existencia a enmendar este error? Son preguntas a las que no os voy a dar respuesta (flaco favor os haría), pero sí os diré que llevan a nuestro torturado doctor a un viaje por toda la Alemania posterior a la reunificación, en una investigación que le procura extraños aliados y peligrosos enemigos, que le permite descubrir terribles secretos de la extinta dictadura comunista de Alemania Oriental, así como las miserias de la poderosa clase industrial de los lands o el racismo subyacente en ciertos estratos de la sociedad alemana. Todo ello desde la visión de un autor japonés que se escuda tras un protagonista también nipón, para aportar así, con la disculpa de su origen extranjero, su particular visión de un momento histórico singular en la Europa moderna.

Monster es una obra terriblemente compleja a todos los niveles, con un análisis profundo y preciso de las motivaciones humanas, de la bioética, de cómo nos engañamos a nosotros mismos para creer que somos seres justos, y de cómo nuestra personalidad, acomodada en el día a día cotidiano, puede transformarse radicalmente en situaciones de excepción. Este cómic es todo un estudio sobre la psique que, asumiendo las bases del thriller de investigación norteamericano, supera largamente a la inmensa mayoría de estas obras que importamos de Hollywood o que nos encontramos en las estanterías de los aeropuertos. Profundo, inteligente, perspicaz, conmovedor y divertido, todos ellos son calificativos necesarios para describir el trabajo de Urasawa, y aún así nos quedaríamos cortos.

No dudo en afirmar que Monster es el mejor manga que he leído hasta la fecha (curiosamente, es también el menos japonés de todos ellos), y uno de los mejores cómics publicados en los últimos diez años. Una historia de investigación tremendamente adictiva (resulta sobrecogedor ver cómo cada nuevo paso en la investigación, cada nuevo hallazgo de Tenma o alguno de sus “aliados”, van componiendo un mosaico que nos horroriza y nos fascina al mismo tiempo, a medida que vamos vislumbrando que hay una pauta superior), una obra con unos personajes secundarios poderosos y polifacéticos, pero, por encima de todo, Monster es una acertada reflexión de lo que se encierra dentro de nuestras mentes, de los monstruos con los que convivimos en nuestro interior y que, si tenemos suerte, no tendremos que descubrir. Tenma es un hombre confrontado a ese monstruo, tanto interior como exteriormente, entregado a una tortuosa misión al considerarse responsable de haber desencadenado algo terrible, embarcado en un viaje iniciático que nos deja a un Kenzo Tenma profundamente cambiado, una persona que no tiene nada que ver con la que habitaba su confortable día a día de éxito profesional.

De este modo, Urasawa juega a un doble y peligroso juego: nos muestra la atrocidad del monstruo, pero, al mismo tiempo, nos coarta a la hora de condenarlo, porque nos hace reflexionar sobre las situaciones excepcionales que llevan a determinadas personas a comportamientos extremos. ¿También podemos ser monstruos a nuestra manera? No lo sabríamos hasta que confrontáramos situaciones similares y, para nuestro bien, más vale que no debamos hacerlo nunca. Mientras llega ese improbable momento, podemos continuar viviendo con el cómodo convencimiento de que somos personas buenas y justas, que llegada la situación siempre haríamos lo correcto. 10

Monster. Naoki Urasawa. Planeta de Agostini Cómics, Biblioteca Pachinco.

Cómics, música, cine y los derechos fundamentales en Internet

Posted 07/12/2009 by David
Categories: Uncategorized

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Lo primero, disculparme por esta ausencia de varias semanas, debida principalmente a problemas de trabajo (en concreto, a la súbita falta del mismo). Lo segundo, no voy a escribir exactamente sobre cómics, pero sí sobre algo que creo nos interesa a todos igualmente: la difusión de cultura por Internet.

Hace unos días se reunían en Madrid la ministra de Cultura, Ángeles González-Sinde, y un grupo de lo que se ha dado en llamar “destacados internautas”, que en la práctica son blogueros, algunos periodistas de medios digitales y directores-fundadores de páginas web de relevancia. El origen de la variopinta reunión se encuentra en la polémica Comisión de Propiedad Intelectual que el Gobierno proyecta crear (como parte de la Ley de Economía Sostenible) y que ha despertado las iras de buena parte de la Comunidad internauta, hasta el punto de que la pasada semana se hizo público un muy crítico manifiesto “En defensa de los derechos fundamentales en Internet”, que ha corrido como la pólvora por blogs y foros.

El centro de la polémica es que la Comisión de Propiedad Intelectual tendrá potestad, entre otras cosas, para bloquear aquellas páginas web que faciliten la descarga (vía enlace o alojamiento en su propio servidor) de contenidos culturales como cine, series, música, videojuegos o cómics en formato .cbr, y todo ello sin que medie orden judicial alguna. Una especie de “policía cultural” en la red, pero sin la protección del habeas corpus. Ejecutamos y luego ya se verá.

No sé qué os parecerá a vosotros, pero a mí esto me parece una aberración. Comprendo el cabreo de los creadores culturales, que ven cómo su trabajo se difunde y disfruta sin que ellos reciban nada a cambio; pero el cierre de páginas webs por el mero hecho de que enlacen contenidos, sin pararse a analizar si hay un fin lucrativo detrás, me parece directamente coartar la libertad de expresión. Si la Comisión actúa a rajatabla, en unos meses nos quedamos sin blogosfera, sin foros, sin redes sociales… e Internet se limitaría a páginas corporativas.

La industria cultural observa cómo jamás en la historia había existido semejante intercambio de productos culturales, y piensa que, debidamente regulado, obtendría beneficio del 100% de este flujo. Ese plantemaiento es falso, por el mero hecho de que si los usuarios debieran pagar por ese intercambio de información las descargas se verían reducidas drásticamente. De igual modo que es un error pensar que el que descarga contenidos gratuitamente de Internet, o ve las cosas en streaming, es un consumidor que jamás pagará por un producto cultural.

En mi caso compro muchas series, películas, cómics, libros, videojuegos, voy al cine casi semanalmente… y, lo que no puedo permitirme, me lo descargo de Internet. Contenidos que, si fueran de pago, directamente prescindiría de ellos. Del mismo modo, estoy seguro de que los consumidores medios compran la misma cantidad de CDs y DVDs y van al cine tantas veces como irían si no tuvieran acceso a los contenidos en Internet.

Ojo, no digo que la reclamación de la industria cultural no tenga fundamento, todo creador tiene derecho a ser retribuido por su trabajo. Sólo creo que hay un error de enfoque en el planteamiento, que no me creo que estén perdiendo cantidades ingentes de dinero por culpa de Internet, más bien les duele perder la oportunidad de negocio que creen tener entre manos.

De cualquier modo, resulta curioso ver la evolución de este conflicto: hasta ahora sólo había existido el lobby de la industria, por el hecho de que “los internautas” en general son un colectivo difuso sin organización. Pero gracias a herramientas como Twitter se está consiguiendo aglutinar a cientos de miles de usuarios, al mismo tiempo que surgen voces relevante que pretenden representar al colectivo. Veamos en qué acaba esto.