Cuando uno abre un cómic de Neil Gaiman sabe que no puede esperar una historia al uso, sea para bien o para mal. Batman: ¿Qué le sucedió al cruzado enmascarado? supone el retorno del autor británico al cómic más comercial después de un largo periodo retirado del panorama USA o, al menos, supone un retorno al cómic mainstream tal como lo entiende este escritor. Y es que Gaiman sabe lo que se espera de él, sabe que no es un autor al uso del género y afronta sus obras con ganas de trascender y, a veces, esta animosidad le traiciona. Porque si intentas mantener una calidad media-alta en todos tus trabajo, y realmente eres bueno, rara vez metes la pata. Pero si intentas un triple con tirabuzón en cada salto, es lógico que más de una vez te des de bruces contra el suelo o, por lo menos, que no claves la salida. Digamos que en ¿Qué le sucedió al cruzado enmascarado? Gaiman no clava la salida.
La estrella británica aborda este encargo de DC con una clara referencia en mente: la obra ¿Qué le sucedió al Hombre del Mañana?. Al igual que éste, aquel cómic publicado en 1986 también fue un encargo de Detective Cómics a un autor británico, en este caso a Alan Moore, con el fin de marcar un punto y aparte en la historia de Superman. Dicha obra era un hito entre el Superman clásico y un nuevo Hombre de Acero modernizado, menos poderoso, más atormentado, más humano si se quiere; más acorde, en definitiva, al nuevo rumbo que la editorial quería dar a sus cómics después de la macrosaga Crisis en Tierras Infinitas. El trabajo de Alan Moore debía allanar el terreno al reboot del personaje (ahora que esta palabra está tan de moda) que estaba preparando John Byrne con su serie Superman: The Man of Steel, aún hoy el mejor Superman que he podido leer.
Es comprensivo por tanto, que Neil Gaiman abordara esta historia con ánimo de perdurar, y puede que lo consiga, aunque jamás la incluiría en una antología de los mejores cómics de Batman. El relato, publicado originalmente en Batman nº 686 y Detective Comics nº 853, nos cuenta en 59 páginas el mismísimo funeral de Batman. Con motivo del responso, oficiado en un bar de los barrios bajos de Gotham, por las páginas del cómic desfilan todos aquellos personajes, ya sean aliados o enemigos, que han sido significativos en la vida del Hombre Murciélago, y que desean mostrarles sus respetos en último adiós.
Cada uno de ellos cuenta su versión de la muerte del enmascarado, historias diametralmente distintas en las que el Señor de la Noche fallece en situaciones y por motivos totalmente dispares. Y es que Gaiman nos pretende mostrar La Muerte de Batman, no su versión de la muerte del héroe, sino cualquiera de las posibilidades futuras, por disparatada que sea. Porque aún no sabemos cómo morirá Bruce Wayne, lo que sabemos seguro es que morirá por Gotham (ese es el compromiso que asume al vestir el manto del murciélago); la manera en que lo haga es algo accesorio, pero será defendiendo la ciudad que ha jurado proteger. Esa es la premisa de Gaiman.
De este modo, no leemos un futuro alternativo, no nos enfrentamos a una especie de What if?, sino que Gaiman pretende ofrecernos la versión definitiva del final de Batman, el The End de Bruce Wayne que nunca llegaremos a leer. Y todo lo que pase antes de ese momento se lo deja al resto de autores que escribirán las historias del Hombre Murciélagos en el futuro. No podemos decir que Mr. Gaiman se conforme con poco.
Existen muchos Batman, tantos como lectores de sus aventuras, y hay lectores de Batman que aún no han nacido, por lo que existen infinitos Batmans potenciales. Gaiman pretende homenajear a todos ellos, a las distintas interpretaciones de Batman realizada por aquellos que le han escrito y dibujado, y por aquellos que lo han leído y lo leerán. Hay ideas buenas en este cómic: su planteamiento es pretencioso, pero me parece válido; aprecio los homenajes que hace a distintos momentos y autores significativos de la historia de Batman: Andy Kubert se lo curra, y ahora dibuja a Batman de manera que recuerde al de Frank Miller, y en la próxima viñeta nos recuerda a Jim Aparo, el Joker es el de Jerry Robison, y ahora es el de Norm Breyfogle. Aquí encontraremos los Batman de Mazzuchelli, de Neal Adams, de la Broma Asesina, de El Regreso del Caballero Oscuro, de Año I y de Arkham Asylum. Hay referencias a todo lo significativo de la historia de Batman.
Pero las buenas ideas solas no hacen un buen cómic y, lamentablemente, ¿Qué le sucedió al cruzado enmascarado? no funciona como cómic, no tiene ritmo, la historia me resulta forzadamente trascendente. A Gaiman le queda un pastiche pseudo onírico que me suena a recurso manido, y que no me emociona en absoluto. El planteamiento de Gaiman debió quedar estupendo sobre el papel, pero cuando desarrolla el guión, cuando nos muestra todas esas muertes de Batman, todas posibles y ninguna cierta, logra distanciar al lector, borra de un plumazo cualquier componente emocional porque sabemos que, en definitiva, lo que nos cuenta no es cierto.
Demasiado alegórico, demasiado onírico. Y Batman nunca ha sido Sandman, nunca se movió en el mundo de los sueños. Más bien en el de las pesadillas; las pesadillas reales y terribles que se esconden en la noche de Gotham, y Batman siempre fue la más tangible de todas ellas. 6
Batman: ¿Qué le sucedió al cruzado enmascarado?
Neil Gaiman y Andy Kubert. Planeta de Agostini Cómics.
























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