V de Vendetta (de Alan Moore y David Lloyd): “Recuerda, recuerda el 5 de noviembre”

Publicado 05/11/2011 por David
Categorías: Cómic USA, DC Comics, Reseñas

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Después de un largo parón vuelve la actividad a ¿No eres mayor para leer cómics?, y lo hace un 5 de noviembre, fecha marcada con tinta negra en la historia del noveno arte gracias a V de Vendetta, una de las dos grandes obras maestras de Alan Moore en la que el británico hace su peculiar canto al anarquismo a través de uno de los mejores personajes jamás vistos en este medio: V. Ya sabéis: “recuerda, recuerda el 5 de noviembre”.

Para los que no sepáis qué sucedió el 5 de noviembre de 1605, habría que decir que ese día el terrorista Guy Fawkes, brazo ejecutor de la que se dio en llamar “conspiración de la pólvora”, intentó volar por los aires el Parlamento Británico con todos los representantes del pueblo dentro. El atentado fracasó, y lo que durante siglos se ha celebrado en Gran Bretaña como un triunfo contra aquellos que intentaron desestabilizar el reino de Inglaterra y la Iglesia  Anglicana, fue tomado y reinterpretado por Alan Moore como símbolo de la lucha de un solo hombre contra un Estado corrupto y opresor. Así, V se cubre el rostro con una máscara de Guy Fawkes, “el único hombre que ha entrado en el Parlamento con honestas intenciones”, y comienza su lucha justo donde fracasó la del original: volando por los aires la Cámara de los Lores.

Con tan explosiva y simbólica ouverture comienza V de Vendetta, que nos narra la lucha de un terrorista solitario contra el régimen totalitario, ultrarreligioso, xenófobo y homófobo que gobierna en Gran Bretaña. Aunque el cómic se ambienta en un futuro distópico (en la tradición de muchas de las grandes obras de la SciFi anglosajona), a ningún lector de la época se le podía pasar por alto que el joven Alan Moore estaba retratando su personal visión de la realidad política de Gran Bretaña en la década de los 80, gobernada por la muy conservadora Iron Maiden: Margaret Thatcher. El cómic, que fue originalmente publicada por DC en USA en 1982, intentaba apelar al espíritu crítico de sus lectores, instaba a la protesta activa dejándonos echar un vistazo al futuro al que se encaminaba el mundo si el pueblo no ponía límites a una clase política que se nos describe como carente de moral y corrupta.

A través de trescientas páginas, Moore y Lloyd hacen una crítica feroz no sólo al totalitarismo, sino también a la sociedad de consumo y los medios de comunicación como aparatos usados por la clase gobernante para adormecer la conciencia colectiva. Como alternativa a este gobierno de unos pocos sobre la mayoría, Alan Moore plantea por boca de V una única alternativa: la Anarquía, “no la anarquía como ausencia de orden y caos, sino como el orden voluntario aceptado por hombres libres” y no impuesto por un sistema de gobierno coercitivo.

Alan Moore desarrolla esta tesis política y social hasta el extremo a lo largo de la obra, en la que se nos narra cómo V, un agente del caos y la destrucción, desestabiliza el régimen instaurado con sus atentados y asesinatos, al mismo tiempo que prepara para la segunda fase de su plan a Evey Hammond, una joven idealista empujada a la prostitución por la crisis económica que atraviesa el país, y a la que el propio V salva de una violación y posterior asesinato a manos de la policía. Si V es la fuerza destructora, un terrorista metódico e implacable, Evey es la fuerza creadora que deberá guiar al pueblo hacia la libertad una vez el sistema se rompa en mil pedazos, y con este fin la prepara V, su salvador y mentor a lo largo del cómic.

En los aspectos estrictamente formales de esta serie limitada de 10 números (por favor, no la llaméis novela gráfica porque no fue ideada como tal), podría extenderme explicando lo geniales que son los lápices de David Lloyd, que crea un escenario oscuro y opresivo para la historia con unas ilustraciones donde las sombras son más importantes que lo que se nos muestra, o que dota al personaje de V de una poderosa presencia que se ha convertido ya en todo un icono cultural; también podría ensalzar la detallada narrativa de Moore, que vuelve a ofrecernos un mundo complejo lleno de recovecos y auto referencias que sólo se descubren cuando has leído el cómic varias veces; o subrayar que, pese a la densidad argumental, V de Vendetta se lee y se comprende sin resultar tediosa.

Es cierto que aquí Alan Moore era todavía un autor joven que no dominaba la narración como en obras posteriores, también es cierto que hay cierto exceso en el número de personajes y que a todos se los intenta dotar de un trasfondo dramático de peso, lo que quizás termina por hacer la obra más enrevesada de lo necesaria, pero son males menores ante la potencia de un autor en pleno éxtasis creativo y firmemente convencido del mensaje que lanza al mundo. Un mensaje que, por cierto, alerta de muchos de los males que nuestro mundo adolece hoy día: desde la pérdida de libertades en aras de una mayor seguridad colectiva, hasta la necesidad de que el pueblo levante la voz contra un sistema de codicia insaciable y carente de moral.

Así que, si aún no habéis leído V de Vendetta, hoy es un buen día para hacerlo, porque varias décadas después su mensaje continúa igual de vigente. No en vano, V ha sido rescatado 30 años después por el imaginario colectivo como estandarte de la lucha contra un sistema colapsado. Eso nos da una idea de cuán poderoso es el símbolo creado por Alan Moore y David Lloyd. 10

V de Vendetta
Alan Moore & David Lloyd
Vertigo (DC Comics). Editado en España por Planeta De Agostini Comics, 400 páginas, color, 35 euros.

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American Vampire

Publicado 05/03/2011 por David
Categorías: Cómic USA, DC Comics, Reseñas

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American Vampire es un cómic que aparece justo en la cresta de la ola de este revival vampírico que disfrutamos (o sufrimos, según el caso) en los últimos años. Y por más que sus autores insistan en presentar su trabajo como una reacción a la desnaturalización que está sufriendo la figura del vampiro, como un retorno a la concepción de éste como depredador chupasangre sin más adorno ni fanfarria, lo cierto es que la obra de Scott Snyder peca un poco de oportunista y vampiriza algunos de los éxitos recientes del género (¿habéis pillado el juego de palabras?). Pero no por ello deja de ser un trabajo interesante que cuenta con el atractivo añadido de ser la primera incursión en el mundo del cómic de Stephen King, un auténtico portento de la literatura moderna.

“Esto es lo que los vampiros no deberían ser: pálidos detectives que beben bloody marys, melancólicos caballeros sureños, chicas adolescentes anoréxicas, guaperas de ojos grandes e ingenuos” escribe Stephen King en el prólogo del volumen que recopila el primer arco argumental de la serie. Y aunque, personalmente, uno podría estar de acuerdo en el fondo de lo que Mr. King quiere expresar, si nos vamos al matiz, ya no puedo estar tan de acuerdo, porque meter en el mismo saco las moñerías de la señorita Stephenie Meyer y el inquietante universo vampírico de la muy HBO True Blood es, cuando menos, una reducción aberrante. Pero de acuerdo, Mr. King, aceptemos su premisa: ustedes han venido aquí a mostrarnos cómo serían los vampiros si realmente estos hoyaran la tierra. ¿Lo consiguen?

¿Es American Vampire a los chupasangres lo que Walking Dead a los zombis?

Ni de coña. No puedo decir otra cosa. AV es una obra interesante, entretenida por momentos, pero carece del dramatismo y el contundente realismo que transpira la obra de Kirkman. Y eso que el universo en el que se mueve, a priori, ofrece más oportunidades narrativas que el más que manoseado escenario post apocalíptico.

La historia concebida por Scott Snyder, y posteriormente guionizado por él y Stephen King, cuenta dos historias con un nexo de unión: el personaje de Skinner Sweet, el primer vampiro americano, pionero de una nueva especie más poderosa, más cruel y cabrona, capaz de caminar bajo el sol. Muy americano, vamos. Así,el cómic alterna la historia del nacimiento de este vampiro en el “wild west” norteamericano de finales del siglo XIX, guionizada por Stephen King, con el relato de Pearl Jones, una joven aspirante a actriz en el Hollywood de la década de los 20 (trama guionizada por Scott Snyder).

Como principal pecado del cómic habría que señalar que la historia de Pearl Jones, por original e impredecible, resulta mucho más interesante que la de Skinner Sweet, lo que descompensa la lectura y hace que las páginas ambientadas en el salvaje oeste se conviertan en un trámite. Quizás porque el “vampiro genuino” que venía a romper con los moldes del chupasangre moderno resulta ser un personaje mucho más plano y evidente que el de la joven actriz, quizás porque a Stephen King se le nota en exceso que no domina el medio, y su narración resulta correcta, pero carente de ritmo y con diálogos extrañamente articulados. Lo cierto es que American Vampire sería mejor cómic si se centrara en la historia de Pearl Jones y relegara a Skinner Sweet al papel de secundario curioso cuya historia se narra en esporádicos flasbacks. Sin embargo, hay una obstinación por parte de todos en que éste sea el protagonista y en hacernos ver que el personaje es todo un hallazgo (supongo que por eso su historia se ha puesto en las manos de King), cuando lo cierto es que carece de la complejidad y misterio que debería tener un protagonista. Quizás, que los vampiros sean caballeros atormentados por la naturaleza de la bestia, hombres que intentan no deshumanizarse (en lugar de dar rienda suelta a su salvajismo), no sea, al fin y al cabo, tan mala idea.

Un cómic interesante que merece una lectura, bien ilustrado por Rafael Albuquerque, que tiene el acierto de variar el entintado y el color con el que acompaña a su lapiz según dibuje las páginas correspondientes a Skinner Sweet o a Pearl Jones, pero no es un cómic memorable que vaya a revolucionar la figura del vampiro moderno, como ya hicieran otros en su día, entre ellos el propio King. 6

American Vampire
Scott Snyder, Stephen King y Rafael Abuquerque
Vertigo (DC Comics), editado en España por Planeta de Agostini

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Soy una Matagigantes (I Kill Giants)

Publicado 23/01/2011 por David
Categorías: Cómic USA, Image, Reseñas

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Soy una matagigantes es una novela gráfica sensible, sutil e inteligente, que pone de manifiesto, una vez más, que casi siempre lo mejor de este mundillo se publica lejos del contexto superheroico. La libertad creativa que ofrecen a los autores las pequeñas editoras o los sellos indies de las grandes casas (como en este caso) permite el desarrollo de obras personales y complejas, alejadas del enfoque juvenil que el sector suele tener de su público. Pero, al mismo tiempo, el que estas obras sean lanzadas al amparo de estos sellos “menores” las condenan al desconocimiento por parte del público masivo, pues la maquinaria de marketing queda reservada para los lanzamientos estrella de cada editorial. En este caso hay que reconocer a Image, que comenzó allá por los 90 como fotocopista del universo Marvel, la excelente labor que está realizando al apostar por obras más o menos arriesgadas que se salen de la oferta habitual del cómic USA.

Este es el caso de la obra de Joe Kelly, un autor al que conocíamos de algunos arcos argumentales más o menos subversivos en colecciones tan tradicionales como la Liga de la Justicia, pero que en Soy una matagigantes hace un auténtico ejercicio de sinceridad y busca sorprender al lector no (solo) con su carácter contestatario, sino con una historia honesta, sensible pero no sensiblona, en la que el escritor pone mucho de sí.

Barbara es la menor de tres hermanos y tiene un carácter raro e introvertido, en gran medida porque se enfrenta a un problema difícil de asumir para cualquier chica de 5º grado. Su particular manera de sobrellevar su complicada situación familiar es prepararse concienzudamente para su misión sagrada: defender al mundo de los gigantes que algún día volverán a caminar sobre la tierra (aunque nadie más lo crea). Su entrenamiento como matagigantes le ayuda a evadirse de su triste realidad, pero todos a su alrededor se preguntan si es sana tanta obsesión, si los gigantes alegóricos de los que habla Barbara no pueden convertirse en un problema real. ¿O puede que los gigantes no sean una simple metáfora?

Es difícil explicar la historia de esta novela gráfica sin desvelar aspectos claves de la trama que debería descubrir cada lector, o más bien debería “interpretar”, ya que algunos puntos de la historia están sujetos a múltiples lecturas que quedan a expensas del que se encuentra pasando las hojas. Pero no por ello Soy una mata gigantes es una obra ambigua o abierta; Joe Kelly nos cuenta una historia con piel y corazón que tiene un mensaje claro, una enseñanza difícil de aprender pero necesaria para la vida, al tiempo que reflexiona sobre la imaginación, su capacidad para entrelazarse con la realidad, y su peligroso potencial como droga para el escapismo.

La relación entre este constante juego imaginación-realidad conforma la médula espinal de la historia, comenzando por el título que nos refiere a otro personaje perdido en su propia imaginación (Don Quijote y sus batallas con otros gigantes), y continuando por diversos pasajes del relato, como las partidas de Dungeons & Dragons que dirige la protagonista (“la mejor master que hemos tenido”) o su difícil relación con la psicóloga del instituto.

En cuanto al aspecto visual del cómic, hay que reconocer la gran labor del autor hispano-japonés JM Ken Niimura, un neófito (si no me equivoco) en esto de la novela gráfica, pero que lo hace mejor que muchos veteranos. Nada más hojear el volumen llama la atención su poderoso estilo manga, la espectacular composición de páginas y la personalidad que tiene su lápiz, sobre todo a la hora de imprimir expresividad a sus personajes. Un lujo de ilustrador, sobre todo si tenemos en cuenta su potencial. Sólo le pondría un par de peros: el abuso de las líneas cinéticas para expresar dinamismo y el exceso de mancha en algunas viñetas, que dan un resultado un tanto emborronado para mi gusto. En su debe también se encuentra una mejora de la composición narrativa de las páginas, ya que en algunos momentos no queda claro cómo se está desarrollando la acción o qué personaje está haciendo o diciendo qué. Aunque supongo que, para un dibujante, lo más difícil a la hora de ilustrar un cómic no es dibujar las viñetas, sino realizar la composición y desarrollar la narración visual; así que hemos de suponer que Niimura mejorará sustancialmente en estos aspectos.

En definitiva, Soy una matagigantes es un cómic sobresaliente en casi todos los aspectos, con una propuesta muy inusual en el cómic norteamericano. En una industria tan testosterónica como ésta, es de agradecer semejante ejercicio de sinceridad, sensibilidad e inteligencia. Lo recomiendo a todos. 9

Soy una matagigantes
Joe Kelly & JM Ken Niimura
Image Comics. Publicado en España por Norma Editorial, 224 páginas, b/n, 12€

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Carta de Reyes de un lector de cómics

Publicado 01/01/2011 por David
Categorías: Uncategorized

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Para los rezagados que aún no sepan qué pedirle a los Reyes, o que no hayan decidido qué regalarle a algún amante de los cómics, os permitiré echarle un vistazo a mi carta de Reyes. Tened en cuenta que éste es un ejercicio inverso al habitual: en lugar de analizar cómics que ya haya leído, voy a comentar algunos que no he leído y explicaré por qué los he anotado en mi lista. ¡Pero tened en cuenta que puedo equivocarme! y este blog no tiene hoja de reclamaciones a disposición del lector.

American Vampire: Ante la saturación de vampiros “moñas” que estamos sufriendo últimamente, a quién no le apetece una historia de vampiros en el oeste escrita por Stephen King (historia y coguionista). Si tenemos en cuenta las duras críticas de Mr. King a la saga vampírica de Stephanie Mayers, ya sabemos cómo NO van a ser los vampiros que encontremos en American Vampire.

RED: Este cómic de espías escrito por Warren Ellis promete una buena dosis del nouvelle noir (me lo acabo de inventar) que escritores como Ed Brubaker y Rucka están poniendo de moda. Hasta ahora sabíamos que el autor de Transmetropolitan era capaz de escribir excelentes cómics de ciencia ficción (e.g. Global Frequency) y de ser un buen escudero en las colecciones Ultimate de Marvel, pero no sabemos qué puede dar de sí con una historia de investigación y acción con total libertad creativa.

Lady Snowblood: Mi única razón para incluir este manga en mi carta a los Reyes Magos es, ni más ni menos, que está firmado por el genial Kazuo Koike, autor del que aún no he leído un cómic que no me gustara. El creador de El Lobo Solitario y su Cachorro nos narra una historia de venganza a golpe de katana y wakizashi como las de antes, protagonizada por una sexy asesina ninja. Este manga y su posterior adaptación cinematográfica fueron una inspiración directa para Tarantino a la hora de filmar Kill Bill.  ¿Qué más se puede pedir?

El Alcohólico: Publicado por DC bajo su sello Vertigo, El Alcohólico es el primer cómic del novelista Jonathan Ames. Si tenemos en cuenta que el protagonista de esta historia es un escritor multiadicto que se llama Jonathan A., hemos de sospechar que se trata de un relato pseudo biográfico en el que el autor pone bastante de sí. Sólo he escuchado maravillas de esta obra.

Calvin & Hobbes (volúmenes recopilatorios): La tira de Bill Watterson es una obra maestra del cómic al nivel de Mafalda o The Peanuts, repleta de un humor inteligente, cargado de referencias culturales y con una sabia reflexión sobre la infancia y lo que perdemos cuando dejamos de ser niños. Creo que no hace falta explicar nada más.

Persépolis: El primer cómic iraní de la historia que, obviamente, no ha sido publicado en Irán. Escrito por Marjane Satrapi, de esta obra me atrae la reflexión que la autora hace sobre ambos lados del cristal: la libre (y frívola) sociedad occidental y la tiranía asfixiante de los regímenes totalitarios y las falsas democracias que pueblan Oriente Medio.

Sin City Integral: Otra maravilla de Frank Miller o, como también se lo ha descrito, el cómic que más tinta china ha gastado en la historia. Una edición fantástica de una obra absolutamente imprescindible.

Adolf Edición Integral: Después de maravillarme con su dominio de la literatura histórica en El Árbol que da Sombra, me apetece leer esta aproximación del padre del manga (Osamu Tezuka) al nazismo y lo que supuso para el mundo.

The Ultimates (Ed. Marvel Deluxe): Con este sí que no me equivoco. Puede que el mejor cómic de superhéroes publicado en lo que va de siglo. La edición en grapa está bien, pero la obra maestra de Mark Millar y Brian Hitch merece ocupar un espacio en mi estantería con este fantástico volumen de Panini.

Soy una matagigantes: Este cómic indie norteamericano con apariencia de manga nos cuenta la historia de una chavala de 5º grado convencida de que su misión en la vida es matar gigantes. La premisa ya me atrae de por sí, pero si echáis un vistazo a los foros, sólo se dicen bondades de esta gamberrada escrita por Joe Kelly, al que elevan a los altares. Sé que dejarse llevar por lo que dicen los foreros y los blogueros es todo un riesgo :D , pero a mí me apetece.

Creo que es una lista bastante bien surtida. Si este año me he portado más o menos y sus majestades tienen a bien traerme lo que he pedido, ya veréis alguno de ellos por aquí reseñado. Feliz 2011.

Wiki Leaks…

Publicado 13/12/2010 por David
Categorías: Uncategorized

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Tenía que pasar…

Crossed (de Garth Ennis y Jacen Burrows)

Publicado 06/12/2010 por David
Categorías: Cómic USA, Reseñas

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Hace una semana compré en la Fnac Crossed, una novedad de la que no sabía absolutamente nada, así que me dejé llevar por el nombre del autor (Garth Ennis) y por el tamaño y el precio del tocho: más de 250 páginas por 15 euros, cinco euros más barato que el precio oficial de venta. Cuando abres un cómic de Ennis sin tener referencias previas ni conocer nada de la historia, sabes que no te vas a encontrar un cómic al uso, y que la propuesta del autor irlandés, cuando menos, será original. Pero los primeros capítulos de este volumen auto conclusivo parecen desmentir esa máxima: un grupo de personas que intenta sobrevivir juntos en un mundo post apocalíptico infestado de “cruzados” (Crossed). Una premisa que durante muchas páginas recuerda demasiado a The Walking Dead, la obra maestra de Robert Kirkman con la que, para colmo, no aguanta la comparación.

Pasas páginas y te das cuenta de que a Garth Ennis le hubiera encantado ser el autor de Los Muertos Vivientes, así que decide cambiar los zombis por sus “cruzados”, humanos mutados por una enfermedad de origen inexplicable que desinhibe cualquier cohibición social o mental, de modo que convierte a las personas en auténticos animales embrutecidos que sólo desean satisfacer sus instintos más básicos mientras se divierten causando daño y destrucción.

Personalmente, creo que el concepto de “cruzado”, esa excusa que se busca Ennis para intentar desmarcarse de la moda zombi (pero sin hacerlo), es, al mismo tiempo, lo mejor y más escalofriante de este cómic. El mundo se va a la mierda en cuestión de minutos, un estigma en forma de cruz aparece en el rostro de los “enfermos” y, a los pocos minutos, comienzan a sembrar el caos sin solución de continuidad. No hay razones, no hay explicaciones, se desconoce el origen de la mutación y a lo largo de la historia el autor coquetea con el concepto del castigo divino: desde la cruz que marca a la nueva estirpe hasta diversos comentarios entre los protagonistas deslizan el mensaje de que los cruzados son una plaga bíblica, el castigo por lo que le estamos haciendo al mundo y lo que nos estamos haciendo a nosotros mismos. ¿Es Crossed una gran alegoría? ¿El peor castigo de la humanidad es la propia humanidad? ¿Nuestra propia mezquindad deshinibida es lo que nos destruirá? ¿O todo esto son chorradas y lo que Garth Ennis quiere es una excusa para dar rienda suelta al gamberro provocador que lleva dentro?

Vaya por delante que Crossed es lo más bestia que he leído en una obra que no sea underground: imaginaos la peor versión de lo que puede llegar a ser una persona, y a continuación llenad páginas y páginas con legiones de estos seres campando a sus anchas. Violaciones en grupo, matanzas de lo más variopintas, torturas y asesinatos… vejaciones de todo tipo narradas y dibujadas de forma explícita y sin ninguna cortapisa moral, eso es lo que se va a encontrar el lector. Y cuando crees que ya has visto lo más bestia y que Ennis y Burrows no pueden ir más allá, consiguen dar otra vuelta de tuerca que te deja meneando la cabeza. Advertencia: No apto para lectores susceptibles (aunque sé que escribir esto es un gran reclamo).

Pero si despojamos a Crossed de su brutalidad explícita, que es con lo que muchos se quedarán, ¿nos queda un buen cómic? Durante los primeros capítulos pensaba que no, creía que esto era la nueva provocación de Garth Ennis, que siempre quiere llevar los límites de la industria USA un poco más allá; pero a medida que el cómic avanza y el apocalipsis pasa a un segundo plano, los personajes cobran protagonismo y se hacen consistentes, sus diferentes formas de afrontar este drama excepcional contrastan e incluso chocan, creando situaciones realmente interesantes. No es nada que no hayamos visto antes, incluso mejor plasmado, como ya he dicho antes, en The Walking Dead, cuya premisa es muy similar: cómo las personas se transforman cuando las situaciones se vuelven extremas, cómo nos deshumanizamos o, quizás, nos volvemos más humanos sin la máscara de lo cotidiano.

Por otra parte, el trabajo de Jacen Burrows es irregular. Sus ilustraciones sirven con eficacia a la visión apocalíptica descrita por Ennis, y da su mejor nivel en las portadas. Sin embargo, el conjunto global resulta plano y anodino, el trazo impersonal del entintado y la sensación de vacío que dan las viñetas, la falta de textura y de matices penalizan una historia que podría haber dado más de sí con un dibujante de más talento, de trazo más personal y elaborado.

Probablemente, si Robert Kirkman no hubiera publicado antes su propia visión del apocalipsis, Crossed sería un cómic más fácil de ponderar, pero resulta imposible quitarse de la cabeza la obra de Kirkman mientras se lee este volumen, y eso condiciona una lectura que, por lo demás, resulta entretenida y cautivadora, aunque sólo sea por que no deja indiferente a nadie. 7


Crossed
Garth Ennis & Jacen Burrows
Avatar Comics. Editado en España por Glénat, 256 páginas, color, 19,95 euros.

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Pluto (conclusión)

Publicado 30/11/2010 por David
Categorías: Manga, Reseñas

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Naoki Urasawa culmina su tributo a su reconocido maestro, Osamu Tezuka, con un cambio de registro. Y es que si la primera mitad de la colección era una novela policíaca protagonizada por el androide detective Gesicht, en estos volúmenes la narración se fragmenta entre varios actores, como es habitual en los mangas de este autor, y cobra especial relevancia la figura de Astroboy. ¿Es mejor la conclusión de Pluto que su planteamiento y nudo? Definitivamente, no. De hecho, Urasawa deja a un lado el género detectivesco que tan bien domina y opta por un desenlace épico con moraleja final que, personalmente, no me acaba de cuadrar.

Rememoremos un poco el argumento de este manga puiblicado aquí en ocho volúmenes, versión libre de la historia El mejor robot sobre la faz de la tierra, escrita por Osamu Tezuka para Astroboy en la década de los 60: los robots más famosos del planeta, auténticos portentos de la inteligencia artificial, comienzan a ser asesinados. Poco después, las víctimas comienzan a ser científicos claves en el desarrollo de la tecnología robótica, y en cada escena del crimen el asesino deja alguna señal formando algo similar a unas astas de toro.

Los primeros volúmenes se centraron en la investigación realizada por el detective Gesicht de la Interpol europea, uno de los androides más evolucionados jamás creados, hasta el punto de que pocos pueden distinguirlo de un humano. Sin embargo, en esta segunda parte de la trama Gesicht y la investigación ceden protagonismo a una serie de revelaciones que nos van dando las claves de estos asesinatos y de quién es el responsable.

No diría que se produce una debacle argumental, pero me parece un error, por ejemplo, que la trama avance a base de testimonios de personajes que revelan secretos que mantuvieron guardados desde el principio de la historia. Lo deseable hubiera sido que estas revelaciones se hubiera producido como consecuencia de las acciones de los protagonistas, de una sucesión de acontecimientos y descubrimientos. Nunca me gustaron las “grandes verdades” reveladas por personajes que “escondían lo que sabían”, me parece una resolución del relato bastante tramposa, y me sorprende por parte de un maestro del género como Urasawa. Aun así el manga mantiene su ritmo narrativo hasta el final, con esa capacidad de lectura compulsiva que caracteriza a este autor, y los personajes continúan manteniendo ese carisma que Urasawa sabe imprimir hasta al último de los secundarios.

Sin embargo, mi último reproche llega precisamente con el final de la historia, tan previsible que cumple punto por punto lo que todos esperábamos y los clichés de los que adolecen muchos mangas, incluidos la gran confrontación final y esa tendencia del cómic japonés a moralizar la conclusión de las historias. Como si contar un buen relato no fuera suficiente y todo debiera coronarse con una gran enseñanza universal. Habrá a quien le guste y a quien no, pero hubiera esperado de Naoki Urasawa un mayor ejercicio de originalidad. 6


Pluto
Naoki Urasawa (con la colaboración de Takashi Nagasaki)
Planeta de Agostini Comics

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No sólo de cómics vive el hombre

Publicado 28/11/2010 por David
Categorías: Uncategorized

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Ya os dije que últimamente me había dado por complicarme la vida acumulando proyectos, y hoy os presento otro más: mi colaboración con la revista especializada en videojuegos Generación Pixel. De alguna manera he engañado a estos chicos para que me dejen escribir en su web, y mi primera aportación es el artículo que os enlazo sobre la decreciente dificultad en los juegos modernos, que ellos han completado con un acompañamiento visual bastante chulo.

Espero que no se arrepientan y pueda contribuir con colaboraciones regulares. Desde aquí gracias y felicidades por una web genial producto de la pasión de unos cuantos aficionados.

Giant Magazine: cómics, cine, música, videojuegos y algo más

Publicado 16/11/2010 por David
Categorías: Uncategorized


El artículo sobre el 75 aniversario de DC que podéis leer más abajo es mi primera colaboración con Giant Magazine, una revista online que un equipo de periodistas ha decidido sacar adelante con esfuerzo, talento y, por qué no decirlo, un poco de apoyo. ¡Y con valentía! Porque con la que está cayendo hay que tener valor para embarcarse en una aventura de este tipo. ¿O, precisamente por eso, la única opción son aventuras de este tipo? No sé, no lo tengo claro aún.

El caso es que cuando eché un vistazo al nº 0 de Giant me quedé alucinado, en primer lugar, con su excelente diseño y maquetación, mejor que el de muchas revistas ya consolidadas, y en segundo lugar, con lo ambicioso de sus contenidos (“Videojuegos-Cine-Literatura-Series-Música” dice en su subtítulo), escritos además con buen estilo y conocimiento de causa. Y para colmo, ¡todo gratis! Sólo hay que entrar y leerlo.

Tanto me moló que me dije, “¿podría formar parte de esto de alguna manera?”. Dicho y hecho: me puse en contacto con Mninha (bloguera cañera y polifacética) y ella me puso al teléfono (léase “al email”) con la gente de Giant. Así que en las páginas 54  y 56 del número de noviembre tenéis mi primera colaboración con esta gente. ¡Pero no vayáis directamente a esas páginas! Hojead toda la revista, que seguro que os encanta.

Ya me contaréis.

75 años de la Distinguida Competencia

Publicado 13/11/2010 por David
Categorías: Cómic USA, DC Comics

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La Distinguida Competencia es el nombre con el que Stan Lee, en uno de sus habituales juegos de palabras, se refiere desde los años 60 a DC Comics. Y es que los artistas de “la Casa de las Ideas” tenían prohibido por entonces mencionar en las entrevistas y actos públicos el nombre de DC Comics, tal era la confrontación entre ambas editoriales neoyorquinas. Sin embargo, aunque ahora pueda parece lo contrario, ambas editoriales tienen mucho en común, hasta el punto de que DC abrió el caminó que posteriormente transitó la “Casa de las Ideas”.

DC Comics (al igual que la propia Marvel), es hija de su época y de su contexto social. La empresa es fundada en 1934 bajo el nombre de National Allied Publications, en una nación aún conmocionada por los horrores de la Primera Guerra Mundial y ahogada por la tremenda crisis económica que legó el Crack del 29. Era una época propicia para la literatura escapista y la cultura de evasión, para los héroes de ficción y la épica imposible, en definitiva, para un entretenimiento popular que ofreciera a su público los alicientes que no encontraban en una vida cotidiana con escasas perspectivas.

Esta subcultura popular recibió el nombre de pulp fiction, a raíz del nuevo soporte utilizado para su impresión: el papel de pulpa. Las nuevas técnicas de impresión y el papel de pulpa permitieron abaratar en gran medida los costes, de tal modo que las tiendas y supermercados del país se llenaron de estas revistas baratas, impresas en grandes tiradas y rellenadas con historias estereotipadas de aventuras y acción. Eran los años de El Llanero Solitario, de Robert E. Howard y su Conan el Bárbaro, de Flash Gordon, o Dick Tracy, de las historietas de gangsters y los romances dibujados por Jack Kirby. El campo de cultivo del que surgirían los cómics de superhérores, el primero de los cuales fue publicado por la propia DC: Superman.

Superman y la necesidad de publicar material original

La mayor parte de las revistas pulp publicadas en Estados Unidos durante la década de los 30 eran meras recopilaciones de las tiras cómicas y relatos serializados aparecidos en la prensa diaria. El fundador de National Allied Publication, Malcolm Wheeler-Nicholson, consideró que, si las revistas con material reeditado eran capaces de tener semejante éxito de público, una publicación con material original podría multiplicar las ventas. Bajo esta premisa, National Allied comenzó a publicar en 1937 Detective Comics, la revista que, algunos años después, daría el nombre definitivo a la editorial: DC.

Sin embargo, las primeras ventas de Detective Comics no fueron exactamente las esperadas, y debió ser una nueva cabecera y su personaje estrella la que lanzara definitivamente a la empresa. Nos referimos a Action Comics, que ya en su primer número presentaba en portada al que sería el principal distintivo de la editorial en todo el mundo: Superman.

El personaje, creado por Joe Shuster y Jerry Siegel, había pasado por todas las mesas de redacción de los periódicos neoyorquinos sin éxito alguno, ya que ningún editor creyó que aquel superhombre en leotardos fuera material apropiado para su tira dominical. Sin embargo, National Allied, desesperada por encontrar material exclusivo e inédito para su nueva revista de aventuras, compró las primeras tiras de Superman, que cogían polvo en un cajón de Mc Clure Syndicate, por 130 dólares. Por esta irrisoria cantidad se hicieron con el material que significaría la piedra de toque en torno a la que DC Comics construiría su imperio editorial.

Superman no sólo fue la locomotora que disparó las ventas de la colección y consolidó a la empresa que lo publicaba, sino que fue el personaje que inauguró el género superheroico que, a día de hoy, continúa siendo la auténtica seña de identidad del cómic norteamericano y principal fuente de ventas del sector en todo el mundo.

A Superman siguieron otros como Batman, Wonder Woman o Flash, publicados en su mayoría bajo las cabeceras Detective Comics y Action Comics. Poco a poco, este panteón de dioses modernos encumbró a DC, y pronto resultó evidente para la competencia que ese nuevo genotipo de héroes imposibles era lo que ansiaba el joven público que devoraba estas publicaciones. Quizás, la que mejor supo interpretarlo fue Marvel Comics, que en su momento depuró la fórmula a través del genio de Stan Lee. Pero nadie discutirá a DC el privilegio de crear un género que ha dominado la industria del tebeo durante décadas, además de aportar al imaginario colectivo iconos atemporales como Batman y Superman.

De DC Comics a DC Entertainment

En las décadas posteriores, el mercado norteamericano (y casi mundial) del cómic se polarizó en torno a las dos grandes editoriales neoyorquinas: DC Comics y Marvel, hasta el punto de que muchos lectores, más familiarizados con el universo particular de una de las editoriales, raramente se acercaba a la propuesta de la otra.

Ambas empresas hicieron un esfuerzo por fidelizar a su público, que en gran medida pasaba por interrelacionar todas sus colecciones generando un escenario común, un mosaico constituido por todos los personajes y cabeceras de cada editorial que se ha dado en llamar Universo DC (y Universo Marvel). Así, lo que sucedía en el número de octubre de la Liga de La Justicia tenía su repercusión en septiembre en las colecciones de Aquaman y Wonder Woman.

La estrategia fue común a todo el sector editorial del cómic de superhéroes, hasta que alguien se percató de que tan intrincado tinglado era una auténtica rémora creativa y un obstáculo a la hora de que nuevos lectores se incorporaran a las colecciones, ya que abrir un número al azar de cualquier colección e intentar hacerse una composición de lugar era una tarea imposible.

Ante el evidente riesgo de estancamiento del sector, limitado a un público adolescente muy definido que solía abandonar la lectura de cómics al entrar en la veintena, DC Comics intentó abrirse a un mercado mayor mediante una serie de decisiones empresariales y editoriales.

En primer lugar, se aprovechó al buque insignia de la editorial, Superman, y la pertenencia de la editorial al conglomerado mediático Warner, para lanzar la primera superproducción basada en un cómic: Superman, dirigida por Richard Donner y estrenada en 1978, supuso un auténtico taquillazo y un impulso a las ventas de la editorial, que dejó atrás a la competencia, principalmente a Marvel, que carecía de un socio cinematográfico que pudiera poner en valor a sus personajes de ese modo.

En segundo lugar, DC Comics tomó la difícil decisión de reiniciar su universo a través de la macro saga Crisis en Tierras Infinitas (publicada en 1985). Una maniobra editorial arriesgada, pues la puesta a 0 del cuentakilómetros, el hacer tábula rasa con personajes que tenían décadas de historia a sus espaldas, enfurecería a más de un fan; pero también permitiría borrar algunos lastres argumentales, dar mayor coherencia al Universo DC y, sobre todo, atraer a un nuevo público sin la exigencia de conocer todo lo que había antes.

El tercer paso dado por DC hacia su madurez y expansión fue la creación, a principio de los 90, de una serie de sellos editoriales para adultos, el más reconocido y prestigioso de los cuales ha resultado ser Vertigo. Alimentado por una espectacular hornada de autores británicos (Alan Moore, Neil Gaiman, Grant Morrison, Garth Ennis, etc.) Vertigo ha publicado (y sigue publicando) obras maestras como Sandman, V de Vendetta, Hellblazer, Predicador o Fábulas, expandiendo su oferta literaria de una manera mucho más hábil y exitosa que la eterna competencia.

La constante evolución y transformación de DC Comics ha tenido su último paso con su conversión, en septiembre de 2009, en DC Entertainment, empresa de entretenimiento global que explotará las franquicias de la editorial en todos los frentes: cine, videojuegos, televisión e incluso parques temáticos. A nadie se le escapa que DC Entertainment es la reacción de la editorial y el grupo mediático al que pertenece (Time Warner AOL) a la creación de Marvel Production, la productora cinematográfica de Marvel.

Nos encontramos, por tanto, con una DC que entra en el siglo XXI de la mano de sus viejos personajes que, décadas después, se han convertidos en iconos globales capaces de alimentar a toda una multinacional del entretenimiento.

Destilando la esencia de 75 años de cómics

Ponerse de acuerdo sobre los mejores cómics de la historia de DC es una misión bastante difícil, así que me he limitado a señalar los que, probablemente, han tenido un mayor impacto en el resto del sector (a corto o largo plazo). Sé que me dejo fuera Arkham Asylum, Animal Man, La Cosa del Pantanto… y si contamos los sellos editoriales de DC (como Wildstorm o Vertigo) la lista se alarga hasta Sandman, The Authority y otras maravillas. Pero si sólo pudierais elegir cinco…

Watchmen. El británico Alan Moore revisa con este cómic el género súperheroico mostrándolo desde un enfoque nunca visto: desprende a los héroes de su magnificencia y carácter mitológico y los humaniza al extremo, mostrándonos las miserias y desequilibrios que se esconden debajo de las máscaras. Watchmen es una obra brillante e inspirada, con personajes que se mueven entre claroscuros que escapan a cualquier cliché y que, para colmo, realiza un acertado análisis social de la paranoica sociedad americana durante la guerra fría. ¿Qué más se puede pedir a un clásico?

Batman: el Regreso del Caballero Oscuro. El por entonces enfant terrible del cómic USA, Frank Millar, forjó gran parte de su prestigio a través de esta miniserie (reeditada cientos de veces como novela gráfica) en la que narraba el retorno de Batman a la acción después de permanecer retirado durante años. Una historia cruda, de una dureza inusitada en un cómic de DC, mostró una visión completamente nueva del personaje que abrió los ojos a un gran número de lectores y a la propia editorial, demostrando la capacidad de reinventarse de un personaje que parecía estar en decadencia. Una obra ineludible para comprender la historia del cómic USA.

Crisis en Tierras Infinitas. En 1985 DC decidió resetear su universo superheroico con un doble objetivo: primero, reactivar unas colecciones y personajes lastrados por los condicionantes narrativos que habían acumulado a lo largo de décadas de publicación; segundo, atraer a una nueva generación de lectores, que podían ver en esta tábula rasa su oportunidad de entrar en el vasto universo DC. Escrita por Marv Wolfman y magistralmente dibujada por George Perez, Crisis en Tierras Infinitas tuvo la difícil misión de simplificar cinco décadas de historia DC. La misión se completó con éxito, dando como resultado, además, una genial obra épica que aprovechaba todas las posibilidades del universo DC y que sentaba las bases del actual status quo de este universo superheroico.

Batman: Año I. Después de su primera aproximación al personaje con Dark Knight Returns, Frank Miller concluyó su reinterpretación de Batman con este cómic. DC encargó al autor rescribir el origen de uno de sus principales símbolos, pero Miller no se limitó a relatar de nuevo el nacimiento del Señor de la Noche, sino que reinterpretó por completo al personaje, dotándolo del dramatismo y la sobriedad que, posteriormente, hicieron suyos el resto de autores que han abordado el personaje, incluyendo el director Chris Nolan. Año I es una excelente historia policíaca de género noir protagonizada por dos hombres dispuestos a marcar la diferencia en la decadente Gotham City: por un lado, el teniente de policía James Gordon, por otro, el multimillonario Bruce Wayne, que retorna a la ciudad tras una misteriosa ausencia de varios años. Una obra genial con una de las mejores construcciones de personajes vista en cómic alguno.

Superman: El Hombre de Acero. Al igual que hizo con Frank Miller y Batman, DC encomendó al escritor y dibujante John Byrne la revisión del otro gran símbolo de la editorial. Para ello contaría con una nueva colección: Superman: El Hombre de Acero, que supondría un nuevo comienzo para el último hijo de Kriptón. El autor canadiense supo despojar al personaje de sus aspectos más absurdos y ridículos (como Kripto, el súper perro), y creó un Superman menos poderoso y más humanizado, apoyando gran parte de la narración en sus debilidades humanas y su vida cotidiana. El resultado fue la que, probablemente, es la mejor interpretación de este mito jamás escrita.

Safe Creative #1011167862416

NOTA: Este artículo se publicó originalmente en el nº1 de Giant Magazine como mi primera colaboración con esta revista online. ¡No dejéis de echarle un vistazo porque la gente de Giant está haciendo un trabajo excelente!


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