Capitán América: El Soldado de Invierno (el cómic, no la película)

Publicado 30 marzo, 2014 por David
Categorías: Cómic USA, Marvel, Reseñas

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Ayer se estrenó en España Capitán América: El Soldado de Invierno (en Estados Unidos se estrenará dentro de unos días), así que aprovecho para recuperar la reseña sobre el cómic homónimo de Ed Brubaker y Steve Epting que ya publiqué en su momento. Salvando las diferencias entre ambos productos (el film de los hermanos Russo es un buen espectáculo de pirotecnia mientras que el guion de Brubaker era una historia de espías con toques noir),  aún hay bastante del cómic original en esta adaptación cinematográfica, entre otras cosas, el enemigo que da nombre a la función: uno de los mejores añadidos a la galería de enemigos del Capi en muchos, muchos años.

El Soldado de Invierno fue el segundo arco argumental de Brubaker y Epting al frente de la colección regular del Capitán América, y aunque poco a poco las tramas iban girando hacia el estilo más característico del guionista, la colección seguía sin alcanzar el nivel de algunas de sus obras anteriores, como Sleeper o los mejores relatos de Criminal. Probablemente ni los personajes ni el contexto editorial permitían al autor desarrollar este tipo de historias. Pero es un hecho: el Brubaker superheroico (me) gusta menos que el indie, aunque siempre mantenga un mínimo notable en todo lo que escribe.

Metiéndonos en harina, Brubaker es, ante todo, un escritor de género negro, da igual el medio en que se sumerja y los personajes con los que trabaje. Y con su Capitán América vuelve a dejarlo claro: dota al personaje de un trasfondo noir que (para mi sorpresa) le sienta al Capi como un guante, y que obliga/permite al autor jugar constantemente con flashbacks de los orígenes del personaje durante la II Guerra Mundial, un período histórico mucho más adecuado para el estilo de Brubaker que los habituales relatos sobre invasiones alienígenas a los que nos tienen acostumbrados anteriores guionistas.

 

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Y precisamente eso es lo que nos encontramos en El Soldado de Invierno, un relato construido a base de flashbacks en blanco y negro de los recuerdos de Steve Rogers sobre determinados acontecimientos de su vida anterior, y de flasbacks a color sobro otros acontecimientos pasados a los que “el Centinela de la Libertad” no tuvo acceso, por lo que se nos narran sin el tamiz de la perspectiva del Capitán América. Acontecimientos desconocidos hasta la fecha que tienen un poderoso impacto sobre la actual vida de Steve Rogers.

El volumen comienza con un planteamiento espectacular: las cámaras de seguridad del Aeropuerto Dulles, en Washington D.C., graban a un individuo registrado como peligroso en las bases de datos de SHIELD. Cotejando estas imágenes con las almacenadas durante décadas en los archivos de seguridad de estaciones de transporte, “un trabajo que por primera vez nos ha permitido hacer el software del siglo XXI”, se pone de manifiesto que dicha persona ha aparecido en estaciones de tren, autobús y aeropuertos de todo el mundo en días previos a los asesinatos de personalidades relevantes. Con un factor más a tener en cuenta: el individuo apenas parece haber envejecido unos años en las últimas cuatro décadas. Cobra forma así lo que, hasta la fecha, parecía ser un mito de la Guerra Fría: el Soldado de Invierno, un asesino del KGB soviético al que se mantenía criogenizado, y que sólo era despertado durante unos meses para preparar y acometer asesinatos precisos, antes de volver a la animación suspendida.

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De este modo comienza un relato protagonizado absolutamente por el soldado que le da nombre al volumen y que, como se conoce en las primeras páginas, tiene un fuerte vínculo con el pasado del Capitán América. La historia del Soldado de Invierno es tan poderosa que hace pasar desapercibida toda la trama sobre el Cubo Cósmico y su búsqueda por parte de SHIELD, un argumento que, a mi juicio, es tan banal y aburrido como las invasiones alienígenas de las que os hablaba antes, y que en este volumen da lugar a las peores páginas de la historia.

Todo ello ilustrado por un Steve Epting que de nuevo da lo mejor de sí en las portadas, sin desmerecer su trabajo narrativo, muy en la línea espectacular-realista que tanto gusta ahora en Marvel, y en la que Bryan Hitch es el mejor exponente.

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Concluyendo: buen cómic este Capitán América: El Soldado de Invierno, con un planteamiento inicial mejor que su desarrollo, pero que en definitiva ofrece una historia entretenida y de calidad, salpicada, eso sí, por algunos momentos en los que da verdaderos bajones, curiosamente cuando dedica demasiado espacio a la supuesta trama principal de la serie. 7

 

Capitán América: El Soldado de Invierno
Ed Brubaker y Steve Epting
Marvel Comics. Publicado en España por Panini Cómics (Línea Marvel Deluxe). Cartoné, 165 páginas, color, 16,95 €

47 Ronin, la epopeya samurái vista por el cómic USA

Publicado 19 marzo, 2014 por David
Categorías: Cómic USA, Reseñas

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La leyenda de los 47 ronin vuelve a estar de moda merced a la (inefable) adaptación cinematográfica llevada a cabo por Hollywood. Pero este volumen de 150 páginas publicado por Planeta –recopilación de la miniserie de cinco números de Dark Horse Comics– poco tiene que ver con el blockbuster protagonizado por Keanu Reeves (gracias al cielo y a los “ocho millones de kamis”, he de añadir). De hecho, la aproximación a la historia es diametralmente opuesta: si la versión cinematográfica dirigida por Carl Rinsch era una suerte de abominación hipertrófica, la adaptación realizada por Mike Richardson y StanUsagi YojimboSakai es sutil, inteligente y decididamente respetuosa con un relato, mitad Historia mitad mito, que forma parte del imaginario cultural japonés. No en vano, el propio Richardson se encarga de citar el viejo dicho de que “conocer la historia de los 47 ronin es conocer Japón”.

El problema es que conocer la realidad en torno a dicho suceso no resulta tan sencillo. Los acontecimientos relativos a los 47 ronin, en efecto, sucedieron (las 47 tumbas de estos guerreros samuráis se pueden visitar en el templo Sengaku-ji, en Tokio), pero como ocurre con otros muchos eventos y personajes de la historia japonesa pre-moderna, los hechos saltaron inmediatamente a la narrativa popular: representaciones de kabuki, teatro de marionetas bunraku, poesía, grabados ukiyo-e, cuentacuentos… Todos contribuyeron a popularizar la hazaña de los 47 ronin casi desde el mismo día de los acontecimientos, pero también distorsionaron los hechos y a sus protagonistas, los exageraron, los deformaron y, en definitiva, los dramatizaron.

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En esencia, 47 Ronin narra la venganza llevada a cabo por los samuráis del señor feudal Asanao Takumi-Naganori después de que éste se suicidara por orden del shogún tras un conflicto con el funcionario Kira Yoshinaka. Según la historia, Kira, ofendido por las reiteradas negativas de Asano a pagar los sobornos a los que los funcionarios estaban habituados, tiende una trampa al señor de la provincia de Ako: conocedor del orgullo de los grandes daimios, aprovecha un encuentro privado en el palacio de los Tokugawa para humillar y provocar al señor Asano hasta que éste desenfunda su espada para hacerle callar, un gesto castigado con la muerte en la residencia del shogún. Esta es la premisa común a todas las adaptaciones de la leyenda de los 47 ronin, que posteriormente se centran en explicar cómo Oishi Kuranosuke Yoshio, jefe de los samuráis del señor Asano, entrega el castillo de su amo acatando la ley del shogún, sólo para consagrar el resto de su vida a la elaborada venganza que ha de restituir el honor de su señor.

Sobre esta historia base hay un sinfín de variaciones que ponen el énfasis en uno u otro aspecto del relato, hasta el punto de que resulta difícil conocer cómo sucedieron realmente los acontecimientos. Mike Richardson, guionista del cómic a la sazón que fundador de Dark Horse, aborda el proyecto, no obstante, con la devoción de un amante de la cultura japonesa en general y un devoto de esta leyenda en particular. Esto se traduce en que la versión de los 47 ronin que tenemos entre manos se cimienta en un amplio trabajo de documentación acometido por Richardson durante casi dos décadas, con el asesoramiento (intuimos que resignado) de un mito del manga: Kazuo Koike, autor de El lobo solitario y su cachorro, quizás el cómic de samuráis más importante de todos los tiempos, publicado en Estados Unidos precisamente por Dark Horse. Con esta sólida base documental, el guion elaborado por Richardson dibuja una versión estilizada de los acontecimientos, carente de histrionismo y grandes exageraciones, pero con una idealización de los personajes y de la figura del samurái digna de los manuales de Yamaga Soko. Nada que achacarle, pues no estamos ante un trabajo de reconstrucción histórica, sino ante un relato de ficción que busca entretener al tiempo que es consecuente con la supuesta realidad de los acontecimientos.

Sin embargo, donde el guionista no ha querido hacer concesiones es a la hora de recrear con total fidelidad los ambientes y detalles del Japón del periodo Edo: arquitectura de los castillos, escenarios interiores, el emblema de los clanes, el aspecto de los ciudadanos de la gran metrópolis feudal, sus usos a la hora de vestir, de desenvolverse… incluso sus poses a la hora de sentarse o de comer. Todo ello debía estar recreado de manera minuciosa y fidedigna. Creo no equivocarme si digo que fuera de Japón sólo existe un autor con un conocimiento tan profundo del periodo histórico y de la cultura samurái como pretendía Richardson, un autor que, para colmo, trabajaba en su propia editorial: Stan Sakai.

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El creador de Usagi Yojimbo no sólo aporta su experiencia a la hora de trasladar los ambientes y personajes del Japón feudal a la viñeta, sino que embebe todo el relato de su peculiar estilo narrativo, con ilustraciones próximas al cartoon y una cadencia pausada que nos permite deleitarnos en los matices de la historia y de los personajes. Apenas hay sangre en las páginas dibujadas por Sakai, la violencia se encuentra estilizada, carente de brutalidad o realismo, pero la expresividad de sus samuráis, la dignidad de sus rostros o la profunda determinación de sus acciones están representadas con una potencia sólo al alcance de un maestro de la sencillez. En esta época en la que el cómic norteamericano gusta de abusar de viñetas mastodónticas y splashpages, resulta casi balsámico toparse con la narración comedida de Stan Sakai. Especial atención al uso del código de colores, con una paleta dominante para cada estación del año, o a cómo cada capítulo comienza desde la perspectiva de unas ramas de cerezo, cuyas flores nos indican, igualmente, el periodo del año y el desarrollo de los acontecimientos. Atención también a las tres últimas viñetas del volumen; no desvelaré nada, pero cuántos ilustradores no hubieran optado por la espectacularidad para plasmar la escena, por un gran pin-up de lucimiento personal. Sakai, sin embargo, lo resuelve con absoluta sencillez, con viñetas pequeñas que te sobrecogen, con la aplastante potencia de la simplicidad.

No suele haber muchos buenos cómics de samuráis producidos en Occidente. 47 Ronin lo es, tanto por el respeto con el que aborda la leyenda japonesa como por la implicación personal de sus autores, que si bien pueden haber aprovechado el tirón comercial que aporta toda superproducción hollywoodiense, nos ofrecen un cómic que, a todas luces, no es un trabajo oportunista. 8

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Mike Richardson y Stan Sakai
Dark Horse Comics. Publicado en España por Planeta. Rústica, 152 páginas, color, 12,95 €

Her: amor distópico

Publicado 2 marzo, 2014 por David
Categorías: Cine y series

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La ciencia ficción no suele transitar el terreno de lo romántico, y si lo hace, es de manera tangencial. Por eso, cuando supe que la nueva película de Spike Jonze era un drama romántico de ciencia ficción, decidí marcar la fecha en el calendario a la espera de ver qué podía salir de una mezcla tan inusual. El resultado ha sido una de las producciones de ciencia ficción más lúcidas de los últimos años y una historia romántica sumamente original, capaz de empatizar con una gran parte del público, quizás contra todo pronóstico.

Her está protagonizada por Theodore (Joaquin Phoenix), un escritor que se gana la vida en una empresa dedicada a escribir correspondencia personal para sus clientes. Un hombre con enormes dificultades para expresar sus sentimientos pero con un gran talento para plasmar en hermosas cartas lo que otros sienten. Tras una traumática separación de su mujer de toda la vida, Theodore se haya vagando a la deriva en una sociedad hiperconectada al nivel más superficial, pero en la que los momentos de verdadero contacto emocional son extraordinariamente raros.

Habituado a relacionarse casi en exclusiva a través de la membrana de la tecnología y las redes sociales, todo cambia el día que llega a su vida Samantha. ¿Una nueva compañera de trabajo, una chica que se muda a la puerta de enfrente? No, Samantha es la inteligencia artificial integrada en su nuevo sistema operativo. Una OS  de última generación (con la voz de Scarlett Johansson, que todo suma) capaz de interactuar con el usuario a todos los niveles, más allá del meramente funcional. La relación cómplice que se crea entre ambos trastoca la vida de Theodore y le hace salir, por primera vez en mucho tiempo, del lodazal emocional que lo estaba engullendo.

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A partir de aquí, todo dependerá de si eres capaz de conectar o no con la propuesta del director y guionista. Si crees en la relación que se establece entre Theodore y Samantha, Her es una película conmovedora que te implica en los vaivenes de este peculiar romance, que te hace sonreír en sus momentos dulces y te entristece en los más agrios. Si no conectas, sin embargo, si por cualquier motivo no crees que un hombre pueda enamorarse de una personalidad sintética, entonces los momentos de narración contemplativa, tan del gusto de Spike Jonze, pueden resultarte del todo exasperantes. Me he encontrado con opiniones a ambos lados de la línea.

En lo que a mí respecta, sólo puedo decir que me tragué el anzuelo por completo. Si suponemos que en un futuro a medio plazo puedan llegar a existir IAs capaces de superar el test Voight-Kampff, veo completamente razonable el que haya personas capaces de enamorarse de ellas. Más si tenemos en cuenta el nivel de aislamiento personal al que se dirige nuestra sociedad en la que, paradójicamente, cuantos más canales de comunicación nos ofrece la tecnología, más básica y superficial se torna nuestra manera de relacionarnos.

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A este respecto, hay un punto difuso en la historia escrita por Spike Jonze que puede condicionar por completo la valoración del personaje de Theodore. Todo depende de si crees que Samantha, como inteligencia artificial, estaba diseñada para satisfacer las necesidades de Theodore y adaptarse a sus gustos y expectativas (como da a entender el cuestionario inicial de configuración del sistema operativo), o de si ella realmente llega a enamorarse de él. ¿Es un amor simulado o real? En el primer caso, nos encontraríamos ante un Theodore que sólo es capaz de abrirse ante una “persona” que se pliega totalmente a sus necesidades, una especie de niño emocional incapaz de afrontar los riesgos de una relación real, justo de lo que lo acusa su ex-mujer. Sin embargo, si consideramos su relación con Samantha como algo auténtico, podemos entender que Theodore sólo necesitaba encontrarse lo suficientemente cómodo con alguien para dejar caer sus barreras y brillar con luz propia.

Para mí esta disyuntiva queda resuelta desde el momento en que Samantha intenta forzarlo a hacer cosas que ella necesita pero él rehuye, como introducir a una mujer en la relación que actúe como su avatar físico en sus encuentros sexuales, o quizás más esclarecedor, cuando el personaje interpretado por Amy Adams comenta que un amigo también se ha enamorado de su OS pero ésta le da calabazas, o que una compañera del trabajo está saliendo con el OS de otro usuario. Es decir, estas inteligencias sintéticas realmente gozan de libre albedrío, lo que, desde mi punto de vista, resulta el aspecto más inverosímil del guion.

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De cualquier modo, creo que el gran mérito de Spike Jonze es lograr normalizar en pantalla una historia que, sobre el papel, podía resultar poco creíble. Hay momentos brillantes en Her, retazos de verdadera humanidad que te hacen creer que cualquiera podría enamorarse de Samantha, y a ello contribuye el gran trabajo de ambos actores, en especial de un Joaquin Phoenix inconmensurable y versátil, capaz de insuflar vida a cualquier personaje.

Y por si alguien se lo preguntaba, no creo que haya moralejas ni metáforas en Her, no creo que la intención del director vaya más allá de contarnos una rara y hermosa historia de amor. Es cierto que el paralelismo con nuestra forma de usar la tecnología está ahí, pero creo que el director lo aprovecha para que entremos en su juego, para que su propuesta no nos parezca tan ajena, más que para intentar advertirnos sobre algo. Y eso hace de Her una película aún mejor.  8

El tráiler de Guardianes de la Galaxia arrasa en YouTube

Publicado 25 febrero, 2014 por David
Categorías: Cine y series, Marvel

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El tráiler oficial de Guardianes de la Galaxia, la superproducción de Marvel para el próximo verano, ha superado los ¡12,5 millones de visitas en menos de una semana! Parece que la fórmula de no tomarse demasiado en serio y mezclar superhéroes con humor sigue dando resultado. Y eso que estamos hablando de uno de los grupos menos conocidos de la editorial neoyorquina.

Battling Boy, semidiós en camiseta

Publicado 18 febrero, 2014 por David
Categorías: Cómic USA, Independiente, Reseñas

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¿Qué nos sale si metemos en una batidora un panteón de dioses de reminiscencias nórdicas/metaleras, una nación azotada por oleadas de monstruos salidos de la nada cuales kaijus, un héroe pulp a medio camino entre Rocketeer y Batman, y al hijo de un dios enviado a otro mundo para combatir el mal, todo ello sazonado con un ritmo narrativo más propio del manga que del cómic USA? Pues nos sale Battling Boy, la nueva y muy personal obra del polifacético Paul Pope, que lo mismo te escribe 100% que te diseña una línea de ropa.

Por si aún no os imagináis de qué va Battling Boy, os diré que se desarrolla en una ciudad-nación llamada Arcópolis, asediada por sucesivas oleadas de monstruos que obligan a vivir a su población en un estado de terror y casi permanente toque de queda. La única arma eficaz para combatir este ejército carente de objetivo o cabeza visible es el guerrero local Haggard West, una suerte de trasunto de varios héroes de la literatura pulp que ha conseguido, merced a sus habilidades y peculiar arsenal, establecer una línea de defensa para la ciudad. Lamentablemente, West cae fulminado en la primera escena de esta historia, con lo que los habitantes de Arcópolis parecen abocados a su extinción. Hasta que hace acto de presencia un nuevo tipo de héroe, uno muy distinto al que hasta ahora dirigían sus plegarias: un muchacho de 13 años de aire desenvuelto y look muy a lo factoría Disney.

Lo cierto es que ya habíamos saboreado los distintos ingredientes de Battling Boy, pero nunca los habíamos probado todos juntos. El héroe local caído y su joven sidekick que intenta tomar su lugar, el país bajo asedio, un superhéroe descendido de los cielos, unos malvados que ocultan intenciones más complejas que el simple caos aparente… Parecen retazos de distintas historias, pero están remendados con un hilo que habitualmente hace que todo case: el humor, el no tomarse nada en serio. Y es que Battling Boy también tiene algo de serie de Cartoon Network.

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Hacía tiempo que no leía un cómic que apostara tan a fondo por el factor lúdico. No hay dobles ni triples intenciones, ni más capas de lecturas que las evidentes (y el que las encuentre que lo deje ya, porque está sobreinterpretando). A grandes rasgos, Battling Boy es un helado al que su autor le ha echado todo lo que le gusta: chocolate, sirope de fresa, especias y virutas de colores. Quizás la mezcla no sea de tu gusto, quizás no sea el alimento más equilibrado, pero vive Dios que tiene personalidad y pega duro. Y al mismo tiempo, si eres capaz de paladear todo lo que hay bajo la costra de caramelo, encuentras una fórmula depurada y de textura agradable, como la de un buen artesano italiano.

Todo ello convierte a Battling Boy en un rara avis dentro del mercado del cómic norteamericano. Incluso cuando las editoriales dejan a sus autores libertad creativa, estos tienden a ceñirse a una serie de patrones habituales en la industria, bien sea porque la supuesta libertad no es tanta, bien porque hay que ofrecerle al público algo similar a lo que está acostumbrado. Es fácil, hojeando un cómic, ver a qué tipo de lector está orientado. No pasa eso con esta obra; tras leer este primer volumen que abarca la mitad del primer arco argumental, aún no sé si está dirigido a treintañeros que crecieron con los cómics de superhéroes, a chavales que quieren la acción directa y colorida de Hora de Aventuras, al indie que disfruta de la fórmula Scott Pilgrim o al cincuentón que aún recuerda con nostalgia el cómic pulp de Doc Savage… Bueno, quizás a éste no, pero os aseguro que Battling Boy es disfrutable por lectores que pueden ir desde los 15 a los 30 y pico años, y lo mejor es que resulta así por su propia idiosincrasia, no por un cálculo de mercadotecnia. Incluso si sois de los que no os conformáis con el mero entretenimiento y buscáis trasfondos sólidos y personajes complejos, puede que el trabajo de Pope os sorprenda, porque nada resulta tan evidente ni tan cliché como pudiera parecer en un principio.

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Respecto al estilo visual de la obra, reconozco que el trazo deshilachado de Pope, que tanto recarga algunas viñetas, no fue lo que más me sedujo cuando hojeé el volumen en la librería. Pero poco a poco, según pasaba las páginas, me iba encontrando más cómodo en ese mundo de colores planos y diseños de personajes que oscilan entre lo paródico, lo pop y lo épico. Y más allá de tus preferencias personales en cuanto a ilustradores, hay que reconocer que Paul Pope tiene un don para componer páginas y dotarlas de un ritmo endiablado, tanto que la narración secuencial te absorbe pese al pequeño formato del volumen publicado por DeBolsillo. A este respecto sólo criticaré la labor de rotulación: por algún ignoto motivo, la editorial española ha decidido emplear una fuente diferente a la original, no sólo más fea, sino también más difícil de leer. Y si exigimos fidelidad en los formatos y las traducciones, no sé por qué no debería exigirse también en la rotulación. Sobre todo cuando se cambia para peor.

Y ojo, aunque no lo ponga por ninguna parte, el volumen que nos ocupa no es una novela gráfica, sino la mitad del primer arco argumental. Tirón de orejas a los editores que siguen sin dar toda la información al lector, no vaya a ser que se retracte de la compra al descubrir que no tendrá la historia completa. Pero más allá de maniobras editoriales censurables, bien por DeBolsillo y su apuesta por ir trayendo cómics independientes que, de otro modo, puede que no encajaran en el catálogo de las editoras especializadas. 7

Battling Boy (1 de 2)
Paul Pope
First Second Books. Publicado en España por Debolsillo. Rústica, 202 páginas, color, 14,95 €

Primer vistazo a ‘The Sandman: Overture’

Publicado 27 diciembre, 2013 por David
Categorías: Cómic USA, DC Comics

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Texto sólo apto para impacientes, pues hasta ahora Vertigo tan sólo ha publicado el primer número de esta precuela de The Sandman que, tal como se esperaba, tendrá una periodicidad bimestral, con lo que el próximo aparecerá en USA durante el mes de enero. Se trata de una miniserie (o “serie limitada”, como se decía en los tiempos de Forum) de seis números que narrará los acontecimientos previos a la primera saga protagonizada por Morfeo, publicada allá por octubre de 1988.

¿Impresiones? Antes de comprar el primer número en ComiXology tenía claro que me encontraba ante otro producto diseñado por DC para explotar el prestigio de sus viejas glorias (remember, remember Before Watchmen), pero indistintamente de que este tipo de maniobras comerciales me parezcan más o menos respetables, tenía la esperanza/confianza de que el hecho de que Neil Gaiman, autor de la obra original, estuviera a cargo del proyecto elevara la colección por encima de la mediocridad. Y tras leer este Overture el retrogusto que queda en el paladar es que el Señor del Sueño ha vuelto. El genuino, el de verdad.

Vaya por delante que sólo hablo de apreciaciones, me parece un poco ridículo escribir una reseña de estas 27 páginas que apenas esbozan un prólogo (pero vaya prólogo). Esta claro que a Mr. Gaiman no le pesa volver al medio y al personaje que le lanzaron a la fama. A pesar de su bien merecido éxito como novelistas, se emplea a fondo en este (nuevo) retorno a los cómics y pone en pie un guion que, si se me permite, parece incluso más rico que los de la obra original, pues se apoya en recursos narrativos más complejos que los que manejaba hace 25 años. Otra cosa es si será capaz de desarrollar una trama de calidad, si realmente le quedan más historias que contar sobre el personaje (reconozco que el recurso de la precuela me disgustaba por manido), pero en cuanto a prosa y profundidad narrativa, creo que nos encontramos ante un The Sandman mejor. Gaiman se permite incluso jugar un poco con los lectores que aún recuerdan la vieja saga inaugural –Preludios y Nocturnos–, haciéndonos creer que la irresistible llamada  a la que debe acudir Morfeo es de muy distinta naturaleza a la que resulta ser. Y hasta aquí puedo leer, ya sabéis, “spoiler danger”. Pero esta travesura me parece un guiño del autor, un “no he venido aquí a parasitar viejas ideas”.

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Esta segunda aproximación al personaje no sólo me parece más estilizada a nivel literario, también a nivel visual, y es que si el aspecto gráfico del Sandman original era su punto más flojo (al menos para mí), el trabajo de James H. Williams III en este capítulo inicial me parece sencillamente excepcional. Para muestra la portada que se marca el exilustrador de Catwoman, que me parece una de las más bonitas de este año que concluye. Williams da rienda suelta a un desfile de splash-pages dobles que envuelven y subrayan los textos de Gaiman, sus ilustraciones desbordan las viñetas y se confunden como los recuerdos de un sueño. Y pese a todo, la lectura resulta sencilla y ordenada. Me parece un trabajo tan bueno como el del guionista, y la impresión final tras leer el cómic es que ambos sentían que tenían algo que demostrar, cada uno por distintos motivos.

Veremos qué nos depara este retorno al reino de Morfeo. Personalmente, espero no despertar de un mal sueño.

Marvel/Disney y DC/Warner: dos maneras de entender el cine de superhéroes

Publicado 12 mayo, 2013 por David
Categorías: Cómic USA, Cine y series, DC Comics, Marvel

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El Mandarín esconde un secreto que no ha gustado a todo el mundo.

La tercera entrega cinematográfica de Iron Man, pese a la disparidad de opiniones que ha suscitado entre el fandom (no así entre la crítica, a la que parece haberle caído en gracia),  se ha convertido en un magnífico ejemplo de lo que podemos empezar a considerar el estilo Marvel de hacer cine.Y es que la veterana editorial neoyorquina, reconvertida en exitosa productora que sigue publicando cómics por mera tradición, parece haber decidido que sus últimas adaptaciones tengan un tono común basado en la desdramatización, el espectáculo díscolo y el sentido del humor. Bajo esta propuesta, que dio comienzo con la primera Iron Man y parece haber alcanzado su cénit (al menos por ahora) con la estupenda The Avengers, subyace una visión bastante inteligente de cómo hacer cine de superhéroes, consistente básicamente en no tomárselo demasiado en serio. Al fin y al cabo, estamos hablando de gente en mallas, ¿no?

Esta visión honesta del material original ha permitido a Marvel mantener una apuesta principalmente lúdica que, en varios casos, está dando estupendos e inesperados resultados. Para empezar, porque no le han perdido el respeto al espectador y no han caído en el error, tan extendido hoy día en Hollywood, de confundir el cine palomitero con cine barato (y no me refiero al presupuesto). Parece que Marvel aprendió bien la lección en los 90 (cuando la fuga de talentos de las grandes editoriales de cómics supuso una debacle en ventas), y a sabiendas de que no basta un personaje popular  para vender el producto, ha puesto sus mayores producciones en manos de gente de la industria que conoce (y respeta) el material original, y que han sabido desbrozarlo de lo que no funcionaría en las salas potenciando aquello que sí encaja en el medio cinematográfico. Y entre los  artífices de esta adaptación de la viñeta al celuloide digital, nadie duda de que el nombre a destacar es el de Joss Wheddon, director de Los Vengadores y, a la sazón, consultor de cualquier película Marvel que se haga a partir de ahora.

Pocas veces un actor se ha hecho tanto (y tan bien) con su personaje como Robert Downey Jr. con Tony Stark...

Pocas veces un actor se ha mimetizado tanto con su personaje como Robert Downey Jr. con Tony Stark…

Los Vengadores debía ser el buque insignia de esta traslación a la gran pantalla del Universo Marvel, y alguien en Disney tuvo la sabiduría (o la suerte) de poner el proyecto en manos de un director con un impresionante sentido lúdico y una elegancia narrativa bastante infrecuente en el actual cine de aventuras. Así, Wheddon supo aprovechar lo que heredaba de sus predecesores, principalmente un buen elenco en el que destaca un arrebatador Robert Downey Jr., y aportar su propio sello de director/productor/guionista con pulso quirúrgico para diseñar gags y fastuosas escenas de acción. El resultado fue una de las mejores cintas palomiteras que se recuerda en años, con la rara virtud de gustar por igual al fan, a la crítica y al público medio. No es de extrañar que Marvel haya decidido que, a partir de ahora, ésta sea su Biblia y Joss Wheddon su profeta.

Y en el otro extremo del espectro tenemos a DC Comics/Warner y su pequeño milagro, que no es otro que lograr que volvamos a tomarnos en serio la figura del superhéroe atormentado. Para ser honestos, el logro es más bien de Chris Nolan y quizás (un poquito) de Zack Snyder, cuya adaptación de Watchmen es bastante mejor de lo que a todos nos pareció la primera vez que la vimos. ‘La Distinguida Competencia’ ha decidido humanizar a sus héroes, subrayar la solemnidad de su sacrificio y el sentido dramático de sus motivaciones, y lo ha logrado principalmente a través del oscurantismo épico de su trilogía Dark Knight, que ha devuelto el prestigio cinematográfico a un personaje defenestrado tras las aberraciones filmadas por Joel “el Enemigo Definitivo de Batman” Schumacher. Tan buenos resultados ha dado la fórmula, que la re-revisión de Superman que se estrenará el próximo mes de julio, The man of steel, mantendrá ese enfoque ‘shakespeariano’ de la figura del superhéroe, ofreciéndonos una visión más íntima y humana del kriptoniano. Y para mantener la coherencia con el tono que DC quiere dar a su nuevo universo cinematográfico, la producción ha corrido a cargo del ya mentado Chris Nolan (director de Dark Knight) con dirección del también mencionado Zack Snyder.

...o Heath Ledger con el Joker, que se apropió del personaje hasta el punto de hipotecarlo para futuras películas.

…o Heath Ledger con el Joker, personaje del que se apropió hasta el punto de hipotecarlo para futuras películas.

DC no está inventando nada nuevo con este enfoque, simplemente está aplicando un patrón que ya dio excelentes resultados en los cómics de los 80, consistente en ‘oscurecer’ a sus personajes y bajarlos al terreno de lo prosaico, siguiendo la línea de clásicos como Watchmen, Superman El Hombre de Acero, Born Again, o Batman: Año Uno.

¿Responden estas dos maneras opuestas de abordar la figura del superhéroe a la ruta trazada para sus personajes desde cada editorial, o son la consecuencia de los nombres elegidos para liderar cada proyecto? ¿Se contrató a Nolan porque DC quería dotar a sus películas de un tono más sombrío y melancólica, o el hecho de que se eligiera a Nolan es lo que, a la postre, ha conferido este discurso a las nuevas adaptaciones del Universo DC? En el caso de Marvel, parece más claro que fue antes el huevo que la gallina, pues en Iron Man y en otras producciones posteriores, como Capitán América: El Primer Vengador, ya se apreciaba esta tendencia más aventurera y desenfadada (incluso con toques de comedia), directamente heredada de la versión Ultimate del Universo Marvel, que es, a la postre, la que realmente se está adaptando al cine. Dejo fuera de la ecuación las pelis de X Men y Spiderman por pertenecer las primeras a Fox y las segundas a Sony-Columbia, por lo que Marvel no tiene más implicación en ellas que la cesión de los derechos. Algo de lo que ahora se deben estar lamentando muy mucho, por cierto.

En cualquier caso, debemos felicitarnos de que ambas propuestas estén dando buenos resultados, pues aunque algún que otro chasco nos hemos llevado por el camino, el balance general está siendo muy superior a lo que muchos nos hubiéramos atrevido a soñar hace unos años. Sin embargo, hay algo en lo que los productores de ambas casas deberían empezar a pensar: ¿cuánto tiempo se puede explotar el filón superheroico? ¿No es previsible que el espectador, a medio o largo plazo, se canse de la misma temática y personajes? Quizás va siendo hora de que Marvel y DC, como productoras, consoliden este sello ‘autoral’ que comienzan a mostrar y lo apliquen a otro tipo de historias, unas que no tengan que salir necesariamente de las páginas de sus cómics, dando lugar a nuevas propiedad intelectuales (IPs que las llaman ahora) desarrolladas específicamente para el cine, sin que tengan que ceñirse a la temática superheroica. Desde luego, poseen la capacidad de reinvención y el flujo creativo para hacerlo.


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